Lo que acaba de suceder dentro del ámbito de los reconocimientos a la ciencia, la literatura o la paz no tiene precedentes. Hasta ahora, el relativo prestigio que aun representaban los Premios Nobel se acaba de desvanecer, al romperse cualquier noción ética o estatuto legal en cuanto a este hecho revelando, además, una serie de incongruencias en lo referente a la credibilidad que pudiera tener tal galardón en las mencionadas áreas, destacándose a través del tiempo desde principios del siglo veinte en los renglones de Literatura y Paz.
Con sus altos y bajos, el premio había mantenido un cierto equilibrio, aun cuando hayan sido muy criticadas numerosas concesiones del mismo a figuras poco convincentes en la ciencia y el arte literario, al comprobarse la escasa repercusión que han obtenido determinadas obras en tiempos posteriores, así como la concesión del Nobel de la Paz a figuras tan poco calificadas éticamente como Henry Kissinger, Barack Obama o Juan Manuel Santos, para nombrar solo a algunas; en el campo literario, donde la lista es extensa y polémica, confieso que en sus últimas concesiones no haber tenido tiempo suficiente para entregarme a una lectura detenida de los escritores premiados en los años recientes (Jon Fosse, Han Kang, Annie Hernaux, Gurnah, Krasnahortai, etc) poniendo mayor atención en escritores contemporáneos destacados por su sencillez humana y obras consistentes como pudieran ser los casos del estadounidense Paul Auster, el español Javier Marías o el francés Michel Houllebecq, quienes a mi criterio han merecido ganarlo, como también en su momento histórico, escritores latinoamericanos de la talla de Rómulo Gallegos, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Jorge Amado, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes o Joao Guimaraes Rosa, bien pudieron merecerlo.
Todos los años se produce gran expectativa en torno a este premio en las menciones de Literatura y Paz. Pero lo ocurrido recientemente en lo correspondiente a Paz no tiene precedentes, ni creo que en adelante lo tendrá si nos atuviéramos a hechos constatables, luego de que el galardón ha venido convirtiéndose en una especie de presea política otorgable a dirigentes ideológicos del momento, en un galardón manipulado de acuerdo a determinados intereses o de la burocracia mundial occidental, al proclamar a algunos de sus ganadores como adalides de la paz, cuando en verdad han sido de la guerra, y que en el caso reciente ha recaído sobre una persona que no ha hecho sino propiciar una intervención militar en su propio país, tal ha sido la venezolana María Corina Machado, quien poco después de recibirlo de manos de un representante de la Academia Sueca y de haber sido derrotada en su propio país como lideresa opositora,intentando por cualquier medio hacerse del poder.
Al no lograr conquistar un espacio político por sí sola, y de utilizar a otra persona para presentarla como posible candidato a presidente, estando ella inhabilitada para gobernar, justamente debido a su personalidad impulsivo-obsesiva, busca a alguien más para manipularlo (al señor González Urrutia en este caso), entonces la señora Machado –después de fracasar por otros medios para hacerse del poder, se ha dirigido personalmente en esta ocasión a La Casa Blanca en Washington para obsequiar el premio al presidente Trump entrando por la puerta de servicios de dicha casa, poniendo así en ridículo y descalificando a la propia Academia Sueca, la cual ya se ha pronunciado advirtiéndole a ella que el premio no es transferible; al mismo tiempo Trump, al recibirlo de manos de ella y siguiendo su juego, está haciéndose parte de tal anomalía.
En todo caso, el premio ya ha sido devaluado en manos de estos señores, quienes a su vez podrían donarlo también a quienes le convengan en otra oportunidad. Esto quiere decir que el galardón ha descendido ya a un punto ínfimo de prestigio, por lo cual sus patrocinantes, de ahora en adelante,deberán ser muy cuidadosos en el momento de concederlo.
Todo esto ocurre una vez Trump ya ha perpetrado hace poco el secuestro militar del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, suceso que comporta un capítulo extremadamente grave en el ámbito del Derecho Internacional y de los Principios de Naciones Unidas, sentando un precedente negativo para la seguridad de nuestros países.
Además, Trump ya ha declarado varias veces que Machado no reúne ahora mismo las condiciones suficientes para ocupar la presidencia de Venezuela, objetivo final de dicha señora en este caso. También ha recalcado el presidente norteamericano que él sería el verdadero merecedor de este premio (motivo por el cual se hizo entregar un premio de la paz alternativo, creado por el mismo) y entonces la señora Machado no vaciló en cedérselo, a cambio de que dirija con ella los destinos de la nación venezolana y así poder compartir con él su principal recurso: el petróleo.
Esta absurda situación atenta gravemente contra cualquier derecho adquirido en nuestro país y contra nuestro sentido de convivencia, presentándose como una de las acciones más serviles y humillantes de una persona frente al poder circunstancial de otra, en un escenario donde un presidente como Trump ha sido rechazado ya por numerosos sectores de la sociedad estadounidense, los cuales han llevado a cabo marchas multitudinarias en las calles, replicadas también en otros países dispuestos a reaccionar frente a tantos atropellos.
Desde ahora – y sea cual fuere el destino o resultado político de esta grotesca acción entre estos dos personajes- el mensaje final del mismo implica un acto de completa sumisión por parte de una persona reconocida por un premio importante,que se vuelve de inmediato contra si misma y contra la credibilidad del propio galardón, ubicando en el terreno del ridículo a las personas protagonistas, marcando un antes y un después dentro de la historia del Premio Nobel.