El proteccionismo, a través de políticas como aranceles y restricciones comerciales, busca estimular la producción nacional y salvaguardar las industrias locales de la competencia extranjera y pueden generar capital a corto plazo al fomentar la producción nacional y proteger industrias locales. Estas medidas pueden generar ingresos adicionales para el Estado y fortalecer sectores estratégicos, creando empleos y dinamizando la economía interna.
Sin embargo, en el largo plazo, el proteccionismo puede tener consecuencias adversas. Al restringir el acceso a mercados internacionales, se limita el potencial de crecimiento económico mediante exportaciones. Además, las represalias comerciales de otros países pueden desencadenar guerras comerciales, perjudicando el comercio global. Esto podría resultar en mayores costos para los consumidores y menor competitividad para las empresas locales, dificultando su adaptación en un entorno económico globalizado y competitivo.
La globalización permitió a las empresas estadounidenses expandirse internacionalmente, acceder a nuevos mercados y beneficiarse del intercambio de tecnología y conocimiento. Esto puede generar más capital a largo plazo, pero también lleva a la deslocalización de empleos y aumentar la desigualdad económica. Esta fue una estrategia pensada en beneficiar el crecimiento, la explotación de la clase trabajadora en varios mercados e incrementar el capital, de las empresas de los Estados Unidos en primer lugar y luego en la del resto de los países imperialistas, en la cual se coló China.
De esta manera la globalización ofrecía a las empresas estadounidenses la oportunidad de expandirse a mercados internacionales, facilitando el acceso a nuevos consumidores y diversificando sus fuentes de ingresos. Esto también permite el intercambio de tecnología, conocimiento y mejores prácticas, lo que impulsa la innovación y la productividad. A largo plazo, estas dinámicas pueden generar un flujo constante de capital, fortaleciendo la economía y aumentando la competitividad empresarial. Sin embargo, la globalización también presenta desafíos significativos. La deslocalización de empleos hacia países con menores costos laborales puede afectar a las comunidades locales, generando desempleo y precarización laboral en ciertas áreas. Además, la globalización puede exacerbar la desigualdad económica, ya que las ganancias tienden a concentrarse en manos de grandes corporaciones y sectores privilegiados, dejando a las pequeñas empresas y a los trabajadores más vulnerables ante los cambios estructurales.
Marx y Engels, primero y después Lenin, pensaban en la revolución, en la libertad de la clase trabajadora y de los países de toda opresión de clase, de los religiosos velados opresores, de la cultura, y en el socialismo como el instrumento para lograrlo.
Por ello veían tanto el libre comercio como el proteccionismo desde una perspectiva crítica. En su discurso sobre el libre comercio, señalaban que el comercio global beneficiaba principalmente al capital, intensificando la explotación de los trabajadores.
Según Marx y Engels, la globalización podría generar capital para Estados Unidos, pero a costa de aumentar las desigualdades sociales y económicas. Para él, el problema no era elegir entre protección o globalización, sino transformar el sistema económico subyacente.
Y aunque la globalización tiende a generar más capital a largo plazo debido a su capacidad para expandir mercados y fomentar la innovación, mientras que el proteccionismo puede ofrecer beneficios inmediatos pero con riesgos a largo plazo, todo ello es a costa de los trabajadores que no verán mejorada su situación, sino que los beneficios directos serán para los empresarios, aristócratas y ricachones.
Para el marxismo estas crisis no son anomalías, sino parte esencial del desarrollo capitalista que contiene dentro de sí elementos que inevitablemente llevan a su crisis y a su destrucción. Cada crisis, como este actual enfrentamiento "consigo mismo," sería un momento en el que el sistema está preparado para transformarse o incluso colapsar.
Estas contradicciones son una oportunidad para que los trabajadores y las clases explotadas tomen conciencia de la naturaleza del sistema, se organicen y busquen construir una alternativa, donde los empresarios y ejecutivos sean remplazados en la dirección de las empresas por una dirección colectiva eficiente y entonces los trabajadores puedan recibir una remuneración más allá de un salario de subsistencia, que por muchos aumentos que se otorguen los mantiene siempre en la pobreza y la escasez. Los que solo piden aumento de salarios para los trabajadores realmente luchan por la estabilidad de la explotación capitalista.
En esencia el marxismo ve en este conflicto una señal de la decadencia del capitalismo y el preludio a su superación dialéctica.