Una sociedad enferma

Cuando me enteré de la matanza en la universidad de Virginia y no se sabía quien había sido el autor, le comenté a amigos y familiares que seguro en esa nación estaban ansiosos de encontrar a un negro, un latino (o hispano, como nos llaman allá) a un inmigrante ruso o a un asiático y si era de Vietnam mejor. Para desgracia de la profecía la pegué con lo del asiático, pero no con la nacionalidad.

En los Estados Unidos, tanto las instituciones gubernamentales, como las empresas privadas, sobre todo los medios de comunicación (o de manipulación) de masas se pretende de manera persistente, individualizar la masacre en la universidad de Virginia, achacando toda la responsabilidad al surcoreano que, según lo que se ha publicado en los medios es el autor material de la muerte de decenas de personas y decenas de heridos. Se le coloca como un individuo problematizado, huraño, casi un ermitaño, resentido por cuanto se burlaban de él, la novia lo había dejado, era un inmigrante asiático, es decir, las características perfectas del demente que se ve en las películas generando masacres con un arma, o planificando y ejecutando muertes malévolas propias de los criminales múltiples como los que vemos en películas tipo “El silencio de los inocentes”, “Copycat” o “el coleccionista de huesos”.

De esta manera, los norteamericanos descargan en una individualidad lo que en esencia, en realidad, es la manifestación concreta de una sociedad enferma, que tiene dentro de sí el germen de su propia destrucción, pero que intenta que no se vea o se conozca por parte de los miembros de la sociedad, encubriéndolo, escondiéndolo. Es una sociedad profundamente individualista donde se persigue y/o se coloca como ejemplo, el éxito individual, el famoso “american dream” o sueño americano donde un afrodescendiente como Michael Jackson o Michael Jordan, un italo-americano como Silvester Stallone, un austríaco de músculos inflados como Swharzesneger, un venezolano como Oswaldo (“Ozzie”) Guillén, un japonés como uno de los que triunfan en las Grandes Ligas, o un inmigrante latino como el Secretario de Justicia Sánchez pueden levantarse por encima de todos los obstáculos y ser exitosos, mientras otros millones de inmigrantes deben hacer cualquier cosa para sobrevivir de la manera que sea, prostituyéndose, delinquiendo o deshumanizándose en el estercolero de esa sociedad cada vez mas putrefacta.

Si no es así entonces reflexionemos donde está la industria mas grande de pornografía del mundo? Baste ver de donde vienen las películas pornográficas que pululan en las ventas de DVD o VCD en nuestras calles en manos de buhoneros que se las venden a cualquiera, desde niños hasta adultos. Baste ver las páginas de la INTERNET donde se ven fotografías y videos desde el mas elevado erotismo hasta las perversiones y/o disfunciones sexuales mas aberrantes de las que se tenga información como la zoofilia (sexo con animales), la coprofilia (sexo con excrementos humanos), la pedofilia (sexo con menores de edad), el homosexualismo, trasvestismo, lesbianismo. Todo ello llevado a niveles paroxísticos que no tienen nada que ver con educación sexual ni con la sensualidad propia de los seres humanos.

Por otra parte, la búsqueda de la fama fácil, rápida, sin importar que se haga. Esto se aprecia en los denominados “reality shows” donde los participantes son sometidos a las mas variadas, crueles y humillantes situaciones del vale todo para ganar. O hacer cualquier estupidez de manera reiterativa para aparecer en el libro de récords Guinnes como el hombre que se comió mas perros calientes en un minuto, el que generó mas excrementos en una sola sentada o el que colocó mas vasos uno encima del otro sin que se le rompiera ninguno y miles de banalidades más, como si ellas tuvieran alguna trascendencia para la humanidad

Otro elemento importante en la sociedad contemporánea norteamericana, (pero que también nos está salpicando a nosotros) son los juegos de videos o los centros de navegación donde se logran puntos y victorias a costa de matar, cortar miembros de cuerpos humanos, arrollar personas, golpear inmisericordemente a un enemigo, hacerle saltar la sangre a borbotones, mientras la adrenalina fluye y la adicción al videojuego se incrementa generando niveles de insensibilidad al dolor o la muerte ajena. A propósito de esto, tengo en mis manos un recorte del diario “EL MUNDO”, de fecha 15 de septiembre de 2006, el cual en su página 37, recoge una información acerca del asesino de Montreal, quien causó la muerte, el día anterior de 1 mujer y heridas 19 personas. Este individuo se hacía llamra “El angel de la muerte” tenía una página web donde posaba con diversas armas: pistolas, cuchillos, rifles y donde escribía que la vida es como un videojuego , en algún momento hay que morir, así como que la mayoría de las personas carecía de valor para vivir. Una de sus ocupaciones favoritas era el violeno video juego “Super Columbine Massacre”, el cual hacer referencia a la otra matanza en abril de 1999 en la escuela secundaria Columbine en Colorado, donde mataron a tiros a 12 estudiante e hirieron a 24. Recomiendo ver la película de Michael Moore “Bowling for Columbine”, donde se refleja la cruda realidad de la sociedad norteamericana, en una faceta que desnuda el “american way of life” o modo de vida americano.

Y a todo ello se le agrega el hecho de que en una sociedad como esa, capitalista, imperialista, generadora de violencia y de insanía mental y social, las armas se venden libremente, pudiendo cualquier persona mayor de dieciocho años, adquirir en una armería, con sólo presentar una tarjeta de crédito, una pistola automática, un rifle de repetición, una bazooka o el arma que se nos pretende hacer ver que puede defendernos de un ataque de otro demente generado por la misma nación. Así que no es éste un problema individual de un desquiciado mental como siempre se pretende hacer ver desde los espacios comunicacionales, para que todo siga igual y que la industria del entretenimiento, del “entertaiment”, se mantenga generando ganancias a sus propietarios a costa de la muerte de los demás.

cecilperez@ucla.edu.ve


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Cécil Gerardo Pérez


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