Hubo una vez un pueblo y un presidente…

" Nuestro comandante Chávez durante la heroica campaña electoral del año 2012. Sin duda que nos estaba entregando, como pueblo, el testigo de la Revolución Bolivariana y expresando su confianza en los valores que había sembrado en la conciencia de la inmensa mayoría de los venezolanos y venezolanas" .

El Comandante Supremo Hugo Chávez pronunció por última vez un discurso al país, el cual dejó una huella imborrable en el corazón de todos los y las patriotas por aquellas palabras conmovedoras que expresaban su grandeza, su condición de Revolucionario, estadista y humanista.

Desde allí orientó cual profeta y político a todo el pueblo venezolano, en un momento tan difícil para toda la Patria: "mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón". ", Orientación que el pueblo cumplió con lealtad.

La contemplación de su legado político se erige como un llamado a la reflexión y debate acerca de la dirección que Venezuela, América Latina y el panorama global están tomando.

Desde que asumió la presidencia, Chávez defendió la idea de un "mundo multipolar" como una alternativa al dominio unipolar liderado por Estados Unidos. En su visión, esta nueva configuración global implicaría la formación de bloques regionales en el Sur, unidos por intereses comunes y con capacidad para influir en los asuntos políticos y económicos a nivel mundial.

Afirmar que este enfoque fue su objetivo primordial desde el inicio no resulta una exageración. El politólogo y analista internacional Omar Hassan Fariñas señala un antecedente previo al mandato de Chávez en el que ya se vislumbraba esta postura.

"El 12 de agosto de 1998, en una conferencia en el Palacio de las Academias de la ciudad de Caracas, el entonces candidato presidencial del llamado ‘Polo Patriótico’, Hugo Chávez Frías, proclamó lo siguiente: ‘El mundo del Siglo XXI que ya se vislumbra en el horizonte, no será bipolar, ni unipolar, gracias a Dios, será multipolar’".

En ese momento, Estados Unidos presionaba para una guerra en Kosovo y se preparaba para invadir Irak en 2003. La nueva política exterior del neoconservador Paul Wolfowitz hacia Bagdad eliminaba la estrategia de contención a favor de golpear primero para eliminar amenazas. En diciembre de 1998, Bill Clinton ordenó ataques aéreos contra Irak en la conocida "Operación Zorro del Desierto" dejando centenares de muertos a su paso sin que la comunidad internacional pudiera hacer algo.

Era la época en la que Washington ejercía su poder de manera desmedida y sin límites, actuando con total impunidad fuera de sus fronteras, mientras que el resto del mundo se mantenía al margen, sin ofrecer una resistencia efectiva ante las agresiones estadounidenses. Hassan señala entonces que la predicción de Chávez no se refería al mundo unipolar de la época, dominado por Estados Unidos, sino a un nuevo orden mundial que se ha materializado en el presente.

"El líder sudamericano no se refería a su propio mundo, ese que parecía "unipolar", donde los enemigos más poderosos del gobierno estadounidense eran los adversarios republicanos del presidente en el Congreso, y sus imprudentes acciones con una becaria de la Casa Blanca. Más bien, se refería a un mundo que había estado surgiendo desde entonces, un mundo que aún estaba por nacer, que podía sentir pero que aún no había llegado".

La integración de América Latina, como un proyecto de unidad y cooperación solidaria entre sus naciones, también fue otro de los pilares fundamentales en la agenda política de Chávez. Trabajó incansablemente para consolidar esta visión, en línea con su perspectiva de un mundo multipolar.

Durante su mandato, se observó un impulso significativo hacia la consolidación de acuerdos de cooperación y programas que buscaban fortalecer los lazos entre los países de la región. Esta visión integracionista no solo apuntaba a potenciar el desarrollo económico y social de la región, sino también a promover una mayor autonomía frente a las potencias extranjeras.

A través de acuerdos como el ALBA y la creación de iniciativas como Petrocaribe, el país buscó fortalecer a las naciones más débiles de América Latina y el Caribe. También se promovió activamente el fortalecimiento de organizaciones regionales como la UNASUR, la CARICOM y la CELAC. La participación activa de Venezuela en estos espacios contribuyó a establecer su posición como un actor clave en la construcción de un bloque regional sólido y autónomo.

La consolidación de un nuevo orden multipolar a través de alianzas estratégicas con naciones de Eurasia, Asia Occidental, Sudeste Asiático y África, así como la promoción de la integración regional en América Latina y el Caribe, son aspectos prioritarios en la agenda del gobierno del presidente Nicolás Maduro, en concordancia con lo visualizado por el comandante Chávez, enfoques a los que no ha dejado de apostar incluso encontrándose en un intenso escenario de asedio político y económico sin precedentes hacia Venezuela.

Es evidente que se ha logrado un avance más notable en la construcción de alianzas internacionales con las regiones mencionadas que en el fortalecimiento de la unidad latinoamericana y caribeña. Esto se debe, en gran medida, a las complejidades y divergencias internas presentes en los países de la propia región, que dificultan la plena sincronización en torno a la idea de la integración, sin que esto implique el abandono de ese espacio de tarea.

La perspectiva que ofrece la distancia nos permite apreciar con mayor claridad las grandes cosas. Tras once años de su partida física, las huellas dejadas por Chávez se ven más nítidas y significativas, recordándonos su importancia en el escenario político regional y global.



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Antonio J. Rodríguez L.


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