Episodios nacionales de "hora cero", sazonada con marihuana y cocaína…

Entre imbéciles e insensatos no

hay manera de demostrar que se tiene la razón.

Schonpenhauer

  1. ¿Y, caramba, QUÉ SERÁ de Freddy Guevara? O mejor dicho, Güevara. Quizás sea sólo yo quien se acuerde de este inmemorable sinvergüenza. Aquél quien hizo un llamado para un pavoroso trancazo en todo el país para el lunes 24 de julio de 2017. Al que saliera a la calle se le amenazaba con caerle a palos. Aquel 24 de julio, cuando apenas nos encontrábamos a menos de una semana para las elecciones de la Constituyente. Güevara, crecido en su desesperación exigía un Madre Trancón, severo y ejemplarizante, que de una vez por todas, pusiera al país como el palacio de Satanás. Era un simple aviso de aquel marihuanero para los que se atrevieran a salir de sus casas los días previos al 30 de julio y el propio día de las elecciones. Por su parte, el diputado Juan Requesens solicitaba que se atacase sin contemplaciones ni ambigüedades a todo aquel que tuviese algún parecido con los chavistas.

  2. En esos días de finales de julio de 2017, ENSARTAOS detectó un mensaje del alcalde de Mérida, Carlos García, dirigido a Freddy Guevara en el que éste decía: "Me congratulo Freddy, por los efectos muy loables que producirá el TRANCAZO que está anunciando, y que sin duda alguna en nuestra ciudad de Mérida provocará quemas y desolación total. Las quemas aquí han provocado mucho pánico entre los enemigos de la democracia y de la libertad, al tiempo que han elevado la moral de nuestros guerreros, algunos de ellos apoyados por nuestros hermanos colombianos. Ayer hicimos un contundente llamado a los comerciantes y les dijimos que si no cerraban el jueves 27, no nos responsabilizábamos en absoluto por lo que les pudiera ocurrir. De hecho, están con nosotros por la solidaridad franca y directa que nos han expresado, y estamos comenzando a recibir apoyo financiero por parte de ellos para montar varias barricadas. Estoy seguro que ese TRANCÓN será todo un éxito…".

  3. Casi todos los grandes comercios en Mérida estaban totalmente embanderados con el obispo Baltazar Porras y el rector de la ULA, Mario Bounucci, con Gaby Arellano, con El Cachaco y con Vilca Fernández, los insignes jeques de los guarimberos de esta zona andina. El día de la Hora Cero de Güevara, amaneció lluvioso y parec{ia que los guarimberos se habían levantado algo desganados. Si los malandros conseguían suficiente marihuana y cocaína para elevarle la "moral" a sus huestes, a lo mejor lograban paralizar toda la actividad a lo largo de las avenidas Los Próceres y Las Américas, pudiendo extender el terror hasta Centenario, en Ejido.

  4. Ese día de la fulana Hora Cero, mi esposa y yo decidimos salir a la calle, para no dar la sensación de que para nada nos estábamos uniendo al mandato Freddy Guevara. A las 9 de la mañana de ese día, pues, ya nos encontrábamos en la calle. Cogimos hacia El Enlace, con dirección al centro comercial Milenio. Todo estaba fantasmagóricamente apagado. Al principio nos agarró una moja-pendejo, e iba yo ataviado con un cursi impermeable amarillo, y mi mujer con un minúsculo paraguas negro. En todo el trayecto, de unos setecientos metros, apenas si nos topamos con cuatro sepultureros del cementerio de La Parroquia. Cerca del CC Milenio vimos a una señora mayor y gorda, echando los bofes para vencer la cuesta y llevando en brazos a un perrito puddel, asustada porque podían quemárselo. Entramos al CC Milenio y todo estaba cerrado excepto el Banco de Venezuela. Había un pelotón del pelabolas cobrando su pensión, lo que presuponía en parte que se le estaba mojando la pólvora a la fulana "hora cero" de Güevara.

  5. Salimos a la Avenida Andrés Bello y otra vez nos encontramos con el sopetón de la soledad más íngrima y penosa. Comenzamos a caminar hacia una de las estaciones del trolebús y vimos allí, ¡milagro!, a un grupo de airosos malandros esperando el trole para cumplir con sus desmanes. Sin pararles mucho nos mezclamos con ellos que, cosa curiosa también, nos vieron como de su bando. Luego nos separamos porque ellos iban hacia Ejido y se embarcaron en dos buses del trole. La soledad de la avenida Urdaneta era como un coñazo que nos abofeteaba. La soledad y a la vez la sacudida moral con la consabida punzante impotencia. Es que uno pareciera que no está peleando contra nadie, y que va por allí como una veleta, sin un arma para contrarrestar a la canalla opositora… Decidimos seguir a pie. Echándole bolas a patas. Qué más.

  6. Comenzamos a sudar la gota gorda porque le íbamos exigiendo al cuerpo un gran esfuerzo. No encontraba qué carajo hacer con el fulano impermeable amarillo, y mi mujer que es una artista para resolver cualquier inconveniente se lo encasquetó en su bolso. Menos mal. Iba cabizbajo, observando mis pasos, porque no quería volverme a torcer el tobillo derecho que de hecho ya lo llevaba jodido. Al alzar la mirada, al frente, estaba la inmensa cinta gris, apagada, de la larga avenida totalmente pelada, sin un carro. En el camino nos emparejamos a unos jóvenes, dándonos cuenta de que aún seguíamos en forma, aunque resollando por el güergüero: "-Qué tal, aquí vamos. Ya nos queda poco, aunque no sepamos lo que nos espera…", y nos hicimos amigos pronto, y verga, caigo en la cuenta de que uno de ellos se trata de un viejo vendedor de Seguros de Vida, de nombre Richard. Recuerdo que Richard estaba con el proceso, era de los nuestros, ahora uno no sabía si había saltado...

  7. Apresurando el paso y conversando, íbamos recordando viejos tiempos y amigos comunes, sin dejar de considerar que cualquier coño sicario podría pasar y echarnos unos tiros. La sed nos llevaba cogidos por el cuello. Richard y su compañera no nos daban la talla y se fueron quedando rezagados. Seguimos metiéndole pulmón y piernas a la caminata, hasta que llegamos al centro comercial Las Tapias y, coño, qué maldición vemos que está cerrado, y que allí hay un Banco de Venezuela y un Banco Mercantil, pero también cerrados y ningún lugar dónde comprar una botellita de agua. No entendemos cómo es posible que nuestro gobierno sea tan permisivo que ese centro comercial cierre impidiéndoles a tantos ancianos, que con grandes sacrificios han llegado hasta allí, a cobrar su pensión y lo encuentre cerrado. Al cansancio se nos incorpora la arrechera. Estamos empapados por el sudor y todavía una llovizna "moja pendejo".

  8. Más adelante nos encontramos un Farmatodo abierto y nos detuvimos a comprar un jugo y una botellita de agua. Miramos hacia atrás y vimos a Richard y a su compañera, por allá lejos, bien diminutos. Ya hemos andado unos doce kilómetros. Qué sabe uno. Seguimos echándole piernas, hasta que logramos llegar a la Bomba de El Llano, que por cierto estaba cerrada. Y sin dejar de arreciar el paso cogimos por la avenida Urdaneta. María Eugenia me dice que hagamos una parada en casa de sus padres, para descansar un ratito. Nos encontramos en Pie del Llano, un punto que los opositores han escogido para montar sus metrallas más asesinas. Al lado del colegio La Salle, centro de los señoritos enfurecidamente opositores, donde paramilitares, la semana pasada, asesinaron a dos policías y dos guardias nacionales. En la conexión con el Viaducto Sucre encontramos las fulanas "barricadas" cerrándole el paso a los vehículos. A unos trescientos metros, cruzando el viaducto Sucre, se encuentra el punto de la Croacia y enfrente el automercado El Garzón, siempre controlado por sicarios y francotiradores paramilitares colombianos. En Pie de El Llano, nos enteramos que un grupo de encapuchados irrumpieron en El Garzón, y bajo amenazas de quemarlos, desalojaron a todos los empleados y compradores…

  9. En casa de los padres de María Eugenia reponemos fuerzas, y cuando vamos a emprender nuestra marcha Horacio se ofrece para darnos un empujón en su carrito hasta la estación del Trole-Cable que baja a El Chama. No queremos que mi suegro se arriesgue y seguimos la marcha. María Eugenia dice que aprovechemos sacar el carnet en las oficinas del Trole para poder usar este transporte. Allí nos enteramos que también los de la tercera edad deben sacarse su carnet, lo que nos pareció absurdo, pues los viejos para qué carajo se lo sacan si no pagan. Oh, Dios, la bendita burocracia.

  10. Cerca de esta estación nos encontramos con una bien nutrida venta de frutas con buenas ofertas: el kilo de aguacate a 1.200 bolívares, y la docena de naranjas a 1.000. En cualquier hueco se alza alguna ratonera. Es increíble cómo proliferan por todos lados, en estos tiempos de "crisis", las ventas de cambures. Y menciono este hecho, porque en la fulana "HORA CERO" del Güevara nadie debería estar vendiendo ni boñigas de burro.

Me atrevo decirle a un vendedor:

  • ¿Y usted está violando las órdenes de Freddy Güevara?

  • ¿Y quién es ese carajo para que me impida a mí trabajar?

  • Pues, Marihuanita, el compadre de Capriles y llave de Leopoldo López. Es una orden, amigo, t pueden que vengan a obligarlo a salir de aquí.

El tipo se lo toma en serio, y contestó:

  • Bueno, eso será en su casa donde él manda. ¿Vamos a dejar de vender nuestras cositas porque a él le dé su perra gana? O es que ese carajo no come…

Otro vendedor tomó la palabra, enardecido:

  • Bueno, ese el sacrificio que ellos exigen para que nosotros tengamos democracia. No joda, yuca con ellos, mire cómo hay allí, que venga para darle…

  • Hasta luego.

  • Que les vaya bien. Suerte…



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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