La causa pacificadora de Francisco Fajardo, el territorio del pueblo Guaiquerí y dos reflexiones teóricas sobre la ciudad de Cumaná

Después de 507 años: El nombre de Cumaná

"La guerra regresa al hombre a niveles primitivos, y le devuelve placeres atávicos de los que lo privan la paz y la civilización: el crimen, el incendio, el pillaje y la destrucción. El peor daño que causan las guerras es revelarse al hombre su naturaleza reprimida. Veinte generaciones de españoles nacieron y murieron bajo el signo de una nación en guerra. ¿Qué fue de estos hombres al producirse el armisticio? Esos hombres de armas pasaran a la Indias. Y los seguirá una juventud inquieta, porque para los jóvenes, la guerra nunca es hambre, ni muerte, ni despojos. Es tan solo una ampliación de sus juegos en el barrio".

Francisco Herrera Luque [1]

Según Herrera Luque, para comprender la herencia trágica de los primeros conquistadores y colonizadores españoles del siglo XVI, y de qué manera se explica entre nosotros la presencia en lo que él ha denominado la historia detenida. Es decir, explicar lo más clara posible, los rasgos fundamentales de nuestra heredad social indeseable y la posibilidad de pudiese mantener su consecuencia a través de cuatrocientos años. Apoyándose en datos estadísticos ofrece una interpretación convincente de nuestra formación como pueblo y sociedad. Demuestra las carencias que subsisten en la demografía histórica americana y señala la falta de estudios a nivel regional.

Él dice, "los viajeros de Indias son un fenómeno de la post-guerra" y la guerra invirtió los valores de la nación española, cuando llaman hidalgos a sus asociados y villanos a los hombres simples que aman la paz. Por eso, el conocimiento del proceso de formación de nuestra sociedad hace hincapié sobre una circunstancia conexa: la comprensión de los problemas indígenas en el mundo de hoy, considerando su historia, sus necesidades y sus sentimientos. Creemos que la construcción de una América integrada y armónica pasa por el respeto del mundo indígena, de su historia, su cultura y la búsqueda de soluciones frente a las actuales condiciones de marginalidad que sufren en muchos países.

De allí, una primera aproximación proyectual en relación con la dinámica física-perceptiva del agua en algunas de sus formas fundamentales y vivibles de la ciudad de Cumaná de hoy: "agua-río, agua-ciudad". Esto generó una suerte de "cascada" de elementos e imágenes de diseño urbano (no todavía urbanísticos) de orden físico: signos construidos ambientales y espaciales de diversa consistencia, algunos muy identificables como tipos o modelos de diseño y otros más novedosos producto de reconfiguraciones e invenciones de diseño arquitectónico-urbano: puentes, pasos, conectores, distribuidores, acumuladores temporales, canales de flujo, canales y espacios de observación y de disfrute visual y auditivo, pórticos urbanos, mobiliario urbano asociado al signo del agua ,elementos y dispositivos de uso y lectura.

Hay otros dos grandes escenarios de reflexión teórica: el espacio y dimensión proyectual de la ciudad-río y la dimensión proyectual de la ciudad-agua:

    1. La ciudad-río se amplía a la totalidad de la imagen urbana y no se restringe al tema del espacio-conducto del delta de los dos ríos existentes.
    2. La ciudad-agua es también de enorme relevancia pues constituye otros de los aspectos de lo que hemos denominado como la dimensión de lo salvaje que es necesario reconfigurar en un ámbito sociocultural y urbano propiamente dicho. Al referirme solamente a la ciudad-agua debo referirme a la urgente necesidad socioespacial y ambiental de culturizar el agua como signo y discurso urbano.

En una breve y panorámica lectura de Cumaná, como "Ciudad del Agua", ha podido constatar la referencia, lejana o cercana, ya casi completamente incorporada a la vida ciudadana. Por lo que algunas imágenes nos vienen al plano de la consciencia arquitectónica:

    1. La trama orgánica de pórticos en su máxima extensión posible como elemento que además podría reconfigurar una identidad urbana con una notable fuerza social y comunicativa.
    2. La recuperación y rediseño de los espacios urbanos de transición entre lo privado y lo público como espacios del caminar y del percibir, del encontrarse y del dialogar (las aceras, las protecciones y techos, las calzadas, etc).
    3. Un diseño organizado de dispositivos y elementos de modelación y reconducción dinámica e hidráulica de las aguas de lluvia con carácter arquitectónico y urbano.
    4. La posible interpretación arquitectónica y urbanística de la dinámica local del agua como signo y discurso de identidad ciudadana incluso con derivaciones turísticas.
    5. El replanteamiento de los elementos del mobiliario urbano en función de la dinámica de las aguas.
    6. Pensar teórica y críticamente el espacio-ciudad desde estos sistemas de signos del agua que pueden en algunos momentos urbanos intervincularse (ciudad-río, aporticados y puentes, espacios y dispositivos de conexión.).

En definitiva, de lo que se trata es de producir progresivamente un diálogo con el agua (incluso en principio tensional) de tal forma que se integre al discurso urbano. De lo contrario la ciudad sufre, se protege sin posibilidad, huye, se ciega o desconoce sus efectos. Se trata de transfigurar, de transformar el agua de fuerza salvaje, como causa y efecto de lo imprevisible, en signo y discurso propiamente dicho, en isotopía de la ciudad, en invención y astucia ciudadana, en un nuevo posible ámbito de sentido y de comunicación urbana.

EL TERRITORIO DEL PUEBLO GUAIQUERÍ DE CUMANÁ

Al analizar la ciudad se consideró el territorio sobre el cuál se asentó y en este espacio, la presencia física de cursos de agua, caños, accidentes topográficos, el trazado de las carreteras y caminos rurales, construcciones urbanas y rurales existentes, por cuanto estos contienen los gérmenes de la estructura del futuro tejido.

En el caso de Cumaná, el estudio fue abordado a partir de su ubicación cartográfica, en la cuál se registra su ubicación en una cuenca hidrográfica de un gran delta, que salían a la costa marítima a través de un conjunto de desembocaduras llamadas "los cuatro brazos del cauce principal del río Cumaná", la boca de Santa María y la del río seco o Madre Vieja.

Con base en los datos aportados por la información plani-altimétrica del "Mapa General de la entrada del Golfo de Cumaná para conocer la situación y dependencia del Fuerte de Santiago de Araya y el estado actual de la Gran Salina" de Courten (1734), se observó los asentamiento de los alojamientos construidos por los Pueblos Guaiqueríes anteriores a la llegada de los europeos.

Con base en los datos aportados por la información plani-altimétrica de Courten (1734), se enumeraron 37 cobijos de los cuales cada uno de ellos poseía "un minima de 40 personas y hasta un máximo de 300", por lo que se estimó una población de 6.290 habitantes de "[..] una población aproximada de l5 mil habitantes", lo cuál significa que la sociedad indígena, que ya estaba establecida, fue sometida a un proceso de diezmo y extinción progresiva de la población.

Además, se observó que en la cuenca del delta de Cumaná, hoy plaza Bermúdez, coexistía un único tipo de poblado indígena, dedicados a la explotación de la perla, la siembra, vegecultura, recolección de frutas y conchas marinas, la caza, la cría y la extracción de sal y perlas.

Así mismo, en este poblado Guaiqueri residían los dominadores del territorio, quienes ostentaban el control de acceso y tránsito en el golfo de Cariaco y el mar Caribe, realizaban actividades de pesca y labores de mercadeo -ya existía una red cultural y comercial entre los indígenas de la cuenca y las comarcas aledañas, además de ser consumados guerreros.

Esta organización urbana, domo cónico bioclimático, con características constructivas y arquitectónicas donde el espacio vivencial no material sino sensorial, auditivo, visual y kinéstesico, fue complementada por los solares concedidos a los conquistadores para establecer sus asentamientos urbanos. Por esta razón, fueron utilizados por los europeos, en primer lugar por Gonzalo de Ocampo y luego por Jácome de Castellón, como base de operaciones, para apoyo de sus incursiones al territorio. De esta manera, aprovecharon las viviendas de los Guaiqueríes situados en el delta del río Cumaná, relacionándose directamente con los Pueblos Originarios.

Gonzalo de Ocampo, pernoctó poco en estas "rancherías", a las cuáles siempre consideró como lugar de paso, por cuanto su misión era explorar y saquear el territorio de concesión, dadas las apetencias de sus patronos, los ricos banqueros teutones. Estas correrías del conquistador permitieron conocer las cadenas montañosas que circundan la cuenca del golfo de Cariaco, a cuenta de un altísimo precio: la ruina y devastación de los territorios visitados. Más tarde, Jácome de Castellón, se estableció en la misma llanura de la costa del río Cumaná, pero hacia el este posiblemente, con similar criterio al de Gonzalo de Ocampo, aprovechando los asentamientos indígenas, como punto de partida para la fundación del nuevo poblado de cristianos bautizado como La Nueva Córdoba.

En este contexto se inició la resistencia de los pobladores originarios al dominio español, lo que determinó que el domo cónico tuviera características de campamento militar, destacándose tres lugares importantes dentro de ella: Un centro de acopio y almacenamiento de alimentos para el abastecimiento, directamente relacionado con el atracadero; un lugar destinado al culto religioso y, un sitio de soporte y atención médica para los residentes y soldados.

Esta situación, fue ocasionada no solo por los atropellos de Gonzalo de Ocampo y, luego, por Jácome de Castellón, sino también, por el conocimiento de las costumbres colonizadoras y técnicas de dominación de los españoles. Sin embargo, estos asentamientos de fundaciones no dejaron rastros visibles sobre estas experiencias; por lo que habría que hacer exploraciones arqueológicas para corroborar esta hipótesis, ante el gigantesco desconocimiento formal, funcional y espacial de los asentamientos indígenas que poblaban la costa caribeña e insular del oriente venezolano a la llegada de los europeas.

LAS CONSIDERACIONES GEOGRÁFICAS

No podemos comprender la evolución de un período determinado, en su totalidad, sin estudiar el anterior. Desde esta convicción, se abordó la resistencia de los pueblos indígenas frente al aniquilamiento y destrucción segregadora, no sólo de la tipología de su vivienda, sino del hecho que lo desvincula entre otros procesos del cambio y permanencia, de sus respectivos territorios y paisajes. En todos estos aspectos, se mantiene la impronta de las migraciones, adaptaciones, sincretismos, resistencias físicas y simbólicas, crisis y resurgimientos demográficos.

Gran parte de los cronistas e historiadores de los siglos XVI-XVIII (Oviedo, Las Casas, el P. Molina, el P. Clavijero, el P. Acosta, Gilij, entre otros), realizaron ingentes esfuerzos por recoger, clasificar y escribir sobre las sociedades indígenas que encontraron, valorándolas en mayor o menor grado, pero nunca negando la existencia y complejidad de las mismas, bien sea para conservarlas o aculturarlas completamente españolizándolas. Posición muy distinta a Las Casas, para quien América tiene su propia altura, la cual no es menor de nadie.

Desde el punto de vista linguistico, la diferenciación, segregación, el hiato indígena [2], -manifestado en la poca o nula importancia que se le da a las sociedades existentes antes de la llegada de los españoles- y la discriminación espacial de los habitantes primigenios se manifestó en destacados elementos espaciales y funcionales. En tal sentido, Migliazza, E. y Campbeell, I. [3], indican:

"De una estimación de 1500 lenguas que se hallaban en la época del contacto europeo, la colonización y los cambios acelerados que se han experimentados posteriormente nos han dejado sólo cerca de 350 lenguas indígenas que se hablan en la actualidad. Durante los primeros cuatro siglos de contacto europeo, el resultado de la llamada "civilización" fue la muerte de innumerables tribus y lenguas; ya en este siglo, la palabra clave es "desarrollo". De acuerdo con el acelerado paso que ha tomado ese "desarrollo" en Suramérica durante los últimos veinte años y muy especialmente en el área amazónica, el número de lenguas que todavía puedan hablarse en Suramérica para el año 2.000, es muy probable que no exceda a la mitad de las lenguas actuales, habladas en esa región".

En efecto, por este juicio, estas tipologías opuestas generaron una dinámica urbana comparativamente contraria dada la copiosa sucesión de hitos fundacionales: un precario emplazamiento español sobre un asentamiento indígena perfecto.

Al establecer las argumentaciones históricas sobre los asentamientos urbanos respecto a la idea de mundializar a occidente por parte de los españoles, debió abordarse entre otros aspectos fundamentales, las consideraciones generales de orden geográfico sobre las potencialidades de un nuevo territorio.

Ese deseo de mundializar lo entendemos como una respuesta práctica de la sociedad, al impulso antropológico que subyace en la misma de expandir la noción de mundo conocido, el cual intenta además de humanizar la naturaleza, también el de ampliar el concepto de humanidad a través -entre otros mecanismos- de la domesticación de los bárbaros.

A partir de esta tesis central coloca lo que hoy se llama Globalización, período comenzado en la década de los sesenta del siglo XX -caracterizado fundamentalmente por la trasnacionalización del capital y de la mano de obra dentro de una nueva división internacional del trabajo y por la ampliación del nivel cuaternario de la economía, constituido por las comunicaciones, las informaciones digitalizadas y el acopamiento humano de casi todo el espectro de las ondas electromagnéticas- como la tendencia más reciente de la Mundialización pero no su primer y único intento.

En el caso de Cumaná, con base en los datos aportados por la información plani-altimétrica de los mapas realizado por Joseph Blanco (1754) e Iturriaga de, J. (1754), identificados como "Plano de Cumaná", en este entorno geográfico sobre una gran cuenca hidrográfica, allí se observó uno de los cuatro brazos del antiguo lugar donde se encontraba la desembocadura principal del río Cumaná -que terminaba en la mar, dos ensenadas de la costa del golfo de Cariaco y el mar Caribe, denominadas "puntas":

  1. La primera, la Punta de Santa María (norte), donde según la tradición histórica, se establecieron los primeros asentamientos fundacionales de la Tierra Firme, de interés primordial para la corona a fin de establecer en el lugar, una comarca "pacificada" que les facilitara el envío de suministros vitales desde Tierra firme.

Si observamos detenidamente, podemos apreciar que las viviendas estaban ubicadas desde la cuenca del delta de Cumaná, hoy plaza Bermúdez, hasta la parte norte-occidental de la punta de Santa Maria, en la cuál coexistía un único tipo de poblado indígena, ubicada cerca de las inmediaciones de la boca de Santa María, contiguo a la desembocadura del río Santa María que surcaba la ensenada de la punta del mismo nombre.

  1. La segunda, la Punta de El Salado (sur), donde se estableció el asiento del arrabal del pueblo de Nuestra Señora de Altagracia, llamada fundación de la misión de El Salado (1648), convertida luego en una plaza pública para alojar a los "indígenas".

Estos planos sirvieron para despejar las dudas sobre si el Pueblo Originario Guaiqueríes pudo haber estado en la margen Oeste del Morro Colorado donde los vientos, el oleaje, la profundidad y la corriente interna de las aguas más la formación de sedimentos arenosos impedían la convivencia social en sus proximidades, ubicada frente a una sábana formada por los aportes de la erosión y sedimentación del rio Cumaná.

CUMANÁ: NOMBRE DE PUEBLO DE AGUAS

La Cumaná prehispánica está asociada, atravesada o permeada por el sentido del agua, bien como efecto y registro imaginario simbólico, bien como un hecho físico-perceptible tramado con la misma forma de vida de sus habitantes primigenios. El universo significante del agua en sus múltiples formas discursivas y narrativas configura el Pueblo Originario Guaiquerí desde la organización social de sus relatos sociohistóricos y, a veces, mucho antes, desde la puesta en discurso de los mitos y de sus ritos físicos y sociales.

En una breve y panorámica lectura, se pudo constatar la referencia, lejana o cercana, al agua como fuerza natural, como registro socioambiental o como signo cultural y textualidad narrativa ya casi completamente incorporada a la vida urbana y ciudadana. En estos tránsitos de lectura, muy enlazados con lo que reconocemos como cultura y territorio, el agua ocupó diversos lugares tanto en el registro imaginario como en la misma configuración física y proyectual de sus espacios de uso social y colectivo.

Por lo que podría retomarse un discurso productivo sobre este signo del paisaje dentro de una perspectiva crítica que logre precisar algunas de sus relaciones fundamentales con la ciudad prehispánica y sus ciudadanos originarios: ¿De qué manera y bajo que formas discursivas estuvo presente el agua en el texto-trama de la ciudad prehispánica? ¿Se trató de un signo desdibujado y amenazante, lejano y ocasional o más bien podría ser un elemento más plenamente cultural que se asoció e interactuó concretamente y formó parte de los usos urbanos de los Pueblos Originarios? ¿Cómo retomar quizás la propuesta de una imagen urbana posible que desde cuarenta o cincuenta años atrás hubiese sido perfectamente formulable? ¿Cómo modelar-moldear-reconducir-dialogar con el signo de las aguas y de la lluvia concretando arquitectónica y urbanísticamente una imagen de ciudad posible? ¿Cómo reconectar orgánicamente los mitos e imaginarios locales, antiguos y nuevos con las logotécnicas funcionales del planeamiento urbano, los códigos y lenguajes de uno y de otro?

A partir de estas pequeñas preguntas-hipótesis que surgen incluso de una mirada curiosa y "extranjera", se pudo releer el texto-discurso de la ciudad indígena que nos tocó habitar y vivir desde el eje semántico y pragmático de las aguas. Aguas latentes e invisibles, aguas superficiales y profundas, corrientes o pendientes, aguas amenazantes y sorpresivas, aguas apenas socializadas como discurso urbano, aguas domesticadas o semi-salvajes.

Algunas categorías de descripción y de interpretación pueden ponerse aquí en práctica tales como naturaleza/cultura, ciudad/paisaje, objeto cultural /natural, grados de percepción urbana, territorio y práctica ambiental, discurso urbano y varias otras. Pero lo interesante puede residir sobre todo en el hecho de que a partir de una lectura sensibilizada y focalizada sobre un aspecto aparentemente obvio, "natural" y cotidianamente no percibido en sus múltiples proyecciones de sentido, pueda derivarse un espacio proyectual tramado con un nuevo ámbito de la cultura urbana en estado de significación latente.

Nos orientamos en el caso de este "objeto natural de paisaje" hacia un esquema teórico y reflexivo que parte de lo que reconocemos como mundo de la vida entrelazado con la cultura y la tensión que producen sobre ésta los imperativos de la sociedad funcional, de la ciudad vista desde el modelo de los sistemas: Una concepción completamente errada en la cual no se logra resignificar e incorporar los signos urbanos en su plexo de acción social y proyectual.

Los elementos de esta ciudad del agua están prácticamente allí, casi todos dispuestos para una lectura y una reconfiguración de este tipo. Una sola cosa para empezar: Hay que adoptar la mirada del extranjero en su propia tierra, la mirada atenta y sorprendida y confabulada con lo que ocurrió y lo que podria ser. El viajero se sorprendió casi siempre al saber, a través de las informaciones y relatos ofrecidos por los habitantes, que la ciudad que visitaba estuvo "hace un tiempo" atravesada por quebradas y ríos de gran afluencia, localizada en relación a la mar, golfo, ríos o lagunas que formaban parte sociocultural de su identidad geográfica y ciudadana.

La Cumaná prehispánica estuvo rodeada y penetrada por grandes lagunas y depósitos de agua dulce que configuraban verdaderos lugares identitarios más que funcionales. En relación a los códigos y procesos de significación urbana, pudimos determinar que se trataba incluso de una verdadera ciudad de las aguas completamente lejos de cualquier anecdotismo superficial: La disposición natural-cultural de las lagunas establecía un ritmo y un tempo de uso y de identidad urbana.

De acuerdo a los antropólogos y los etnógrafos locales, el prefijo /cumana / (sin tilde en la última silaba) indica y refiere el lugar o sitio narrado a una suerte de recorrido y localización dinámica y narrativa del signo del agua. De hecho, existen variadas observaciones que concluyen en señalar que el significado de la emisión es el de "encuentro entre las aguas", expresión poéticamente bella que se correspondió a la verdadera identidad de los indigenas del gran delta del río Cumaná: Una toponimia urbana que demuestra la equivalencia lingüística entre los pueblos originarios Chaimas, Cumanagotos, Coacas, Parias de Cumaná o una metáfora hermosa o, tal vez, una ilusión del lenguaje manipulada por la realidad misma.

Esta hipótesis de una resignificación del territorio a través del signo del agua cumplida perfectamente en la mitificación del espacio de vida de nuestros pobladores prehispánicos es, además, un hecho corroborable si lo comparamos con todo el proceso milenario de narrativización y apropiación sociosemiótica del espacio de vida, sabemos hoy con suficiente certeza que el agua era el signo principal, el signo ordenador de un discurso que, además de hacer comprensible la extensión espacial desde el mito, se utilizaba como un verdadero signo o huella de cohesión discursiva en el imaginario prehispánico.

Una imagen sociocultural vuelta recurrente en el interior de un macrorrelato que cumplía por lo menos una doble función: Por un lado, cohesiona para un colectivo o una microsociedad un símbolo generador que funciona como articulante de un sistema más amplio de signos paisajísticos (la tierra, las montañas, los animales, las fuerzas naturales, las piedras). Y, por otro lado, el signo del agua (/cumana /, como depósito, recipiente, mar, golfo, laguna, río) introduce algunos elementos capaces hoy de reconfigurar un sentido que la construcción misma de la ciudad simplemente ha obstruido o mejor, desconocido, sepultado.

Pero otro relato, quizás menos comprobable etnográficamente, viene a nuestro encuentro y tiene que ver con el problema físico-geográfico de los asentamientos fundacionales de Cumaná durante el período de la conquista española. Existe la sospecha de que una consideración completamente apegada a las normas o códigos urbanísticos de las Leyes de Indias, no hubiese hecho posible la fundación de la ciudad en la localización en la cual se efectuó y se desarrolló.

Hay otro mito, menos oficial que el discurso encadenado al signo verbal /cumana/: Los antiguos pobladores o indígenas locales no habitaban permanentemente estos lugares al considerarlos como sagrados y lugares de ofrendas a los dioses y fuerzas de la naturaleza. Otros elementos ambientales (temperaturas, humedades, etc) aún perceptibles o imaginables hoy en un retorno mental al pasado contribuyen a consolidar este otro relato del lugar donde está construida buena parte de la ciudad y sus alrededores.

Para concluir, imaginemos por un momento este lugar hace quinientos años atrás: La magnitud del caudal de los ríos (Cumaná, Santa Maria y Madre Vieja), las ramificaciones de agua posibles, la condición geográfica global de la meseta, su nivel de humedad y de consistencia, los conductos naturales de agua, la vegetación existente y la misma configuración espacial y perceptiva del entorno natural.

Sobre esta meseta, esta suerte de lengua de tierra semiestable, de baja plataforma inclinada de una gran cuenca hidrográfica de notable extensión, se construyó la ciudad con el código de emplazamiento y constructivo de la Ciudad-Damero.

Este acto de emplazamiento militar y geométrico es aun perfectamente visible y su impacto y permanencia ha sido tan fuerte que su influencia es determinante aún después de quinientos años. Sin duda, es una labor interdisciplinaria de orden socioprofesional pero sobre todo de orden antropológico y sociocultural, semiótico en cuanto lo más necesario antes de pensar y trazar ejes, líneas o zonas de diseño y composición, es la de indagar y de construir un cuadro dinámico de relaciones de sentido, relaciones semánticas a partir del mundo de la vida de la gente, de las personas, de los ciudadanos.

Se trata de una operación constructiva pero sobre todo poética, inventiva que pone en juego un elemento como el agua que puede ser una suerte de signo retotalizador del significado de la ciudad debido a sus condiciones de percepción de uso y de sentido urbano. De lo contrario la ciudad sufre, se protege sin posibilidad, huye, se ciega o desconoce sus efectos. Se trata de transfigurar, de transformar el agua de fuerza salvaje, como causa y efecto de lo imprevisible, en signo y discurso propiamente dicho, en isotopía de la ciudad, en invención y astucia ciudadana, en un nuevo posible ámbito de sentido y de comunicación urbana.

LA CAUSA PACIFICADORA DE LOS GUAIQUERÍES

Según Civrieux [4], los Guaiqueríes se encontraban en su tierra originaria Cumaná-Marigüitar-Margarita-Caracas y la zona occidental de la península de Araya. Y, esta región constituía un lugar preferente, razón por la cual ser Guaiquerí consistía en ser natural de esta nación, porque, para aquellos indígenas, toda el área mencionada formaba parte del Pueblo Originario Guaiqueríes.

Obviamente, lo único cierto e incontrovertible es que ellos participaron con Francisco Fajardo en su conquistas y fundaciones, hecho revelador de que después de su muerte, todavía los Guaiqueríes continuaban aferrados a la causa pacificadora del líder indígena.

Estos preceptos éticos y políticos que asumieron los pueblos Guaiqueríes de Fajardo de continuar aferrados a una existencia étnica y culturalmente diferenciada en el marco de sociedades nacionales pluriculturales, multiétnicas y multilingües, sin llegar a plantearse, en ningun caso, posturas separatistas respecto a la legitimidad del estado español.

Su ideología común, dice Mosonyi [5], era la etnicidad, una dotrina que postulaba el derecho de los grupos indígenas a perdurar como grupos étnicos, culturales y lingüísticamente diferentes, y lograr el bienestar, el desarrollo y la modernidad sin perder su identidad.

Fajardo supo comprender el significado pacífico de la conquista y la colonización en los territorios indígenas. Ciertamente, estuvo al lado del invasor español, porque creía en un nuevo modo posible para su gente india, le fue incomprensible las razones de un imperio español ajeno a la existencia de los indios.

Sin embargo, disolvió el significado de lo que han sido los pueblos originarios Guaiqueries desde inicio de su existencia, borró conscientemente una historia milenaria para dar paso a una reaccionaria conducta que marginó al indígena por una presunta condición de ciudadano disminuido.

Esta abyecta visión de Fajardo olvidó el rico pasado indígena que honró el devenir de la historia -o la mitohistoria- negadora de hechos suficientemente documentados y analizados científicamente en distintos tiempos y en todo el territorio de la costa insular y de Tierra firme.

En el año 1580, España prácticamente había concluido la conquista y la ocupación colonial, iniciándose la consolidación de las redes urbanas. Ciertamente, durante el reinado de Carlos I (1517-1556) se elaboró un conjunto de normas y reglamentos cuyo mayor peso se centraria en lo referente a la nuevas poblaciones y que habría de ser el instrumento para el ordenamiento de los centros de población para el periodo colonial en Ibero América. No obstante, Felipe II las denominó "Ordenanzas de Descubrimiento, Nuevas Poblacion y Pacificación", las cuales fueron promulgadas en 1573.

Entonces, pareciera conveniente y prudente, por aquello de la rigurosidad metodológica, precisar algunas preguntas: El mestizo colonizador Francisco Fajardo: ¿Traicionó su raza indígena? ¿Nació en Cumaná? ¿Le dieron muerte en Cumaná? ¿Fue el fundador de Caracas?

FAJARDO: ¿NACIÓ EN CUMANÁ EN 1538?

Antes de emprender el cuarto viaje, encontramos a Francisco Fajardo junto con el provincial fray Francisco de Montesinos fundando la Nueva Córdova (Cumaná). El 20 de febrero de 1562, el líder indígena y conquistador de Caracas firma el Acta de Fundación [6] "de este nuevo pueblo de Cordova poblado junto al puerto y rriberas del rrio de Cumana…". En esta nueva ciudad, Francisco Fajardo fue titulado tesorero en la elección y el nombramiento de la justicia de Nueva Córdova efectuado el 1° de febrero de 1562, acto en el cual el escribano público Hernán López [7], designado a tal efecto, señaló que:

"[…] en nombre de su Magestad Real […] nombro y helijio por contador a Juan Ventura del Valle y por thesorero a Francisco Fajardo naturales de este dicho pueblo e provinçia e por fator a Diego Hernandes estantes en el los quales dichos ofiçiales de su Magestad Real son onbres honrados e buenos xptianos e mayores de hedad de veynte y quatro años e abiles e sufiçientes para usar y exerçer los dichos cargos e ofiçios […]".

Como puede apreciarse, el escribano muestra dos inexactitudes: la primera, relativa al lugar de nacimiento de Francisco Fajardo, porque, para la época, era harto conocido que había nacido en la isla de Margarita (probablemente, en la jurisdicción territorial de la Villa del Espíritu Santo, incluido el caserío indígena Parawarime [8] o Palguarime, próximo a El Poblado, donde se dice que nació; cosa bastante creíble, porque su madre (y esto fue un secreto a voces) llegó a tener amoríos con el teniente de gobernador Francisco Fajardo, quien, para 1528-29, debía poseer su residencia en el pueblo del Espíritu Santo).

Pero, no sería nada extraño que la frase: "naturales de este dicho pueblo e provinçia", posiblemente, aludía, como dice Castillo, a su procedencia étnica, porque, como se sabe, los indígenas guaiqueríes no sólo se encontraban en su tierra originaria Cumaná-Marigüitar-Margarita-Caracas y la zona occidental de la península de Araya (Civrieux, 1980:46). Y, particularmente, Cumaná constituía un lugar preferente, razón por la cual ser guaiquerí consistía en ser natural de este pueblo y provincia, porque, para aquellos indígenas, toda el área mencionada formaba parte de la Nación guaiquerí.

Para 1562, Fajardo había realizado cuatro viajes a la provincia de Los Caracas y, por consiguiente, era muy conocido en la región de Cumaná, sobre todo, desde su primera jornada, en 1555. En toda la región del oriente del país y la provincia de Venezuela se sabía que Francisco Fajardo era un conquistador pacífico al servicio de la Corona y sus expediciones las planificaba desde Margarita, donde poseía un ejército de guaiqueríes con piraguas, caballos y bastimentos. Ya era muy reconocido por haber conquistado el valle de San Francisco, núcleo originario de la actual ciudad de Caracas.

Quizá, la presunción de Castillo Hidalgo [9] de que la edad declarada por Fajardo no pudiera ser la verdadera podría basarse en los prejuicios de este autor respecto de lo que siempre se ha dicho sobre la fecha de su nacimiento. En cambio, manifiesto que, en realidad, sí dijo su verdadera edad, porque está en concordancia con la que tenía cuando comenzó a realizar sus conquistas en la provincia de Los Caracas, 18 años. Aun así, insisto que la escritura del escribano López permanecerá un tanto confusa, ya que la expresión nos dice que son "… mayores de hedad de veynte y quatro años…" cosa incierta (salvo que cumpliera 25 años en ese año, hecho bastante probable, porque esta sería la edad fi jada por el Derecho indiano para alcanzar la mayoridad). Esta será la otra inexactitud.

En ese fragmento del Acta del Nombramiento y la Elección de las autoridades de la Nueva Córdova, el escribano afirma que Fajardo tiene 24 años de edad, lo que significaría haber nacido en 1537 o 1538, ocho o nueve años después que el lugarteniente de Isabel Manrique, Francisco Fajardo, se había marchado o, mejor dicho, huido de la ciudad de Nueva Cádiz con destino a Santo Domingo para luego continuar hasta Sevilla. Por tanto, la calificación mestizo es impropia por haber sido atribuida, a propósito de la "paternidad" del teniente de gobernador de Margarita.

En la cita a continuación puede observarse la condición racial, al parecer, erróneamente atribuida: "… Francisco Fajardo, el Viejo, a quien la cacica Isabel dio un hijo célebre, de su mismo nombre y apellido, el mestizo conquistador de la costa y valle de Caracas" [10]. Además, si hubiese sido hijo de este peninsular, motivo por el cual se dice nacido en 1527 o 1528, habría firmado el acta de la fundación de la Nueva Córdova a la edad de 33 o 34 años, diferencia exageradamente notable susceptible de ser advertida y saber que mentía.

Montenegro [11] dice que "el nacimiento de Fajardo ha debido ocurrir entre 1527 y 1528, siendo para entonces su padre, Francisco Fajardo, el viejo, durante la época de teniente de gobernador de la isla de Margarita". En Ayala y Wilbert [12] se dice que Fajardo nació en 1527.

Francisco Fajardo no mintió si contrastamos su verdad con la que señalaron algunos testigos en la Información de testigos hecha por Jerónimo López Illanes, donde se dice que Fajardo se casó con Isabel de Niebla a los 18 de edad, cuando se disponía iniciar su primera jornada conquistadora. Y esta se realizaría en 1555, lo cual concuerda con la edad declarada en el nombramiento de las autoridades de la Nueva Córdova: "A la quarta pregunta dijo queste testigo save que el dicho don Françisco Fajardo començo a servir a su magestad de hedad de dies y ocho años poco mas o menos en conquistar y allanar tierras y prouinçias espeçialmente en la çibdad de Cumana y otras en la costa de Caracas...".

Para aquel tiempo, su madre, Isabel, habría concebido a Francisco después de procrear dos hijos con Alonso Carreño, quien, en el juicio de Residencia realizado por el licenciado Francisco de Prado contra los tenientes de gobernador de Isabel Manrique, en 1533, dijo que la cacica Isabel era su mujer [13]. Sus hijos serían Alonso y Juan Carreño, compañeros de Fajardo en las dos primeras expediciones a la tierra de Los Caracas. Todo esto negaría que pudiera haber nacido en los años 1524, 1527 ó 1528 como afirman algunos investigadores venezolanos y extranjeros. En otras palabras, el Acta del Cabildo de Cumaná, fechada y firmada por él, el 20 de febrero de 1562, podría deducir su partida de nacimiento.

N. María [14], dice que nació en 1524, es decir, que al firmar el Acta de la Fundación de la Nueva Córdova, tendría 38 años y no 24 como se afirma en ese documento. Aclarando posibles confusiones, debemos decir, en aras de una mayor comprensión respecto de la edad de Francisco Fajardo, quien para el mes de febrero de 1562 aún contaba 24 años; quizá, cumpliría la mayoridad en el curso de este año.

FAJARDO: ¿MURIÓ EN CUMANÁ?

Al llegar a Margarita, el líder margariteño empezó a reunir sus indios guaiqueríes para regresar y conquistar pacíficamente la provincia de Los Caracas; además, hacer frente a los agravios y las ofensas del cacique Guaicaipuro. A principios del año 1564, preparó la última jornada con 130 hombres, los caballos, porciones de ganado vacuno y una cantidad apreciable de armas y municiones; pensaba formar un ejército en las inmediaciones del río Bordones, próximo a la ciudad de Cumaná, donde la justicia mayor la desempeñaba un enemigo suyo, Alonso Cobos, un hombre deseoso de matar a Fajardo.

En 1564, el conquistador indígena sale de la isla en una expedición para la costa de Caracas. Oviedo y Baños [15] nos cuenta que Alonso Cobos, alcalde mayor de Cumaná, "… procuró siempre deslucir lo heroico de sus acciones, pues valiéndose del pretexto de que sin licencia suya sacaba los indios de la jurisdicción de su distrito.

Después de tantas invitaciones engañosas, Cobos utilizó la ayuda de un amigo de Fajardo; pero, aun así, este señaló el pretexto de que partiría pronto. El Alcalde mayor reiteró la invitación para conversar en Cumaná, pero con tantos ruegos, precauciones y promesas, el mestizo margariteño aceptó el llamamiento. Dice Montenegro [16]:

"Marcos Gómez era amigo de Fajardo; le enviaría al campamento con saludos y recados, le rodearía de melosos y suaves halagos; con toda clase de fingimiento le hizo entender al caudillo criollo la gran importancia que tendría para ambos una entrevista, ya que existían trascendentes asuntos pendientes en Tierra Firme que proponía emprender en los caracas; debía, pues, aceptar su invitación y visitar su casa en Cumaná.".

Ambos hablaron hasta la noche. Fajardo quiso regresar a Bordones y despedirse; pero, unos criados y amigos de Cobos salieron y lo detuvieron; no pudo defenderse. Dice Cobos a Fajardo [17]:

"Usted no se alborote que todo esto no es más que un cumplimiento para tapar la boca a algunas quejas y no quiero que el pueblo entienda que, porque somos amigos, embarazo la justicia; déjese usted prender que, dentro de una hora estará libre".

Le quitaron las armas, le pusieron los grillos y lo colocaron en un cepo de pies y cabeza. En un juicio sumario, Cobos leyó los cargos y encontró culpable al detenido de los delitos cometidos en las intentonas de conquistar Los Caracas; pasada media hora, leyó el veredicto, en el cual Fajardo debía morir en la horca. Sin embargo, Cobos, pensando en la posibilidad de que llegasen sus indígenas, apremió la ejecución de la sentencia y ordenó golpearlo con un garrote estando en el cepo; pero, antes, lo arrastraron a la cola de un caballo. Cobos le pasó una cuerda por el cuello tratando de ahogarlo y, con una tabla, le destrozó la cabeza.

Cuando los guaiqueríes de la zona, particularmente, los margariteños supieron la noticia de la muerte de su líder, diseñaron un asalto a la fortaleza de Cumana donde se encontraba Alonso Cobos. Pedro de Viedma, teniente de Margarita, ejecutó el plan y, en piraguas, muchísimos indígenas llegaron de noche a Cumaná, tomaron el fortín, apresaron al alcalde y lo trasladaron a la isla. En Margarita no pudo ser enjuiciado, porque la Real Audiencia de Santo Domingo resolvió que Alonso Cobos fuese juzgado en Cumaná, ciudad donde se había cometido el delito; fue sentenciado y murió en la horca después de hacerse pedazos su cuerpo.

FAJARDO: ¿FUNDADOR DE CARACAS?

Muchos estudiosos han dedicado esfuerzos por ofrecer una versión acabada sobre la fecha de la fundación y el fundador de Caracas, sobre aquella ha habido un cierto consenso entre quienes han intervenido en ese debate; pero, en relación con la figura del protagonista existen, al menos, tres hipótesis que intentan demostrar quién fue el creador de San Francisco, antecedente de Santiago de León de Caracas: Francisco Fajardo o Diego de Losada o Rodríguez Suárez. (Lo único cierto e incontrovertible es la deuda que por siempre tendrá Caracas para con los indios de Margarita, porque ellos participaron tanto con Fajardo como con Losada en su conquista y fundación, hecho revelador de que después de la muerte de Fajardo todavía los guaiqueríes continuaban aferrados a la causa pacificadora del líder indígena).

Antes de entrar en las consideraciones de la fundación de Caracas parece conveniente y prudente, por aquello de la rigurosidad metodológica, precisar el significado y el alcance jurídico de las normas sobre los territorios por conquistar. La Corona [18] había dispuesto en las Leyes Nuevas, ratificadas y modificadas, luego, en los años 1549, 1550, 1553 y 1556, una reglamentación destinada a la protección de las etnias indígenas, porque se sabía de la violencia ocurrida en el desarrollo de la conquista y el poblamiento. La regulación establecería que el conquistador debía disponer de una licencia otorgada por la monarquía y/o sus funcionarios en Las Indias; "por consiguiente -dice Ramos- a la hora de hablar de posibles fundaciones debe tenerse muy en cuenta esta circunstancia, para tomar con cautela toda posible referencia sí no nos consta que existían expresas licencias.". Estas concesiones se pedían ante la Audiencia Real y esta la remitía al Consejo de Las Indias para su consideración; es decir, la conquista de cualquier pueblo debía constituirse mediante un acto formal, no por motivaciones particulares.

Existen muestras indicativas de que Francisco Fajardo fue el conquistador de la ciudad de Caracas. Las investigaciones son diversas, todas basadas en hechos del siglo XVI, a través de documentos y testimonios de suficiente valor jurídico y académico, a saber [19]:

  • Las declaraciones de Garci González de Silva.
  • El testimonio de Lázaro Vásquez.
  • La cédula del rey Felipe II.
  • La Información de Tristán Muñoz, procurador de Caracas.
  • Las afirmaciones de los cronistas Aguado y Simón.
  • La declaración de Diego Buesso.
  • La declaración de Lorenzo de Carrión.
  • La declaración de Diego de la Peña.
  • La declaración de Martín Montalvo.

El Archivo Nacional de la Nación (AGN) recoge una Información de testigos de 1589, en la cual el Capitán Garci González de Silva [20], un terrateniente-encomendero caraqueño afirma que

"[…] esta ciudad se llama Santiago de Leon y que el primer fundador desta cibdad segund que este testigo a podido berificar fue Françisco Faxardo que dizen ser de la Margarita y después del el capitan Juan Rodriguez Suarez lo que se acaba".

En esa investigación, Lorenzo Vásquez, uno de los testigos presenciales y participantes de la fundación (1560), diría que Fajardo entró, pobló y lo nombró San Francisco a la tierra que hoy conocemos como Caracas; siendo, por tanto, un acto legal por haberse efectuado mediante los poderes concedidos por el gobernador Pablo Collado (gobernador de la provincia de Venezuela, 1559 [21].

"Habrá treinta años poco más o menos –dice Vásquez- entró en esta dicha provincia en este valle de San Francisco, que ahora se llama la ciudad de Santiago de León, don Francisco Fajardo, con poderes del licenciado Pablo Collado, y la pobló y le puso por nombre San Francisco, y en la costa de la mar pobló un pueblo que llamaron El Collado, a donde ahora llaman Nuestra Señora de Caraballeda, y que entraban con el dicho don Francisco Fajardo […]" [22].

Ese mismo día, 4 de febrero de 1589, a propósito de la Información de testigos por la visita del licenciado Leguizamón, también, declaró el testigo Juan de Rivero [23] y señaló:

"[…] que habrá veinte y un años poco más o menos que don Francisco Fajardo entró a poblar esta provincia de Caracas con orden y poderes del licenciado Collado, gobernador que fue de esta provincia. Y después por orden del rey nuestro señor y por su cédula que para ello envió entró el capitán Diego de Losada a la pacificación y reedificación de esta dicha provincia y que hay poblados en ella dos pueblos, que es este de Santiago de León […] y Caraballeda que estaba poblada a la costa de la mar […]".

En esa Información, declararon, igualmente, Sebastián Díaz, Francisco Infante, Juan Pérez de Valenzuela, Francisco Sánchez de Córdova y Juan Fernando de León, quienes afirmaron que la población de Santiago de León fue reedificada por el capitán Diego de Losada con poderes otorgados por el gobernador Pedro Ponce de León y una cédula de su Majestad, según la cual ordena que esa ciudad debe reedificarse. En la Cédula Real del 17 de junio de 1563, el monarca Felipe II [24] reconoce el poblamiento de dos pueblos, entre ellos, el que había fundado Fajardo:

"[…] que estaban poblados en un pueblo en los caracas que avia poblado el Capitan Françisco Fajardo que era lengua de los dichos yndios mestizos de una moza christiana natural de la isla de la Margarita y que despues de los susodicho bolvieron al pueblo de dicho Françisco Fajardo donde se avian recogido hasta treynta españoles y les tomaron todo el ganado y maiz y otras cosas que tenian en sus estançias y labranzas y lo pusieron en mucho aprieto hasta tanto que mataron seis o siete españoles y les fue forzado a los demas dejar el pueblo e irse a la costa de la mar huyendo y alli se embarcaron en piraguas y canoas y se fueron a Maracapana y a la ysla de la Margarita[…]".

Es de advertir que la cédula dice "y les fue forzado…dejar el pueblo", no expresa que fue despoblado como lo afirma Pedro Ponce de León en su famosísima carta. El Procurador General de Santiago de León de Caracas, Tristán Muñoz [25], ante la presencia del gobernador Luis de Rojas y fray Juan Martínez de Manzanillo señaló que "[…] aviendo el capitan don Françisco Fajardo poblado dos pueblos en esta dicha provinçia el uno en el lugar y çitio de esta dicha çibdad y el otro en la costa de la mar […]". Sebastián Díaz declaró en la séptima pregunta de la probanza que "[…] como despoblaron segund es publico al capitan don Françisco Fajardo despues de aver poblado dos pueblos en esta provinçia […]".

El misionero Aguado [26] afirma, a su vez, que el gobernador de la provincia de Venezuela, el general Gutiérrez de la Peña, en junio de 1558, dijo que "… tuvo principio la conquista y población de la provincia de Caracas por los Fajardos, mestizos hijos de una india señora de aquella provincia.". Fray Pedro Simón [27] señala, en la misma dirección del general de la Peña y Tristán Muñoz, que:

"[…] estaban ya poblados dos pueblos de españoles en las provincias de los Caracas el [El Collado]…a la costa…y el otro la tierra adentro llamado San Francisco de quien habian sido los principales pobladores dos hermanos mestizos llamados los Fajardos […]".

Montenegro aclara que cuando Aguado menciona "los Fajardos", tal vez se refiere a los hermanos uterinos de Francisco, hijos de Alonso Carreño, o confundiera como "hermanos a Francisco Fajardo y Alonso Fajardo de Guevara por cuanto ambos participaron en la fundación". Estaba equivocado el gobernador Gutiérrez, porque, aquellos mestizos, Alonso y Juan, hijos de Alonso Carreño, ciertamente eran hermanos, hijos de la india margariteña Isabel y no de "una india señora de aquella provincia [de Caracas]". En la Residencia contra los tenientes de Isabel Manrique, en 1533, Alonso Carreño [28] fue un testigo, quien:

"[…] a la novena pregunta dixo que este testigo no sabe quien aya llevado ningun oro ny perlas por quintar desta ysla ecepto que doña Isabel cacica su muger le a dicho que el dicho don Françisco [Fajardo] el tiempo que fera thenyente llevo e recogio mucho oro de guanin desta ysla e de tierra firme que a ella le tomo dos aguilas de oro guanin muy grandes e vnas rranas e caricories e caxacaveles e que rescato muchos caricories de los yndios desta ysla e que ella misma por mandado del dicho don Françisco los rescatava para se los dar e que con el guanin que tenia el dicho Françisco la enviaba muchas vezes a la dicha doña Isabel a rrescatar yndios esclavos e ella yva con el dicho […]".

Recuérdese que esto sucedía en el año 1533 y el teniente Francisco Fajardo había dejado Cubagua desde 1529; por tanto, no pudo haber participado en ese juicio. Diego Buesso también fue un testigo presencial de la fundación y conocedor personal de Fajardo y dijo que:

"[…] siempre le bido ocuparse en serviçio del rrey Nuestro Señor en conquistas y poblaçiones nuevas como fue la çibdad de Cumana y otras dos en la provinçia de Caracas la una llamada Nuestra Señora de Caraballeda y la otra llamada la çibdad de San Françisco […]".

Lorenzo de Carrión, por su parte, manifestó que: "[…] en la costa de Caracas en la qual poblo una çibdad y le puso por nombre la çibdad de San Françisco que agora llaman Santiago de Leon de Caracas […]". Diego de la Peña, a su vez, compañero de infancia de Fajardo, señaló que:

"[…] bido este salir al dicho capitan don Françisco Fajardo desta ysla con muchas minçiones amas y cavallos y soldados a servir al rrey Nuestro Señor en allanar y poblar conquistas como lo hizo e conquistador la çibdad de Cumana y otro pueblo en la costa de Caracas nombrada Nuestra Señora de Caraballeda y otro pueblo llamado San Françisco […]".

La declaración de Martín Montalvo, quien anduvo con Fajardo hasta su muerte, indicaba que este siempre había estado dedicado a "[…] conquistar y allanar tierras y provinçias espeçialmente en la çibdad de Cumana y otras en la costa de Caracas como fue la çibdad que llaman Santiago de Leon de Caracas Caravalleda y el Paneçillo […]".

Muchos deponentes, caraqueños en su mayoría, en sus respuestas al interrogatorio del Procurador, Tristán Muñoz, referida a la fundación de Caracas, admitieron la creación de la ciudad de San Francisco por Francisco Fajardo. Finalmente, recojo las palabras de Narváez [29] al expresar que no se le resta méritos a las acciones de Lozada ni las de Juan Rodríguez Suárez; pero, Francisco Fajardo fue el primero: es quien coloca la primera piedra de la ciudad de Caracas. Es quien tiene -dice- la visión clara de la fuerza telúrica que surge desde el valle prodigioso y se proyecta, a lo largo y a lo ancho, de lo que hoy constituye la gran patria venezolana.

REFERENCIAS

[1] Herrera Luque F. (2009:15).

[2] El Hiato Indígena, expresada en las producciones historiográficas de los cronistas e historiadores, en menor grado en los autores que escribieron entre los siglos XVI-XVIII y con muchísimo mayor intensidad y desembozadamente en la época republicana de los siglos XIX y XX, cuando literalmente los indígenas son desaparecidos de la historiografía.

[3] Cfr. Migliazza, E. y Campbeell, I. (1988:167).

[4] Civrieux (1980:46).

[5] Mosonyi, E. (1987:161).

[6] Acta de Fundación de Nueva Córdova (AGI. Santo Domingo 71). También en Gómez, J. (1992:154-158).

[7] Elección y Nombramiento de las Autoridades de la Nueva Córdova (AGI. Santo Domingo, 71, libro I, folio 172). Véase también en Gómez, J. (1992: 151) y Castillo Hidalgo (2005). Nota. En este último autor, debe corregirse libro I en vez del II.

[8] Boulton (cfr. 1981:50) afirma que Francisco Fajardo nació en Palguarime, un caserío localizado, hoy en día, próximo al estadio Nueva Esparta, camino hacia La Asunción (Estado Nueva Esparta).

[9] Castillo H (2005:89).

[10] Ojer (1966:66).

[11] Montenegro (1974: 32).

[12] Ayala y Wilbert (2011: 26)

[13] AGI. Justicia. Legajo 53A, folios 829-831. También en Pinto (1967: 95 y ss).

[14] N. María (1988, T-II: 136-137).

[15] Oviedo y Baños (2004: 223).

[16] Cfr. Montenegro (1974: 102).

[17] Cfr. Oviedo y Baños (2004: 275).

[18] Cfr. Ramos (1988: 283).

[19] Cfr. Montenegro (1974: 60 y ss).

[20] Cfr. Febres (1965). Véase en AGN Encomiendas. Tomo XXXIX, folio 155.

[21] Cfr. Aguado (1587: 343)

[22] En Bermejo (1967: 32). AGN, Encomiendas XXXIX. Folios 155-165.

[23] Cfr. Febres (1965: 94). En AGN, Encomiendas XXXIX.

[24] AGI. Santa Fe. Legajo 81, folio 4. Real cédula sobre Indios Alzados de Caracas. (17 de junio de 1563). Véase N. María (2004: 249) y Montenegro (1974: 61).

[25] AGI, Santo Domingo, 193. Petición del Procurador Tristán Muñoz. (30 de julio de 1589).

[26] Cfr. Aguado (1987: 343). Gutiérrez de la Peña fue designado gobernador el día 24 de marzo de 1558, pero tomó posesión del cargo el 7 de junio de ese año.

[27] Cfr. Simón (1963: Tomo II, Cap. XXV: 227).

[28] AGI, Justicia, Legajo 53A, folios 829, 830 y 831. En Pinto (1967: 95 y ss). Véase también en Montenegro (1974: anexo 1)

[29] Cfr. Narváez (1975: 70).

¡Que se abran cien flores y florezcan cien escuelas de pensamiento¡

 



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Servando Marín Lista

Arquitecto- Es autor del libro "Desde la Comunidad": la arquitectura de multitudes (junio, 2010) dirigido a la formulación de propuestas de planificación del desarrollo estratégico para captar el objetivo esencial y específico de clarificar el compromiso y la responsabilidad de la explosión del Poder Popular con la problemática total de la ciudad, mediante todas las escalas de sus propias acciones para marchar rumbo al nuevo sistema de Ciudades Comunales, los Distritos Motores de Desarrollo y los Territorios Federales. Y autor, también, del libro "La Ciudad Comunal, la lucha de clases por el espacio" (nov, 2013) donde plantea una interpretación de los fenómenos urbanos, que constituye una herramienta sobre lo que ?desde afuera? de la estructura urbana, el poder económico y el poder político, conforman la lucha de clases por el espacio y avanza en el señalamiento de la necesaria ruptura con los valores, instituciones, relaciones de poder y las raíces más profundas de la sociedad capitalista.

 tetralectica77@gmail.com      @chevan2

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