GOBERNAR CON, POR Y PARA EL PUEBLO
"Yo he sido proclamado como Presidente de la República y Jefe de Estado, pero a partir del 02 de febrero de 1999, el verdadero gobernante será el
pueblo de Venezuela"
Hugo Chávez Frías
Al pueblo reunido frente al CSE, en la Plaza Caracas
Diciembre de 1998, al ser proclamado como Presidente
Gobernar con, significa: al lado de o acompañado de. Gobernar por, significa: a causa de o motivado a. Gobernar para, significa: a favor de o en beneficio de. Es decir: gobernar con, por y para el pueblo, supone, de inmediato, que asumimos una forma de gobierno popular, llámese o no "populista", cuyo actor social principal es el pueblo. Es una decisión firme y convencida, de que es posible gobernar no sólo por y para el pueblo, sino, sobre todo, acompañado, untado, oloroso, mezclado y combinado con el pueblo. Porque el pueblo, como dijera el presidente Chávez, en diciembre de 1998, cuando fue proclamado por el Consejo Nacional Electoral, de entonces, puede llegar y debería ser su propio y mismísimo gobernante. El autogobierno popular en pelota, pues. Sin maquillaje, ni disfraz, ni papel celofán que lo envuelva como un regalo para los dioses del Olimpo. Sino que lo muestre en su verdadera esencia organizada a favor de sí mismo. Sencilla y llanamente, el pueblo conduciendo su propio destino, el pueblo decidiendo su constitución, sus leyes, sus normas de funcionamiento, los caminos a seguir, evaluando opciones y alternativas democráticas y participativas de gobierno, co-gobierno o autogobierno, asumiendo responsabilidades para reclamar no sólo sus derechos sino, fundamentalmente, para cumplir con sus deberes de cohabitante y conciudadano de una nación, un país e incluso, de un planeta, de cuyo futuro somos, ineludiblemente, corresponsables. Para que no estemos echándole la culpa al tirano, al dictador, a la mafia gobernante, al demócrata investido de mandatario, al jefe del Estado, al cacique de la comarca, al empresario devenido en político, al rey, al príncipe o, a Don cojones ¡No, señor! Por el contrario, para que seamos responsables de nuestro porvenir y asumamos, de una vez por todas, hacia dónde queremos conducir la historia cotidiana antes de que otros u otras, lo decidan por nosotros, en nombre de nosotros y, supuestamente, a favor o en beneficio de nosotros, cuando en realidad, siempre somos los últimos beneficiarios.
Ahora bien, gobernar, es antónimo o contrario a obedecer, recibir ordenes o morir callado Gobernar, sobre todo si es con mayúscula, es sinónimo de: dirigir, administrar, regir, cuidar, presidir, conducir, encabezar y, en definitiva: mandar. Por eso el slogan que se hizo popular, “Con Chávez manda el pueblo”, aunque quizás lo correcto sería decir: “Con el pueblo gobierna Chávez”, es decir, hacer uso del con, como una preposición, que enjunta, que unifica, solidifica e identifica, plenamente, al líder con la masa popular. Pueblo y líder, fundidos en una misma emoción de libertad, en un mismo sentimiento de amor a la vida, en una misma esperanza por trascender y diluir los problemas y necesidades de la cotidianidad del obrero, del campesino y del que labra la tierra, del ama de casa, del poeta, del intelectual, del militar patriota, del cura verdaderamente comprometido con la palabra de Cristo redentor, del buhonero que se confunde con el que suda y trabaja en los semáforos llamando nuestra atención, del niño y niña que deambula sin destino en la calle, del hambriento, en fin, de esos hombres y esas mujeres que conforman el conjunto extensivo que llamamos ¡Pueblo!
Venezuela, tiene la oportunidad, como nunca otro país la ha tenido, de ser gobernada por los de abajo, los "pata en el suelo", los "cotizuos", los "hediondos" … ayudados por los que han comprendido que, viniendo de allí, de esa extracción de clase, están obligados, como buenos hijos, a ser agradecidos con sus padres y sus hermanos.
Por eso señores Alcaldes, Gobernadores y Presidente, preparen a su pueblo y preparense ustedes, para ser gobernados y para gobernar al lado del pueblo, a través de los consejos comunales. Para que gobierne verdaderamente el pueblo. Para ello, se hace indispensable, previamente, entrenar, formar y capacitar al pueblo en el arte, las ciencias y las técnicas del buen gobierno. Sino, estaremos promoviendo la democratización de un poder oficialista que se resistirá a perderlo, como hoy se resisten los Alcaldes, los Gobernadores, los Diputados, y los Concejales. Por ello, todo el poder para el pueblo, es una consigna válida, siempre y cuando se planifique bien esta transferencia, de lo contrario reinaría la anarquía al multiplicarse los jefes, los presidentes de comunas, los voceros con autoridad suprema y paremos de contar. Podrían aparecer nuevos caudillos, jefes militares, guapetones de la comarca, en definitiva, grupos oficiales, con gorras y charreteras de oficiales, con ansias y deseos de mantenerse en el poder, como todo buen representante del grupo oficial y, por supuesto, con las características propias del oficial. Y como todo en la vida, frente a una acción, surgirá una reacción y con ello brotará del mismo pueblo organizado el “anti-oficialismo”, con deseos de tumbar, derrocar, derrotar y hacer suyo el trofeo oficialista. En medio de ambos una masa retraída, acomodaticia, oscilante y hasta indiferente de pueblo, esperando pasiva y pacientemente a favor de quien se resuelve el juego. De ser así, estaríamos haciendo un flaco favor a nuestro pueblo, si no lo educamos previamente para aprender y aprehender a manejar inteligentemente el juego triádico entre el ser, el poder y el poseer, y el que se da entre el grupo oficial, que comanda el proceso, el grupo anti-oficial que se le opone y el grupo oscilante que juega según las conveniencias. Estamos obligados a enseñarles como se expresa en la realidad social, el juego del poder triádico cerebral. Porque la conducción y la administración, así como el arte (cerebro derecho), la ciencia (cerebro izquierdo) y las técnicas y tecnologías (cerebro central operativo) del buen gobierno, deben y tienen que ser previamente dominadas por la población humilde y sencilla. De lo contrario, multiplicaremos por mil, nuestros malos e ineficientes gobiernos.
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