La jungla humana

Nunca hemos vivido tiempos de tanta zozobra, tan inciertos, tan inquietantes, tan… se diría espeluznantes. Frente a esta situación no caben más que dos opciones: o sigues paso a paso aluviones de información/desinformación, noticias que no sabes, cuando llegan a tu conocimiento, si son sesgadas, verdaderas o falsas y por eso eliges las fuentes que más se acomoden a tus deseos de odiar, o te cierras a que entre en tu cabeza cualquier noticia que seguro procede de la manipulación de las numerosas Agencias de prensa.

Esto también depende mucho de las franjas de edad. Pues ni niños, ni adolescentes, ni siquiera jóvenes saben nada, ni quieren saber nada, de lo que pueda suceder en el mundo, ni de lo mucho que se "informa" en los noticiarios sobre tanto avatar como para dejarnos aturdidos. Incluso personas comprometidas previamente con una causa política o ideológica, si son sanas de cuerpo y de espíritu procurarán desentenderse. Esta, la que vivimos, es una situación propicia para mayores. Como lo fue la larga aventura de la pandemia. También lo es para personas desmotivadas y para ociosos enfermizos que se recrean en lo que los canales informativos centrifugan para el público mundial. Pues incluso la idea y el riesgo de una deflagración nuclear excitará a tanta gente cansada de sufrir y harta de vivir… No para personas que se procuran el máximo sosiego a través de distintos estímulos ajenos a esa toxicidad; generalmente naturistas, lúdicos, deportistas o artísticos. Desde luego a quienes hemos superado los 80, la generación más feliz hasta ahora en España, terminar la vida colectivamente por un holocausto mundial provocado por una guerra nuclear, o fulminados por un aerolito, no deja de ser a priori un modo interesante de abandonar esta vida tan poco atractiva y tan poco esperanzada para la mayoría de la gente.

La jungla humana es una sucesión intermitente entre unas épocas tranquilas o relativamente tranquilas y creativas, y épocas convulsas, que han sido hasta ayer mayoría. Guerras, sublevaciones, revoluciones, golpes de estado, crímenes, miseria y sufrimiento por todas partes, tedio, asco, depresión, miedo… en unos países más que en otros, son los estados normales en comparación con los periodos bonancibles. Las generaciones actuales no pueden, como las ancianas, hacer planes más allá de un día para otro o a lo sumo de una semana. No pueden siquiera ilusionarse con la maternidad/paternidad, pues traer hijos al mundo es tan peligroso para ellos que el acto de procrear se convierte en un acto de egoísmo superlativo.

La jungla humana, con un caótico estado de cosas en embajadas y centros neurálgicos de poder de cada país y del mundo, ya, más que parecerse, es una jungla en sentido literal donde sólo los grandes depredadores tendrán opciones de sobrevivir…



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Jaime Richart

Antropólogo y jurista.

 richart.jaime@gmail.com      @jjaimerichart

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