Del socialismo de Chávez al triunfo de la decadencia moral

El comandante Hugo Chávez, presidente de Venezuela desde el año 1998 hasta el 2013 partió en dos la historia contemporánea de Venezuela. Su ejemplo, su discurso, su verbo, lo convirtieron en un líder en su país y en el mundo. Sabía llegarle a las masas, con valores éticos y morales, indispensables para encaminar la revolución. Logró concienciar al pueblo y a los países de la región acerca de la importancia de ir hacia la transformación del socialismo como único sistema capaz de salvar a la humanidad y su trascendencia a nivel global. Lo cambios profundos suscitados se convirtieron en una estructura filosófica e ideológica, en cuanto a la visión teórica y práctica de lo que él denominó democracia participativa, protagónica, socialista del Siglo XXI, que no es más que darle al pueblo el mayor bienestar social, la mayor suma de felicidad posible. Chávez se convirtió en el mesías no solo de Venezuela, también fue el salvador de la crisis económica de Argentina, el impulsor del alfabetismo en Bolivia, el rescatista de los rehenes que tenían las FARC, el amparador de los colombianos que buscaron refugio en el país por su salud y por sus vidas, el solidario con Ecuador y Cuba; el que derrotó con azufre a Bush en la ONU y luego con la ALBA; en fin, fue referencia mundial de lo que debe ser un verdadero y auténtico líder político para el bienestar de los pueblos, para la lucha y consciencia de los pueblos, empuñando las banderas del socialismo con el gigante Bolívar, con la firmeza de que otro mundo es posible, de que una civilización ética y moral es viable. El socialismo de Chávez: el proyecto Bolivariano, plasmado en el Plan de la Patria, es el arma más preciada con que cuentan los movimientos de izquierda para el cambio que se está imponiendo.

No obstante, si la Venezuela de Chávez fue referencia moral, política, ideológica y antiimperialista hoy está sumergido en una profunda crisis que está aflorando con más profundidad desde el pasado proceso electoral vivido en noviembre. Este evento fue la gota que derramó el vaso, estamos pisando fondo, aunque lo peor aún está por ocurrir. Estamos pasando del Socialismo de Chávez al triunfo de la decadencia moral dominada por el gobierno, por el PSUV, por el TSJ y por los nuevos líderes que se impusieron en estas elecciones. Podemos notar dos Venezuela muy distinta a la que desde el año 2013 nos dejó encaminada Chávez (llena de un cúmulo de sueños por realizar) a la Venezuela de hoy, debido al capricho de los que les tocó continuar con el timón de no continuar con el proyecto Bolivariano Socialista. Diversidad de ejemplos hay que lejos están de un cuadro revolucionario: las elecciones en Barinas merece la pena destacar por múltiples variables por ser el estado del comandante. El gobernador era su hermano y buscaba la reelección, pero quien resultó ganador fue un opositor. El triunfo de este luego de habilitarlo el gobierno con sus pactos "mal acordados", de manera inmoral el TSJ lo inhabilitó, generando así un conflicto de poderes con el CNE. Es la participación electoral que ha evidenciado el rechazo al gobierno de Maduro. Ambas candidaturas eran inmorales, ya que es tan deshonesto haber habilitado al susodicho por las denuncias de corrupción como haber impuesto al otro; pero en todo caso se debía respetar la decisión del soberano porque bajo estas circunstancias el mismo gobierno y su partido incidieron para que el pueblo barinés votara en repudio del abandono a que fue objeto por Argenis para favorecer al corrupto de Superlano; pero al CNE se le "olvidó" que estaba inhabilitado, por eso llaman a nuevas elecciones para enero, condicionado por el TSJ. Estas elecciones estremecen el escenario político y el principio moral pasa por debajo de la mesa, en virtud de que inhabilitan ahora a la esposa del opositor y al aspirante por el PCV para este nuevo evento; no se inhabilita ni a Arreaza ni a Fermín que no viven en Barinas. Se deja en evidencia la actitud parcializada del TSJ que descalifica al ganador sin derecho a la defensa e inhabilita a quien no le gusta al gobierno. Por cierto, el TSJ no ha inhabilitado a la presidenta del Consejo Legislativo de Portuguesa quien es la esposa del gobernador electo. En la administración pública solo los pendejos no pueden trabajar con familiares directos o esposos en un área que tenga relación con las actividades legales, económicas, financieras o presupuestarias. En el caso de Portuguesa esto "será normal" por no decir inmoral.

Es muy lamentable el retroceso que ha tenido la revolución. Jamás la expresión de Maquiavelo "el fin justifica los medios" puede ser tan inmoral en esta coyuntura si el gobierno y el PSUV aplica esta máxima porque los efectos son de hecho ya perjudiciales. Gracias a Chávez el pueblo venezolano pudo ir a varios procesos electorales con una altísima consciencia. Por esta razón obligar a un elector de izquierda a votar en contra de los principios socialistas es muy bajo; incitar al elector, a votar por un psuvista corrupto, o por un opositor que haya sido inhabilitado es un gran retroceso para la revolución; peor aún, obligar a un elector a votar en contra de lo que dicte su moral es tan peligroso como darle un arma porque atenta contra sí mismo moralmente, contra la Carta Magna, porque lo hace cómplice de un acto que no podrá revertir. Decía Bolívar "moral y luces son los polos de una república", aquí los dos polos se traspusieron por la inmoralidad y la oscuridad. El problema no es el capitalismo en sí, sino que te hagas parte de el para engañar al pueblo para sobreponer los intereses; el problema es la inmoralidad de los nuevos boliburgueses. Cuando un presidente obrero avala discursos de un gobernador aupando a la propiedad privada, a la privatización de los servicios básicos, entonces algo grave está pasando. Estamos en presencia del síndrome de Stephen Candie (los obreros que defienden los privilegios del patrón), donde el burgués son las empresas transnacionales, el imperio, los esclavistas, para que la explotación y la lucha de clase continúen. Estamos tocando fondo, el poder oscuro penetró en las filas de la revolución; Maduro está en un zarzal, enredado por su propia soberbia de no escuchar y negarse a seguir la misión que le encomendó Chávez y un pueblo que confió en él.

Estamos en presencia de una muy peligrosa disyuntiva política afectada en lo moral y en lo ético, que nos impone un chavismo sin Chávez; pretendiendo silenciar a los que por diversas razones tienen opiniones adversas, como ha sido el caso del PCV. El poder de la decadencia moral ha sido tan contundente que ha erosionado brutalmente las simientes del proceso revolucionario, que fue un ejemplo para los movimientos sociales del mundo, para lo cual hay cabida para la ausencia de principios por el afán desbordado de la riqueza fácil, de la construcción de la burguesía revolucionaria y seguir el engaño para el pueblo. Seguir con esta postura antichavista es más inmoral todavía. La izquierda despierta reclama volver a Chávez, hacia el socialismo del Siglo XXI, el arma más preciada con que cuenta la Patria Grande para colocarnos nuevamente a la vanguardia de la lucha anticolonial, contra las imposiciones neoliberales, que se abra los espacios a la autocrítica, al consenso y el disenso. Es la hora de la rectificación con todos los sectores de la izquierda para levantar la moral, pues un pueblo cuyos líderes carezcan de esto lo destinarán a su opresión. Como Vicente Salias, Gritemos con brío: "muera la opresión".



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Esmeralda García Ramírez

Licenciada en Administración Articulista

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