Hablemos de la inflación y otras hierbas

Quiero hacerles una aclaratoria a mis lectores, este artículo fue escrito el viernes pasado, antes de que el gobierno dictara las nuevas medidas económicas para combatir la inflación y reducir la liquidez monetaria. Es muy placentero ver que lo que yo visualizaba como un problema urgente a atacar también está en la agenda del gobierno. Aún cuando, ya el gobierno anunció unas medidas, creo que la validez del artículo sigue vigente.

Mis queridos lectores, retomo mi actividad de escribir en esta página y torturar a aquellos que se toman la molestia de leer mis artículos. En esta ocasión hablaremos de la inflación y la razón para ello es una visita al supermercado que hice con mi hijo para hacer la compra semanal de víveres. Aún lo escucho diciéndome a cada rato, mira pure, mil bolos más en este producto, pure, dos mil bolos más en este, y así sucesivamente. Al llegar a la caja noté un incremento sensible en el valor de mi compra semanal.

Quiero señalar que eso me preocupó, la inflación que no pudo dominarse el año pasado, pareciera ser que se desbocó en estos comienzos de año. La cuestión se vuelve más preocupante cuando tomamos en cuenta que una inflación de 15% no es desdeñable, más aún, cuando este índice está compuesto por un conjunto de productos diversos, y si analizamos aquellos que pertenecen a la cesta básica, nos damos cuenta que el índice inflacionario es mucho mayor, y agreguemos otro ingrediente, los sectores de más bajos recursos gastan sus ingresos en una elevada proporción en alimentación, quedándoles muy poco para otros gastos.

También quiero puntualizar que estoy convencido de que la inflación es uno de los enemigos importantes que este proceso debe vencer, a riesgo de que si no lo logra, el apoyo popular puede mermar. Para ilustrar esta situación, les contaré una anécdota un tanto amarga que presencié en el Chile de Allende. Un día cualquiera, la muchacha de servicio que había trabajado muchos años en la casa de mis padres, fue de visita y nos contó, que ella y su esposo habían estado reuniendo con mucho esfuerzo, el dinero para comprar una nevera, el día que habían logrado reunir el dinero, salieron corriendo a la tienda, sacaron los realitos y los pusieron en el mostrador, radiantes de felicidad, el vendedor los miró y les dijo con frialdad, que lamentablemente habían llegado tarde porque la nevera había aumentado de precio al doble. Ambos llegaron a su rancho, lloraron amargamente, y el esposo en un arranque de rabia e impotencia sacó de su cartera el carnet del partido socialista y lo rompió en todos los pedazos que pudo y los arrojó al piso de tierra.

Durante el primer año de gobierno de la Unidad Popular en Chile, la inflación fue de cero pro ciento, si leyeron bien, cero por ciento. Cabe destacar que incluso este éxito hizo que en unas elecciones municipales, la izquierda sacará un 50% de la votación, Allende había ganado la presidencia con un 36% y sólo 40 mil votos de diferencia de su rival de derecha.

Una política de incremento de salarios y aumento del poder adquisitivo, había hecho su efecto en una economía estancada, la presión de la demanda había reactivado el aparato productivo generando un incremento en la oferta de bienes y servicios que no produjo inflación. Pero tanta maravilla no duró, y luego la inflación se disparó, llegando hasta un 800% anual. La razón fue muy sencilla, a pesar de que el poder adquisitivo de las clases bajas aumentaba, el sector industrial y agrícola dejó de aumentar la producción. Había mucha demanda y poca oferta, de ahí se pasó a la especulación, el acaparamiento y el mercado negro, donde los productos se vendían en cinco y hasta 10 veces más que el precio oficial.

Esta situación le restó mucho apoyo al gobierno de Allende, los industriales y comerciantes boicotearon el proceso chileno por dos razones: una política, su posición contraria al socialismo, y en segundo lugar, por el temor a la estatización de sus empresas. En Chile se dio un proceso de nacionalización de empresas estratégicas, pero el proceso se le fue de las manos al gobierno, y los trabajadores de muchas empresas que no podemos calificar de estratégicas, expulsaron a los dueños, izaron una bandera chilena en las instalaciones y solicitaron al gobierno, un interventor para conformar una junta de administración con los obreros. El proceso se volvió anárquico y los resultados todos los conocemos, la pérdida de la democracia, el ascenso al poder de una dictadura fascista, muertos y desaparecidos.

En estos momentos estoy viendo el mismo fenómeno en Venezuela, inflación, desabastecimiento, acaparamiento, especulación y mercado negro. Quiero alertar que estos componentes son explosivos y extremadamente peligrosos para el proceso revolucionario. Quiero decirles también, que cuando se montó la dictadura de Pinochet, y la Junta Militar amenazó con meter preso a todo comerciante e industrial que tuviera productos acaparados, el desabastecimiento desapareció de un día para otro y en los anaqueles había de todo: azúcar, harina, aceite, cigarrillos, pollos, carne, etc.

En definitiva, creo que el gobierno debe fijar muy bien su política en lo que se refiere a nacionalizaciones de empresas estratégicas. Definir de una vez por todas las empresas que serán nacionalizadas y una vez que las anuncie, que señale claramente que esa lista no tendrá más adiciones. Creo que es necesario mandar un mensaje inequívoco a la clase empresarial venezolana, que el socialismo del siglo 21 permitirá la existencia de la empresa privada, y que esta sólo debe atenerse a pagar religiosamente las obligaciones que le fija la ley como en cualquier país organizado. Y que por lo tanto, sin temor alguno, aprovechen el momento actual de un crecimiento sostenido de la demanda para invertir y aumentar la producción de bienes y servicios.

Hay algo que siempre le repito a todos los compañeros, amigos míos no pensemos que este proceso revolucionario es irreversible, porque no lo es, sería creo yo, arrogante pensar que todo lo que se ha ganado en pro de una mayor justicia y equidad social no puede ser borrado de un plumazo, y para muestra un botón, si un proceso como el de la URSS que tenía 70 años pudo ser desbaratado de un día para otro, que queda para uno que apenas lleva 8 años.

Compañeros, estamos bailando en la cuerda floja aún, y debemos estar muy alertas para dar soluciones a problemas como la inflación, la corrupción y la falta de soberanía alimenticia. Y en este sentido, invoco a Marx, la superestructura ideológica se construye sobre una infraestructura material sólida, si no es así, no habrá conciencia revolucionaria, ni hombre nuevo, ni refundación ética que valga.


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Hernan Torres


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