Castillo y su disfrazado, xenofóbico, mensaje anti venezolano. Sutil forma de tranquilizar a EEUU

Los cumaneses de mi tiempo solíamos decir "no te metas para que no aparezcas".

Significaba eso muchas cosas. Depende de las circunstancias. Como "eso no es asunto tuyo", "es algo demasiado riesgoso y no te hace bien enredarte" y también, "eso es mucho camisón Pa` Petra". Es decir, no asumas ese compromiso porque está por encima de tus posibilidades y corres el riesgo de perder mucho, quedar mal, hasta en ridículo y hacer bastante daño. Y es mejor pasar agachado que hacerse responsable de injusticias y descalabros por imprudente o demasiado "asomao".

Los venezolanos hemos sido muy poco afortunados al momento de ser juzgados o simplemente recibidos por nuestros compatriotas de la patria grande. Y eso viene desde los tiempos de Bolívar. Cuando disponíamos del mayor ingreso que cualquier otro país de ella, lo que fue hasta hace muy poco, fuimos generosamente receptores de todo aquel que aquí quisiese venir a construir su vida. En aquellas circunstancias y cuando es muy grande la ola de gente que se mueve de un sitio a otro, es inevitable que, en ella, se mezcle genta del hampa que, en todo nuestro continente abunda, desechos muy propios del modelo que nos es común, con trabajadores de diferentes niveles y dispuestos a prestar sus mejores servicios.

No hay duda que, varios países de este espacio americano nuestro, han recibido buena parte de la delincuencia que aquí generó el modelo capitalista dependiente y por haber sido por años, muchos años, "la tierra prometida", hacia la cual se dirigía gran parte del universo de todos los aquellos que, por distintas razones, sentían necesidad de salir de su país. Sólo Colombia, nuestro vecino, tiene aquí, de los nacidos allá, sin incluir sus descendientes que son venezolanos, un poco más de unos tres millones de nacionales. No obstante, desde hace años, allá, al venezolano, se le llama "Veneco". Y esta palabra, lo sé desde hace 60 años, es una peyorativa que hace alusión a nuestras madres.

Para ser justo, ningún gobierno o gobernante de este país, ha pronunciado siquiera una palabra contra esa ola migratoria, pese que en ella también llegó una buena parte de delincuentes y muy violentos, por cierto. Que sepa, en la contienda política venezolana, habiendo graves y abundantes brotes de actos delincuenciales, en veces por demás violentos, generados por personas venidas de fuera y del conocimiento del común de la gente, ningún político hizo campaña u oferta de esas xenofóbicas que ahora se hacen en países vecinos.

Comenzando la campaña electoral en Perú, esta que terminó con la elección de Pedro Castillo, supimos de la oferta de un candidato absolutamente desconocido, que ofrecía expulsar de su país en 72 horas "a todos los venezolanos". No habló de delincuentes, habló de venezolanos. Allá empezaba a pesar la ventaja competitiva que en el frente de trabaja ostentaban nuestros compatriotas. Me enteré de ella y aquello en principio me produjo risa. La atribuí a unos de esos candidatos fascistas, sin respaldo popular, que hacía aquella morisqueta para llamar la atención.

Conocidos los resultados de la primera vuelta, supimos que un tal Pedro Castillo, a quien la noticia señalaba como alguien que tuvo vínculos con "Sendero Luminoso", porque así operan los medios de información que le sirven a la ultraderecha y al imperialismo, el exterminado grupo guerrillero liderado por Abimael Guzmán, aún preso desde los tiempos de Fujimori, había obtenido la máxima votación entre los 18 candidatos, aunque alcanzó un porcentaje muy bajo. Como también supimos, era el mismo candidato que había hecho aquella curiosa oferta xenofóbica y particularmente anti venezolana.

Como en este mundo hay de todo, el discurso aguanta todo y hemos visto tantas cosas, no nos produjo mucha extrañeza que alguien calificado de izquierda hiciese esa oferta, dado que esos gestos anidan mucho en el extremismo que, no por casualidad, suele estar asociado a la ignorancia. "Izquierdistas" xenofóbicos y hasta homofóbicos, hay como en la derecha.

He puesto la palabra izquierdistas entre comillas, porque abunda mucha gente que cree ser eso partiendo de dos o tres referencias muy mal fundamentadas. Como una posición antimperialista que usted descubre que no es tal sino xenofóbica o un anticapitalismo que se nutre de la envidia y la frustración. O en el menor de los casos, como por seguir la corriente, repitiendo al caletre o imitando lo que se escucha en el grupo donde se está insertado.

Lo cierto es que Pedro Castillo, con aquel supuesto historial y en verdad siendo un simple maestro de escuela rural y propuesto por un pequeño partido regional, como lo dijo en su discurso de toma de posesión, ahora es el presidente de Perú. Esto último es bastante para que la oligarquía peruana y la Casa Blanca, prendan las alarmas y se desplieguen en ofensiva en el campo de batalla.

Castillo, sin que nadie se lo pregunte, pero como quien se cree acusado de haber cometido "espantosos" pecados y por demás "capitales", anda como a lo loco ofreciendo disculpas y explicaciones como que él "no es comunista, chavista ni terrorista". Explicación misma que es un convalidar la falsa acusación que todo eso es lo mismo y por supuesto, también lo es ser de izquierda y antimperialista.

En su discurso de toma de posesión que escuché hasta con exagerada atención buscando pistas, tomé nota de algunas pocas cosas. Lo primero que me llamó la atención es que, estando allí presente, en el cerrado espacio donde se efectuó aquel acto, el expresidente de Bolivia y dirigente popular e indígena, antimperialista y latinoamericanista, Evo Morales y, no obstante, Castillo, cosa nada frecuente en esos actos y menos en nuestro particular mundo, no le saludó o mencionó en su discurso.

Quizás, para muchos, eso pasó desapercibido, pero sabiendo este servidor, desde el día anterior, que Evo había llegado a Perú por la frontera entre ambos países, por su carácter de expresidente, solidario desde un principio con Castillo y expresión como él mismo de la raza indígena de aquel inmenso espacio suramericano, esperaba que el nuevo presidente del país de los incas, a aquel nombrase y, de no hacerlo, sería como un gesto muy significativo y sobre todo un mensaje nada difícil de descifrar para la Casa Blanca, pera también para nosotros.

Del discurso de Castillo no hay nada trascendente, salvo una. Fue uno como de los habituales de los tantos presidentes que en el Perú ha habido. Habló de cifras, de aumentos presupuestarios para salud, educación y empleo y que se propone sacar a Perú del estancamiento, con el aval que el nuevo presidente viene de las clases humildes. Pero se cuidó de hacer alguna definición sustancial tanto en lo interno como lo externo. La política latinoamericana y lo que su gobierno se propone asumir en ese sentido nada dijo, lo que cualquiera puede interpretar como mejor le convenga. Como se pudiera decir que fue demasiado cuidadoso de no meterse en camisas de once varas desde el momento mismo que asumió el gobierno. Pero si dijo cosas superficiales que suelen llamar la atención, son aplaudidas y a las que se les da un valor que no tienen, por lo exhibicionista, como que no despachará o vivirá en el Palacio de Pizarro, donde en los tiempos coloniales lo hizo la autoridad española y los gobiernos republicanos, democráticos y dictatoriales.

No habló para nada del modelo existente en el Perú y en América Latina y de los anhelos y necesidad de estos pueblos en hermanarse. Fue como demasiado cuidadoso, para no decir otra cosa.

Pero uno siente que Pedro Castillo tiene en sus costillas el puñal de Pizarro. Le punzaron desde que llegó al frente en la primera vuelta en las elecciones presidenciales, dándole aquellos calificativos que mencionamos al principio. Le pincharon más hondo cuando le ganó a la Fujimori y pese saberse con suficiencia los resultados, le tuvieron largo tiempo en suspenso como para que midiese bien los riesgos que corría y lo que pudiera pasarle si intenta traspasar el espacio permitido.

Horas antes de su toma de posesión Anthony Blinken, jefe de la diplomacia de Biden, le mandó un mensaje nada subliminal donde le señala el camino.

Uno no sabe en que terminará esto, pero es bueno medir, darle el verdadero valor que eso tiene, como Pedro Castillo, hasta irresponsablemente, da 72 horas "a los delincuentes extranjeros" para que abandonen su país. No dice qué hará con quien eso no cumpla. Pero si empatamos esta frase con la que dijo cuándo fue candidato en la primera vuelta contra los venezolanos, no es difícil que en la policía y hasta en el pueblo peruano, donde el sentimiento xenofóbico está desatado contra los venezolanos, se redimensione y entonces vean, en cada compatriota nuestro que allá está, un vulgar delincuente.

Pero el asunto pudiera tener otra cara más allá de la disposición de luchar contra la delincuencia sin importar incurrir en injusticias y xenofobia. Esa pudiera ser la poca delicada manera que encontró Castillo para enviar a la Casa Blanca su mensaje, como que cuenten con él para todo lo que le propuso[ED1] Anthony Blinken.

Si el lector quiere saber qué fue lo propuesto por el diplomático norteamericano, le invito a leer mi anterior artículo siguiendo este enlace: https://www.aporrea.org/ideologia/a304576.html

 


 

 

[ED1]

 

 

 

 

 



Esta nota ha sido leída aproximadamente 1809 veces.



Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

Visite el perfil de Eligio Damas para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: