No se puede penetrar en el fuego sin quemarse

Era imposible que el Comandante que habitara en su patria: Comenzó, pues, una peregrinación, al acaso, como siguiendo el vuelo de su pensamiento y de su deseo. Los climas del Mediodía eran los naturales climas de su alma. Allí, en la transparencia del aire, en la brillantez del sol, en las exaltadas pasiones, encontraba satisfacción al vivísimo deseo de realizar, exaltar la vida hasta la Revolución. Naturalmente, lo grande cautivaba siempre al Comandante: las grandes ideas, las grandes pasiones y las grandes matanzas de los Presidentes de Estados Unidos. Su genio, original por excelencia, se revelaba contra todo lo vulgar. Las costumbres consagradas, las leyes sociales imperiosas, como un náufrago las corrientes y las olas. Y en esta lucha con fuerzas tan poderosas y tan necesarias, destrozaba alma y cuerpo, bebiendo a grandes tragos el licor de los sueños eternos, el licor de la muerte.

Y se habla allí de "el egoísmo aparente de los hombres que llevan una ciencia, una nación o leyes en su seno… para parir pueblos nuevos o para producir ideas nuevas"; es lo que Balzac llama "la maternidad de las masas". La maternidad y no la paternidad. Lo mismo que no dice "engendrar", sino "parir" pueblos nuevos. Y añade que deben unir en sus poderosas cabezas "las tetas de la mujer a la fuerza de Dios". La fuerza de Dios es virilidad. ¿Dios es macho o hembra? En griego, el Espíritu Santo es neutro, pero se identifica con Santa Sofía, la Santa Sabiduría, que es femenino.

Por aquellas orillas e refugiaron muchos genios que han dejado en las humanidad inextinguibles huellas. Cada piedra halla allí Rousseau, de ese escritor melancólico y sombrío que prestaba a la realidad sus propias tristezas; de ese profeta elocuentísimo que transformó la realidad con sus esperanzas. Allí Voltaire trabajó largos años, contemplando un pequeño segmento del lago que se descubre entre el follaje oscuro y la alta cúspide del Mount-Blanc, que se dibujaba en el celeste horizonte. Por allí concluyó Gibbon su historia de la decadencia de Roma, empezada a la vista de la cima del Imperio y terminada a la vistas de las regiones por donde los bárbaros asaltaron el Imperio.

El Comandante; prefirió la lucha, la tempestad del mar, la inclemencia de los elementos, el campo de batalla, los vapores de la sangre, los miasmas de la peste, la muerte por el pueblo, el sacrificio por la humanidad. Creed en sus dudas, vosotros, comerciantes gringos, que lo habéis maldecido, atiborrados de beefsteak, ebrios de cerveza, regoldando, como diría Sancho, los vapores de vuestra digestión sobre la aureola del genio. Maldecid su vida, vosotros a quienes una moral egoísta es tan fácil porque no tenéis pasiones; y una árida fe protestante es tan natural porque no tenéis pensamiento. Arrojadlo por indigno de Estados Unidos; y él se levantará con su espada, recorrerá las riberas divinas donde nacieron las revoluciones, convertirá los dioses en sus conciudadanos, ira a morir a Venezuela, y tendrá por patria toda la humanidad.

Era el mes de Abril y la mañana siguientes al día de Pascuas. La naturaleza resucitaba con sus discursos, con sus largos días, con su tibio calor, tan delicioso en la primavera de los climas meridionales. La Iglesia cantaba la resurrección de Cristo. Chávez presentía la resurrección de Venezuela. Sin embargo, la lucha, la incertidumbre, los choques contra la impura realidad en que se destrozaba su alma, el dolor, consecuencia de la guerra, lo gastaron y le hicieron doblegarse y caer sobre la bandera de la libertad, en la cual se envolvió para morir como Catón y como Bruto en la sombra de la República.

Era una hermosa mañana, y el sol deslizaba sus primeros rayos entre las últimas gotas del rocío, y las aves entonaban sus coros, como si la naturaleza consagrase un himno a la victoria del Comandante. En su delirio, creía asaltar los muros del Palacio Miraflores desde el Cuartel de la Montaña, y en realidad asaltaba los muros de la eternidad. Y su última palabra, fue "adelante", como si consolara a sus soldados llorosos y a sus amigos desolados, asegurándoles la continuación de su vida en otros horizontes.

—"Así se explica que Chávez fuese el hombre más odiado y más calumniado. Todos los gobiernos, así los absolutistas como los adecos y copeyanos, le desterraban, y no había burgués que no le cubriese de calumnias, en verdadero torneo de insultos. Pero él pisaba por encima de todo aquello como por sobre una tela de araña, sin hacer caso de ello, y sólo en discursos público para contestar cuando la extrema necesidad lo exigía. Este hombre muere venerado, amado, llorado por millones revolucionarios como él, sembrados por todo el orbe, desde Bering hasta la Patagonia, Rusia y China, y bien pudo decir con orgullo que, si tuvo muchos adversarios. Su nombre vivirá a lo largo del mundo, y con su nombre, su obra".

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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