¿Qué es la libertad de expresión?



Un derecho, un deber, un privilegio, una facultad, una oportunidad, una bendición o una maldición. Es difícil explicar qué es la libertad y es muy difícil explicar qué es la expresión, por lo que explicar qué es la libertad de expresión es un hueso muy duro de roer, muy duro de comprender, muy duro de olvidar.

Durante mis cinco años como estudiante de periodismo en La Universidad del Zulia (LUZ), nunca me explicaron el significado de la libertad de expresión. Los profesores me explicaron el significado de la libertad, y las profesoras me explicaron el significado de la expresión, pero ningún maestro universitario me explicó el significado de la libertad de expresión en ningún salón de clases.

Si la libertad de expresión es un secreto, nadie me reveló el sacro secreto comunicacional, y aunque como estudiante me sentía libre de levantar la mano y expresarme en público, la verdad, es que mi libertad estaba condicionada por la opinión del profesor, quien decidía si mi expresión era correcta o incorrecta.

Durante mi juventud, todavía recuerdo que los domingos yo leía toda la prensa escrita venezolana, y sinceramente, yo jamás comprendí cómo era posible que los artículos publicados en las páginas dedicadas al género de la opinión, siempre encajaban perfectamente con el espacio y con el tiempo de los periódicos.

La libertad de expresión nunca jamás puede ser perfecta. A veces es muy larga, a veces es muy corta, a veces tira por la izquierda, a veces se arrastra por la derecha, a veces se equivoca con su acento, a veces se queda sin gasolina, a veces se llena de verbos, a veces se queda sin adjetivos, en fin, la libertad de expresión es una cosa imperfecta, y quien diga lo contrario, es un esclavo de sus mentiras.

Todo el contenido de las páginas de opinión de los diarios impresos venezolanos de circulación nacional, era tan estructuralmente perfecto, tan estéticamente perfecto y tan periodísticamente perfecto, que yo siempre pensé que los artículos publicados por articulistas de reconocidos diarios como El Nacional y El Universal, realmente eran textos impresos totalmente editados, maquillados y acortados por los editores de los medios de comunicación venezolanos, para que todas las palabritas que reflejaban las falsas opiniones humanas, encajaran perfectamente con las políticas editoriales de los periódicos supuestamente libres.

Pero el precio a pagar por tanta edición de los artículos impresos dominicales, era nada más y nada menos que la total coerción de la libertad de expresión, la cual era tristemente aceptada por los legendarios articulistas venezolanos, que aceptaban recibir los “tijeretazos” que sufrirían sus textos de opinión, a cambio de publicar sus ególatras opiniones en los medios más prestigiosos de Venezuela.

Te quitaban un párrafo que estorbaba, te cambiaban el sentido de una oración, te suprimían un punto y seguido, te convertían la coma en signo de interrogación, te cambiaban la pirámide invertida por el invertido yunque, te ponían sí cuando usted había dicho no, y supuestamente nosotros los lectores venezolanos, leíamos las honestas y sagaces “opiniones” de los mejores articulistas del país, que ejercían el derecho a la libertad de expresión con sus inexpresivas palabras.

En los medios impresos venezolanos nunca existió libertad de expresión, porque la libertad de expresión es todo o nada, porque no podemos decir que había relativamente libertad de expresión, y porque tampoco podemos decir que había medianamente libertad de expresión en los periódicos impresos venezolanos.

Mis hermanos lectores, la libertad de expresión es todo o nada, porque si yo escribo un artículo de cinco mil palabras, y el periódico decide publicar cuatro mil novecientas noventa y nueve de mis palabras, pues mi derecho a la libertad de expresión fue totalmente censurado por el diario, y es muy probable que esa palabrita que el dueño del medio no quiso publicar, era la piedra angular que sostendría todo el contenido de un artículo, incomprendido por todos los lectores.

Si los lectores venezolanos siguen incomprendiendo el significado de la libertad de expresión, es por culpa de los medios de comunicación privados de Venezuela, que convirtieron a la libertad de expresión en un lucrativo negocio redondo, donde la libertad de expresarse iba intrínsecamente acompañada por la libertad de comprar Harina PAN en los supermercados Cada y Victoria, por la libertad de reír viendo las vulgaridades de Cheverísimo en Venevisión, por la libertad de perder la dignidad comiendo pan dentro de un pan y circo venezolano.

Tras graduarme como periodista en LUZ, yo descubrí que la libertad de expresión no se puede aprender en las cuatro calurosas paredes de una fría aula de clases, y también descubrí que nadie puede explicar qué es la libertad de expresión, porque cada persona tiene un concepto propio de la libertad, cada persona tiene su propio concepto de la expresión, y cada persona tiene su propio intelecto.

Mi libertad puede ser opresión para usted, y la expresión de mi vecino puede ser para mí, una completa y absurda inexpresión, por lo que la libertad de expresión es muy subjetiva, es muy sugestionable, es naturalmente caprichosa y penetrable.

La libertad de expresión es como el coito, una irresistible tentación para el minero, que cava un hoyo profundo en la Tierra para sentirse libre, pero a veces por cavar más de la cuenta, el minero puede terminar preso, enfermo o muerto.

A veces la libertad de expresión puede terminar siendo un libertinaje sin expresión, porque el minero siempre quiere todo el oro, todo el orgasmo y todo el tesoro, pero cuando finalmente consiga toda la libertad de la vida, el minero se sentirá como la persona más miserable y más solitaria del solitario desierto.

Yo descubrí que la libertad de expresión a veces es navaja cubana y a veces es cuento chino, pero sin lugar a dudas, la libertad de expresión siempre será un desafío y una prueba que se pone a prueba en las calles, que se enciende y se apaga como el fuego, que a veces nos quema la lengua, que a veces nos traiciona como puñalada trasera, que a veces nos amarga el alma, que a veces nos endulza el cuerpo, y que siempre nos anima a pecar, a castigar, a hablar en libertad.

De hecho, la pandemia global por culpa de Covid-19, nos demostró que es imposible perder la libertad de expresión, ya que los venezolanos pese a tener que usar tapabocas en las calles que dificultaban respirar y hablar, y pese a que los venezolanos tuvieron que cubrir sus rostros con materiales sintéticos para evitar las enfermedades, de todas formas, los venezolanos nunca perdieron el derecho de expresarse libremente, y aún en tiempos pandémicos, los venezolanos pudimos comunicarnos oralmente con otros compatriotas que vivían en el país.

Todas las personas del Mundo tienen completa libertad de expresión, absolutamente todas las personas del Mundo gozan de libertad de expresión, el gran problema de la libertad de expresión, radica en las reprensiones y castigos que puede recibir una persona por ejercer su derecho a la libertad de expresión, lo cual nos demuestra que el gran problema mundial, es la falta de tolerancia hacia la libertad de expresión de las personas, pero yo debo recalcar que es imposible perder la libertad de expresión, nadie puede suprimirnos el derecho a expresarnos libremente, pues basta con nacer para ser libre hasta morir por haber nacido.

Todos los venezolanos queremos libertad de expresión, pero cuando finalmente conseguimos la libertad de expresión, pues no sabemos qué hacer con ella.

La difamamos, la prostituimos, la olvidamos, la cagamos, la vendemos en dólares, la escondemos, la censuramos. No sabemos qué hacer con ella.

La verdad, los venezolanos no podemos explicar a ciencia cierta qué es la libertad de expresión, y aunque ciertamente sería muy fácil decir que la libertad de expresión es la libertad de expresarnos libremente, pues no debemos olvidar que la ciencia como toda buena ciencia, también puede fallar en sus cálculos matemáticos, y yo no me chupo el dedo ni con las tetas de María Guevara.

Pero el problema es que la libertad de expresión no es ciencia, no es religión, no es una cosa que pueda ser inequívocamente explicada por el Hombre, lo cual me hace pensar que el problema de la libertad de expresión, es que es un problema.

La libertad de expresión es un problema, es un dilema y es una ilusión, que engaña, que hace daño, que fornica como puta, que ama sin amar, que confunde.

Hoy quiero compartir una experiencia personal de mi vida, que me ha hecho reflexionar sobre qué es la libertad de expresión, y por eso quiero relatar mi verídica historia con todos los lectores tanto venezolanos como extranjeros.

Mi mejor amigo me confesó que su esposa es estéril, lamentablemente, ella no podrá tener hijos biológicos, por lo que mi mejor amigo no será padre de familia.

Recuerdo que los dos estábamos en la cola frente a la bomba de gasolina, esperando que llegara el combustible para recargar el tanque del carro, y mientras esperábamos la llegada de la gasolina, mi amigo me contaba la mala noticia.

Justo cuando yo estaba por poner mi mano en su hombro, y estaba por decirle “Lo siento mucho Luis Alfredo, cosas que pasan en la vida, hay que seguir adelante”, pues mi querido amigo se sonrió con picardía, me miró a los ojos y me dijo “No pasa nada Carlos, decidimos adoptar a un bebé de tres meses”.

Mi amigo Luis Alfredo me contó que la hija de la señora que limpia su casa, tenía un bebé de tres meses que no podía mantenerlo pues ya tenía cuatro hijos, y debido a que era madre soltera y no tenía el suficiente sostén económico, ella había decidido regalar a su bebé, para que no se muriera por falta de cuidados.

Luis Alfredo me dijo que él y su esposa estaban muy felices porque iban a adoptar al bebé, y también me dijo que como el bebé había nacido un 18 de diciembre, le pondrían Jesús como su primer nombre, debido a que casi coincidía con el 25 de diciembre, siendo la fecha cuando supuestamente nació Jesucristo.

Yo sé que tengo pleno derecho a la libertad de expresión, a decir lo que yo quiero cuando yo quiero decirlo, pero yo también sé que debo respetar la expresión, la opinión y el pensamiento de otras personas, porque Luis Alfredo es mi mejor amigo, y yo sabía que si en ese momento usaba mi derecho a expresarme libremente, también yo sabía que irremediablemente perdería su sincera amistad.

Lo que hacía tan especial al bebé que adoptaría Luis Alfredo, era que había nacido muy cerca de la Navidad, por lo que Luis Alfredo y su esposa, que siempre se han considerado fieles devotos cristianos, sintieron que el bebé había sido un regalo enviado por Dios, para que ellos finalmente pudieran formar la familia que tanto habían soñado, aunque en mi humilde opinión, ellos estaban armando todo el rompecabezas cristiano, solo por la desesperación de ser padres.

Mis queridos hermanos lectores, como decimos coloquialmente los venezolanos, yo he leído la Santa Biblia “de cabo a rabo”, yo he leído la Biblia desde el primer versículo del Libro del Génesis hasta el último versículo del Libro de Apocalipsis, yo he leído completamente todos los libros que conforman la Santa Biblia, y puedo asegurar sin temor a equivocarme, que en la Biblia jamás se afirma que Jesucristo nació un 25 de diciembre.

En ningún libro de la Biblia, en ningún capítulo, ningún profeta, ningún apóstol, no hay evidencia en la Biblia de que Jesús nació un 25 de diciembre, por lo que ponerle Jesús como nombre a un bebé, porque nació siete días antes del supuesto nacimiento de Jesús, es una mundana patraña que no tiene fundamento bíblico, es ignorancia cristiana, es mediocridad del prójimo.

Dígame mi querido lector, cómo yo iba a ser tan odioso, tan rata, tan desgraciado y tan mala gente, como para decirle a mi amigo Luis Alfredo que él estaba equivocado, porque Jesús no había nacido un 25 de diciembre, mientras los ojos de Luis Alfredo estaban brillando por tanta felicidad, y mientras mi mejor amigo me estaba dando la hermosa noticia de que su esposa y él, habían tomado la decisión de adoptar a un bebé de tres meses que llamarían Jesús, porque casi coincidía con el supuesto nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre.

Dígame mi querido hermano lector, cómo yo iba a ser tan basura y tan maldito en la vida, como para decirle a mi amigo Luis Alfredo que Jesús nunca jamás nació un 25 de diciembre, por lo que ponerle Jesús a su hijo adoptivo debido a que había nacido el 18 de diciembre, era un hecho absurdo, tonto y sin sentido.

Mientras Luis Alfredo seguía contándome con alegría la inevitable adopción del bebé, mientras esperábamos llenar el tanque del carro con gasolina, y mientras él estaba compartiendo conmigo la bella e inspiradora noticia de la adopción infantil, yo me sentía obligado y hasta presionado espiritualmente, a usar mi derecho a la libertad de expresión, porque yo quería gritarle textualmente:

“Luis Alfredo, deja tanta tontería, Jesús no nació el 25 de diciembre, tu supuesto hijo no tiene nada de especial, ese hijo que vas a adoptar no es un regalo de Dios, porque en la Biblia no se revela la fecha cuando Jesucristo nació, no uses a ese bebé como una cosa milagrosa que salvará a tu matrimonio, no uses el cristianismo para tu propia conveniencia, no seas tan ridículo, bájate de la nube, ponte los pantalones y enfrenta la realidad, tú sabes que tengo la razón”.

Yo quería usar la libertad de expresión y decirle toda la verdad a Luis Alfredo, pero yo no fui capaz ni de contradecir una mísera letra de su conversación, tal vez fue por miedo, tal vez fue por lástima, tal vez fue por cobardía, pero aunque yo pude usar mi derecho a la libertad de expresión, el silencio venció a la razón.

Tal vez guardar silencio, a veces sea la mejor y la más sana libertad de expresión.

Yo sé que estaba censurando mi propio derecho a la libertad de expresión, cuando decidí callarme y no decirle a Luis Alfredo, que estaba equivocado porque Jesús no nació un 25 de diciembre, pero en ese momento de la vida, yo comprendí que la libertad de expresión no es un derecho y no es un deber, porque ejercer la libertad de expresión es solo una decisión, para quien pueda decidir ejercerla.

La libertad de expresión es solo una cuestión de decisión, porque más allá de las consecuencias positivas o negativas que devengan por ejercer la libertad de expresión, yo creo que ejercer la libertad de expresión, es solo una cuestión de decisión en la vida.

Yo decidí no ejercer mi derecho a la libertad de expresión, porque la salud mental de mi mejor amigo vale inmensamente más que una orgullosa libertad de expresión, y aunque como periodista yo puedo decirle la verdad a quien sea y aunque le duela, pues como Ser Humano, yo respeto y yo amo a mi mejor amigo, y no iba a decirle una verdad que aunque es fehaciente, esa verdad le hubiera ocasionado un irreparable daño emocional a mi mejor amigo, que no merecía perder su ilusión paternal por mi culpa, y es que como decimos en Venezuela “en boca cerrada no entran moscas”, y a veces un refrán vale más que mil verdades.

Todos los venezolanos amamos vivir en libertad de expresión, y cuando sentimos que nos han vulnerado ese derecho universal, nos sentimos ofendidos y exigimos gozar de la libertad de expresión, pero como hemos visto en el artículo, las apariencias engañan a los venezolanos, porque a veces es mejor olvidar la libertad de expresión, a veces es mejor seguirle la corriente al buen amigo, a veces es mejor pensar antes de hablar, para no romper las alas del amigo, para no romperle la libertad de soñar al amigo, para no romperle el corazón al amigo.

Porque la libertad de expresión, no es disparar una bala al corazón de un amigo, porque la libertad de expresión es disparar la bala, para herir solo a quien quiera ser herido por la bala, porque hasta la mismísima libertad de expresión, primero tiene que pedir permiso para disparar, para herir y para matar, porque si usted se atreve a usar la libertad de expresión sin antes pedir permiso, entonces usted es un homicida, y por convertir la libertad en libertinaje, merecerás muerte de cruz.

Dicen que la libertad de expresión no debe transformarse en un sentimentalismo mundano, que a veces es valiente para bendecir a la Estatua de La Libertad, y que a veces es cobarde para maldecir a la Estatua de La Libertad, pero aunque suene absurdo lo que voy a decir, yo creo que a veces no ejercitar la libertad de expresión, es la mejor decisión para realmente ejercitar la libertad de expresión.

Sin embargo, hoy yo haré buen uso de la libertad de expresión venezolana, y voy a aclararle al pueblo venezolano, un hecho mal interpretado por nuestra sociedad.

Jesucristo no nació el 25 de diciembre, tampoco nació en el mes de diciembre, la Navidad es una fiesta que no tiene antecedente bíblico ni respaldo de la Biblia.

La Navidad se vincula directamente con la fiesta pagana de los romanos por el nacimiento del Sol Invicto, por la llegada del solsticio de invierno, y por las ambiciones geopolíticas de emperadores y Sumos Pontífices, que buscaban cristianizar a los paganos romanos usando el legendario culto de adoración al sol, como un símbolo de poder supremo que tendría su reconocimiento social en la exaltación de Jesucristo, lo cual hizo que los vicios mundanos y paganos contaminaran a la solemnidad primitiva cristiana, siendo la Navidad el peor símbolo del paganismo universal y el más claro reflejo del rito cristiano viciado.

Actualmente, la Navidad es una gran campaña de marketing financiada principalmente, por una transnacional bancaria llamada Iglesia Católica, y por los Papas de un banco de pederastas llamado Vaticano, siendo la Navidad una mentira, un embuste, que no tiene ninguna base bíblica para celebrarse, y que va en contra de la sana doctrina cristiana.

En Venezuela, la Navidad es una fiesta totalmente capitalista y consumista, donde lo más importante es comprar cosas materiales en los comercios del país, para obsequiar esas mercancías como regalos navideños a los seres queridos, lo cual transforma el ficticio nacimiento de Jesús, en un rentable y lucrativo negocio capitalista durante todo el mes de diciembre, para honrar al barbudo Dios Dinero.

Sabemos que la Navidad simboliza las borracheras de los venezolanos, que abusan del consumo de bebidas alcohólicas, la Navidad demuestra la transculturación de los venezolanos, que escuchan reguetón y vallenato hasta que sus cuerpos se atraganten con hallacas, y la Navidad recrudece la desigualdad social venezolana, porque los ricos comprarán el delicioso pan de jamón que comerán en la Nochebuena, y porque los pobres no comprarán ni una piedrita.

En Navidad, los niños venezolanos escriben cartas dirigidas a un muñequito de plástico llamado Niño Jesús, y por arte de magia el muñequito de plástico llamado Niño Jesús, regalará una muñequita de plástico Barbie a cada niña que escribió su carta, y el muñequito Niño Jesús junto al muñecote gringo llamado Santa Claus, regalarán los muñecos de la Liga de La Justicia a los chamitos.

Jesucristo no nació el 25 de diciembre, y durante su ministerio en la Tierra, Jesús nunca pidió que se festejara su nacimiento, ni durante su pasión, ni tras su resurrección, ni antes de su ascensión, Jesús jamás pidió que se celebrara su natividad, por lo que la Navidad es una fiesta mundana sin ningún valor cristiano.

Por desgracia, así como mi buen amigo Luis Alfredo, casi todos los venezolanos viven vidas cristianas muy mediocres y frívolas, y piensan que por ir de vez en cuando a la misa del domingo, por enviar y recibir salmos y mensajitos cristianos por las redes sociales como WhatsApp, y por decir rebuscadas frases mundanas como “Dios te bendiga” “Dios mediante” “Con el favor de Dios”, pues miles de venezolanos supuestamente cristianos, sienten que realmente están viviendo vidas cristianas, aunque tristemente todos se engañan por culpa de la ignorancia.

Como casi todos los venezolanos, Luis Alfredo jamás leerá por su propio interés los libros de la Santa Biblia, y por culpa de las tradiciones cristianas católicas, Luis Alfredo siempre pensará que Jesús nació el 25 de diciembre, siempre celebrará la Navidad, siempre pensará que su hijo adoptivo fue un regalo de Dios en víspera del nacimiento de Jesús, siempre pondrá el pesebre en diciembre, siempre adornará el arbolito pagano, y por desgracia, nunca conocerá la verdad.

Como casi todos los venezolanos, Luis Alfredo siempre pensará que el día de reposo es el domingo, aunque en la Biblia claramente se afirma que el Sábado es el séptimo día de la semana y es el día de reposo dado por Dios a su pueblo, pero por desgracia, Luis Alfredo nunca sabrá que guardar el domingo como día de reposo, fue una mundana decisión impuesta por el mundano Emperador Constantino, por lo que sustituir el Santo Sábado de Dios por el mundano domingo de Constantino, es un grave error que va en contra de la Ley de Dios.

¿Acaso la ley de un emperador romano tiene más poder que la Ley de Jehová?

Como casi todos los venezolanos, Luis Alfredo siempre vivirá una mediocre vida cristiana, donde jamás se escudriñarán las páginas de las Sagradas Escrituras, donde jamás se estudiará la vida de Jesús a través de los cuatro Evangelios, y donde todo el show cristiano se resumirá a decir mil veces “Dios te bendiga”.

Como casi todos los venezolanos, Luis Alfredo comete gravísimos errores que van en contra del cristianismo, como arrodillarse y rezarle a la Virgen María, como arrodillarse y rezarle a José Gregorio Hernández, como prender velas y pedir la intercesión de santos y santas que no tienen poder para ayudar a nadie.

Luis Alfredo es una excelente persona, amable, de buen trato, se baña y se afeita la cara todos los días, es muy trabajador y le gusta mucho la tecnología, pero a pesar de todos sus atributos personales, Luis Alfredo no es un hombre cristiano.

Mis queridos hermanos lectores, ¿Cómo podemos llamarnos hombres cristianos venezolanos y mujeres cristianas venezolanas, si jamás hemos leído completamente los libros bíblicos que relatan toda la vida y obra de Jesucristo?

¿Podemos llamarnos cristianos sin realmente conocer a Jesucristo?

¿Podemos creer y tener fe en alguien que realmente no conocemos?

No mis hermanos venezolanos, ustedes no son cristianos, ustedes apenas simpatizan sentimentalmente con algunos hechos históricos conocidos de Jesús, pero es imposible que sean llamados cristianos, no son cristianos venezolanos.

De hecho, tras leer completamente la Biblia, podemos descubrir que la historia de Jesucristo no solo se narra en los Evangelios del Nuevo Testamento, porque hasta la creación del Universo se hizo por medio de Jesús y para él, y como dijo el apóstol Pedro, Jesús es el autor de la vida, pero para llegar a comprender con visión holística quién es Jesucristo y para llegar a ser llamado cristiano, primero debemos conocer quién fue y quién sigue siendo Nuestro Señor Jesucristo.

Jesucristo demostró que es imposible perder la libertad de expresión en la vida, porque durante su pasión y aún cuando estaba agonizando en la cruz, Jesús jamás perdió su libertad de expresión, por lo que Cristo demuestra que el gran problema mundial, es la falta de tolerancia hacia la libertad de expresión, pero no se puede perder la libertad de expresión en la vida, y hasta su último suspiro de vida Jesús fue un hombre totalmente libre de expresarse, y por eso dijo “Consumado es”, para expiar nuestros pecados en la cruz del Calvario, y para que dos mil años después, un sucio pecador como yo, pudiera escribir un artículo sobre la libertad.

¿Qué es la libertad de expresión?

La libertad de expresión fue, es y siempre será la cruz del Calvario de Jesucristo.

La cruz de Jesús es el amor, es la libertad de expresión y es la vida eterna.

Te amo Jesús, simplemente te amo.

No obstante, es importante saber que Jesús no nació el 25 de diciembre, y le doy gracias a Dios porque yo estoy usando mi derecho a expresarme libremente, y por eso estoy en capacidad de afirmar que Jesucristo no nació el 25 de diciembre.

Los millones de venezolanos cristianos católicos defienden a su Iglesia Católica, y piensan que la Iglesia Católica es la iglesia “verdadera”, la que fundó Jesús, la que predica correctamente la Palabra de Dios a través de la Biblia, pero realmente, la Iglesia Católica traicionó a Nuestro Señor Jesucristo desde hace siglos, porque según la Biblia, Jesús no pidió que se festejara su nacimiento el 25 de diciembre, porque según la Biblia, Dios no pidió que se cambiara el Sábado por el domingo, porque según la Biblia, Jesús no pidió que la gente le rezara de rodillas a la Virgen María, y porque según la Biblia, Jesús no pidió que la Iglesia Católica convirtiera el saludable cristianismo, en una enfermiza politiquería religiosa que violaba la Ley de Dios, para ganar el dinero de la muchedumbre.

La libertad de expresión no es lavarle el cerebro a la gente con un jabón de mentiras, la libertad de expresión es educar a la gente comunicando la verdad.

No estoy insultando, no estoy calumniando, no estoy humillando, tan solo estoy diciendo la verdad, así debe emplearse el don de la libertad de expresión.

Usada sabiamente, la libertad de expresión es un don dado por el Espíritu Santo.

Usada malamente, la libertad de expresión es una treta armada por Satanás.

Si la Biblia es la Palabra de Dios, y Dios dice en la Biblia que su santo día de reposo es el Sábado, entonces hay una pregunta que debe ser respondida.

¿Por qué usted guarda el domingo que es un día impuesto por mano de Satanás?

Si la Biblia es la Palabra de Dios, y Dios no dice en la Biblia que debemos rezarle a la Virgen María, entonces hay una pregunta que debe ser respondida.

¿Por qué usted le reza a la Virgen María y adora a falsos santos y a falsas santas?

Si la Biblia es la Palabra de Dios, y Dios no dice en la Biblia que Jesús nació el 25 de diciembre, entonces hay una pregunta que debe ser respondida.

¿Por qué usted celebra la Navidad que es una fiesta anticristiana de Satanás?

Si usted celebra la Navidad, pues usted no es cristiano, no respeta la santa Palabra de Dios, celebrando una fiesta pagana que no tiene argumento bíblico.

Si una errática tradición familiar vale más que la verdad, si una errante costumbre venezolana vale más que la verdad, si una errática fiesta navideña vale más que la verdad, entonces usted no merece gozar de la libertad de expresión.

Si usted solo compra las migajas de libertad de expresión, que venden los pastores, que venden los políticos, que venden los sacerdotes y que venden los profesores que profesan sus opiniones en los salones de clases, en las calles, en los hogares y en las oficinas, entonces usted no merece gozar del derecho a la libertad de expresión, porque la libertad no es sumisión, es pleno conocimiento.

Como en todos los países de Hispanoamérica, la Iglesia Católica también destruyó la santidad del cristianismo en Venezuela, y la suciedad católica sigue ensuciando a la sucia idiosincrasia de cada venezolano, que comete apostasía porque no sabe qué es la apostasía, que tolera el ecumenismo porque no sabe qué es el ecumenismo, que vive en la herejía porque no desea saber qué es la herejía.

No sé si escribo mucho, no sé si escribo poco, solo sé que yo escribo lo que quiero escribir, y también le doy gracias a Dios por escribir en tiempos cuando las Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación, han permitido la publicación de contenidos periodísticos innovadores, que aprovechan la red telemática Internet y los servicios digitales de la Web, para difundir a través del ciberespacio los artículos, que pueden ser libremente publicados sin censuras.

Si bien es cierto que los puños, las tintas y las plumas de los escritores, llevan siglos permitiéndonos expresar nuestras opiniones en el planeta Tierra, también es cierto que la posibilidad de compartir información en el siglo XXI, es un proceso comunicacional mucho más sencillo y más eficaz gracias al buen uso de las herramientas tecnológicas, y siendo sincero, si me hubiera tocado vivir mi vida en tiempos religiosamente bélicos, cuando escribir amén era un delito que se pagaba con la muerte, pues yo me hubiera suicidado con prosa pero sin sangre.

Hemos demostrado que la libertad de expresión, también exige responsabilidad social para todas las personas, que pueden gozar del libre derecho a expresarse, y que deben saber elegir cuándo usar y cuándo no usar la libertad de expresión.

La libertad de expresión obliga a que el hombre libre, haga buen uso de la ética, de la deontología y de la moralidad, antes de usar el derecho a expresarse libremente en su comunidad, y aunque parezca contradictorio ponerle condiciones a la libertad de expresión, no debemos terminar como el vil minero, que por tanto cavar la tierra de libertad, se ahogó en el abismo de su libertinaje.

Yo fui un vil minero venezolano por diez años de perversa minería periodística, porque en la cama matrimonial de su esposa, Luis Alfredo y yo, saqueábamos las dos joyas como dos perversos mineros, que se agitaban para extraer todo el sudor del oro por debajo de los calzoncillos, y después de compartir el llanto con un par de cansadas manos mojadas, Luis Alfredo siempre me preguntaba qué era el amor, yo quería hablarle del amor de Cristo a mi mejor amigo, pero me sentía muy sucio espiritualmente, por lo que renuncié al pecado carnal del oro y recuperé la dignidad en mi vida, sin manchas en la cuartilla, sin culpas, sin dolor.

Ahora Carlos Ruperto es reparador de portillos y restaurador de calzadas, y aunque el estado Zulia casi quemó mi portillo por tanta injusticia social, el estado Mérida restauró mi calzada con las ricas pomarrosas de las carmelitas descalzas.

La libertad de expresión no debe ser homosexual, la libertad de expresión no debe ser heterosexual, la libertad de expresión siempre debe ser bisexual.

Y es que la homosexualidad solo proclama la libertad, la heterosexualidad solo proclama la expresión, pero la bisexualidad proclama la libertad de expresión.

Por cierto, me alegra haberme quedado callado, y no haber usado mi derecho a la libertad de expresión, porque después de hacer la kilométrica cola y ponerle gasolina al carro, mi amigo Luis Alfredo me eligió como el padrino de Jesús, yo le dije que sí aceptaba ser padrino de su hijo, fuimos a un restaurante vegetariano para digerir sanamente la buena noticia, y ahora tengo un hermoso ahijado que es el fruto de haber sabido elegir, cuándo usar y cuándo no usar la libertad de expresión.

La libertad de expresión es saber vivir nuestras vidas, y la libertad de expresión también es dejar vivir libremente a los demás.

Hoy yo herí a todos, pero a la vez no herí a nadie, así debe ser la libertad de expresión.

Mientras escribía el presente artículo de opinión, yo escuché mucho la canción “When You're Gone” de la extinta banda de rock The Cranberries, esa canción es veneno de ratas para mi alma, me deprime, me desconsuela, me corta las venas, y por culpa de escuchar tanto esa canción, yo siempre escribo con soga al cuello.

Yo no quiero más arándanos de la muerte, yo quiero pomarrosas llenas de vida.

Por eso, doy gracias al Santo Espíritu de Dios, que consuela las tres lágrimas de mi cansado corazón, y me permite escribir muy libre, sin nada que perder y sin nada por ganar en la vida, sin esperar futuro, sin recompensas y sin lamentos.

No hay duda que Aporrea.org es el único medio de comunicación social venezolano, que proclama la libertad de expresión y estimula la publicación de contenidos escritos en libertad, por eso hoy felicito al equipo de Aporrea.org



Gracias a todos por leer mi artículo.


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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, LUZ. Ekologia.com.ve es su cibermedio ecológico en la Web.

 carlosfermin123@hotmail.com      @ecocidios

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