Augusto de Abajo, de profesor itinerante a humorista callejero

El profesor Augusto de Abajo es de la época de la catedrática Zoraida Machado, allá en la Universidad de Oriente, ella era súper exigente. El día de la entrega de notas el salón era un mar de nervios. Decía el nombre del bachiller, pidiéndole se pusiera de pie. Luego sin inmutarse lo veía de pies a cabeza, expresando," tiene un punto, no le coloque cero porque la universidad no lo permite, qué hace usted aquí debe darle el puesto a otra persona". Augusto en cambio, daba la clase sin protocolos, llegaba, pedía un libro prestado, preguntaba lo visto en la última clase, explicando solamente con leer los titulares.

Pero no se quedaba allí, era típico verlo en las esquinas de la urbanización o en las puertas de los supermercados dictando cátedras de economía a los vecinos quienes atentamente le oían. Hoy ya no lo hace, no sé si porque cambiaron las leyes de economía o prefiere echar chistes desde que sale de su vivienda, parándose en las esquinas siempre con una anécdota divertida. La del cambio de dieta es el abreboca, explica que ahora su plato favorito es pan con cambur, lo abre tipo pepito y metes la fruta, claro sin concha, la que se puede camuflar con las de plátano y caray al cocinar parecen carne mechada. Manifiesta no poderse dar el lujo que se da Diosdado al meterle al pan una empanada. Soltando esa risa.

Le da gracias a Dios por los vecinos que le ha colocado, pues tienen unas matas de mango que complementan esa dieta, ya los come en jalea, verdes con sal, maduros chupaditos. Pensando intentar freírlos a ver qué pasa, no ha podido por lo costoso del aceite. Y sin esperanzas ya que en la urbanización donde vive no llega la bolsa Clap, por no ser marginales, aunque igualito viven de una pensión, el agua llega cada 15 días y el aseo pasa a las 9 de la noche pidiendo un kilo de arroz o un paquete de harina de colaboración.

No deja de mencionar a la esposa, y un vecino le pregunta, profesor usted se recuerda de la serie Columbo, donde el detective hablaba mucho de la esposa y nunca aparecía. Si, contestó, preguntando a qué se debe esa interrogante, expresando el vecino, profesor es que tengo meses sin ver a su señora. Caray, responde quiere usted decir que le apliqué la de los sobrevivientes de Los Andes, no, ella está allá en casa. Lo que pasa es que la crisis es tan grande que tenemos que ahorrar energía y vengo solo al abasto. Aparte no creo, por más hambre que tenga, no practico el canibalismo.

Ahora anda preocupado porque para cobrar la jubilación en la UDO, es necesario dar una fe de vida. La cual consiste en tomarse una fotografía con el brazo levantado a nivel del pecho empuñando la cédula de identidad, comentando no saber hasta cuándo podrá levantar la mano por la falta de alimentación, teme que le suceda como otras partes de su cuerpo que ya ni con la ayuda de un gato hidráulico funcionan.

Y si amanece caminando muy jorobado, dice, no me critiquen, es que estoy haciendo ejercicio por si acaso a la vicepresidenta se le ocurra que para recibir la pensión tenemos que besar el suelo. Ya dejó de usar el bastón, no aguantaba a la gente preguntándole que de cual madera era, sonriendo al responder ese, ese es de palo sano, claro un poco desgastado, pero está bueno. Alguien le preguntó cuántos postgrados había realizado, nombró varios países, diciendo al final, hermano este es el más largo, tengo 20 años aprendiendo como sobrevivir.



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Claudio Schiveci

Exdirigente juvenil en el Liceo Cajigal de Barcelona, Cofundador de la revista Horizonte, redactor de la revista cultural Candilejas. Columnista en los diarios El Metropolitano, La Nueva Prensa de Oriente y Diario Impacto en Anzoátegui.

 claudioschiveci@gmail.com

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