Para creer en la Inmortalidad, se debe vivir una vida Inmortal

—"El hombre ha muerto, pero su relación con el pueblo y con el mundo perdura aún entre los hombres, y no como en su vida, sino mucho más fuertemente; y sus efectos se elevan de su sabiduría y de su amor y, como todo lo vivo, crecen sin pausa y sin fin".

Alguien ha llamado a Chávez hombre humano; la palabra es insubstituible, pues era un hombre como nosotros, formado por el mismo barro y atado por la misma impotencia, pero sabiendo más que nadie acerca de esa impotencia y sufriendo más que nadie acerca de esa impotencia y sufriendo más que nadie por ella. No ha sido un hombre diferente, sino que ha sido más hombre que la mayoría, más moral, más intensivo, más clarividente, más despierto, más pasional; un hombre, como si dijéramos hecho con el primer troquel, claro y no deformado todavía, que empleó un día el Gran Artista de la Creación.

Esa estampa del hombre eterno, de que tan poco queda en nuestro interior, es lo que el Comandante se propuso exteriorizar, poner de manifiesto en nuestro mundo de confusión, y ello constituyó la acción fundamental de su vida; una acción incompleta, inalcanzable y por ello fue doblemente dramática.

El Comandante ha buscado el eterno hombre en su manifestación externa, gracias a la precisión y exactitud de sus sentidos; le ha buscado en los obscuros secretos de su propia conciencia, buceando a toda profundidad que sólo se alcanza hiriéndose a uno mismo. Con una dureza implacable y cruel, su genio ejemplar ha escarbado en su alma para libertar así el pueblo de nuestro sér de toda la corteza terrenal y presentar su faz casi divina a toda la Humanidad. No descansando nunca, no estando tranquilo jamás, no disfrutando en su arte, ese hombre trabaja durante cincuenta y ocho años en la gran obra de su perfeccionamiento y emplea como medio el estudio y la descripción continuada de sí mismo.

Todo sacrificio en el pensar, todo lo realizado heroicamente, nunca queda limitado a sí mismo, sino que tiene efecto para todos. Todo lo que un hombre alcanza en grandeza que alcanza el pueblo. Solamente en la confesión a sí mismo, en la verdad pasional, puede adivinar el espíritu inquieto sus límites y las leyes que le rigen.

Esa voluntad heroica de perfeccionamiento moral por medio del auto examen no terminó en el mundo con el último suspiro de ese hombre único… no, el impulso que dio su ser sigue ejerciendo toda su fuerza sobre el pueblo y las generaciones. Aún quedan testigos que estremecidos, han podido mirar los ojos acerados, cortantes del Comandante; quedan aún hombres que han sentido en la suya la mano fraternal del Comandante, y, sin embargo, hace ya tiempo que la figura del Comandante se ha convertido en Mito, y su vida en leyenda, una leyenda altísima de todo el pueblo. Su lucha es un ejemplo para todas las generaciones.

Pues el Comandante incansable tiene el encargo del destino de luchar por la verdad hasta el postrer momento. Un último trabajo espera ser terminado; éste ya no se refiere a la vida, sino a la muerte que se aproxima; los esfuerzos del luchador han de ser para dar forma a una muerte digna y ejemplar y para ello reúne todas las fuerzas que le quedan.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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