Lo militar es la política sin hipocresias

Dijo un clásico: “la guerra es la política por otros medios”. De allí se puede concluir: lo militar y la política son manifestaciones alrededor de la conducción social, son lo mismo que trasmuta de acuerdo a las circunstancias sociales. Cuando la política de los políticos falla, cuando ya no puede conducir, entonces, es momento de sustituir las frivolidades de esa política por la franqueza de lo militar. No se equivocó el clásico cuando dijo: “la violencia (lo militar) es la partera de la historia”. Cuando la política falla, cuando la crisis ahoga las salidas políticas, tiene la palabra el camarada fusil.

Es evidente que en Venezuela la política ha fracasado. La señal más clara es la alta abstención en las elecciones parlamentarias (que el madurismo obtuso desestima con argumentos pueriles). El soporífero esencial de la democracia capitalista, el circo que distrae, no funcionó, eso enciende las alarmas, indica que la política capitalista se desgastó como instrumento de la dominación de la sociedad, perdió vigencia. En estas circunstancias el país tiene tres opciones: se disuelve en el caos de mil fragmentos infecundos; o lo militar, como último cohesionador, salva la existencia del país mediante una dictadura sanadora; o lo militar, como sucedió con Chávez, rompe con las reglas del capitalismo y enrumba el país a escalones superiores de la historia.

Lo anterior significa que el sector militar, quiéralo o no, más allá de su voluntad, tomará, debe tomar, la conducción real de la sociedad. Lo anterior quiere decir que la guerra que tanto pregonan los políticos, no es una guerra contra una potencia extranjera, mucho menos contra la hermana Colombia, al contrario, es una guerra interna, donde se decide la existencia de la Patria.

Está claro que este gobierno desmontó las defensas del país, lo privó de su mayor fuerza militar, ¡la conciencia de pertenencia a la sociedad!, la comprensión real de los peligros y el convencimiento de que sólo una masa informada, apasionada, movilizada puede librar con éxito la batalla de la defensa de la Patria. Así, una masa activada, alrededor de un gobierno coherente y unos ideales altruistas, colmando siete avenidas, disuade, derrota a cualquier enemigo antes de pelear. Al contrario, una masa ausente en una elección abre las apetencias de cualquier batracio. Y lo que es peor, una masa fragmentada en mil y un egoísmos, sin vanguardia, sólo podrá inmolarse en motines como expresión de su descontento, el caos será la única expresión social de su descontento

Es así, hoy la guerra es contra los factores internos que conducen a la Patria a su extinción, que permanecen en el poder a costa del derrumbe de las instituciones cohesionadoras sociales, despojados de toda credulidad, el parlamento, el cne, la justicia, el ejecutivo, todo pulverizado; a costa de la devastación de las leyes que rigen la convivencia, del desmontaje de todo vestigio de sociedad. Estos enterradores de la nacionalidad nos dejan un país sin moneda, ya el dólar nos invadió sin disparar un tiro, nos dejan un país sin leyes, todas pueden ser violadas, o inventadas de acuerdo a las conveniencias del gobierno de los cinco, un país desprestigiado. Nos convirtieron en un país sin alma, vacío.

Hoy se juega la vida de la nación, ya no hay partidos políticos nacionales, en las últimas elecciones todos se demostraron caparazones que no movilizan, las iglesias se parcializaron, bajaron a la arena política y allí pierden su majestad. Sólo quedan los militares como institución nacional que le da sentido al concepto de nacionalidad.

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Toby Valderrama Antonio Aponte

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