Cuartillas de reflexiones

Llegar a la vejez ¿Nivel de plenitud o posición trascendental?

Hace casi ya tres décadas, en el ejercicio de mis funciones asistenciales, fungía en la condición de suboficial de sanidad en el servicio médico-odontológico de la otrora Academia Militar de Venezuela, Fuerte Tiuna, Caracas. El asunto fue, que cierto día, durante la realización de los exámenes médicos y odontológicos, al personal de aspirantes a cadetes, de dicha casa de estudios, -donde fui profesional de planta por más de seis años-; observando las láminas "Test de Medición de la Agudeza Visual Lejana" le manifesté, engreído, a la oftalmóloga que nos apoyaba: Yo veo bien, aún no me hacen falta los lentes. La especialista con su gran experiencia me arguye en estos términos: - ¡No se preocupe, que a usted también va a llegarle su hora!- Palabras sabias, buen tino. La iridóloga se convertía en una profética médica. En la ocasión de cumplir media centuria de edad, empecé a notar que la vista comenzaba a mermarme. Me acordé, súbitamente, de la facultativa. Como reza el añejo adagio: "¡A cada cochino le llega su sábado!".

Ha de suponerse, lo anterior no es condición Sine qua non de vejez; no obstante, cuando en el transcurso de la vida, nuestra fisiología y facultades mentales van desarrollándose normalmente; de pronto, empiezan a sentirse cambios orgánicos y funcionales, es porque estamos en la víspera de que los años están cayéndonos encima. Cuando vamos a algún rincón de nuestra casa; y luego no recordamos a qué íbamos. El organismo va deteriorándose progresivamente; y cuenta no nos damos. Pienso yo, que cada persona le dé una apreciación subjetiva, en relación a la senilidad (Vulnerabilidad). Cada cual la asumirá desde su mundo interno. A mi modo de ver las cosas, verbigracia, un anciano de 75 años, que semanalmente trote al aire libre; es obvio, que ya a esa edad no va competir, ni marcas que romper. Para él, la carrera misma constituye una victoria; lo que me origina a pensar, que el vetusto va destruyendo esa imagen de la vejez. Siente que puede realizar ejercicios, que lo mantienen activo. Considero que el hombre ha alcanzado su nivel de plenitud.

Ahora bien, puede que suceda a la inversa: Un futbolista que a los 40 años se sustraiga de competir en una olimpiada; puede auto considerarse un viejo, a pesar de poder dedicarse a fundar una escuela en estas competencias. Creo, que todo dependerá de cómo el atleta perciba la separación de lo que tanto realizó en su juventud. Si se queda anclado en que ya no jugará más; navegará en la melancolía. En mi decrepitud, he conocido personas que aparentan menos edad que la que poseen realmente, sin embargo, ellas mismas, oralmente, me han dicho que "se sienten viejas" porque no la aceptan en equis trabajo por no actualizarse en su profesión, por no presentar requisitos; a pesar de ser jóvenes. Los rápidos avances tecnológicos, fueron impedimentos. Sin intrusismos en el campo de la psicología; que el deterioro del cuerpo no sea obstáculo para continuar teniendo experiencias nuevas y edificantes. Me decía una amiga psicóloga: -Hay personas que se consideran más viejos en algunos aspectos y más jóvenes en otros-.

Ya bajando la santa maría; mi apreciado lector habrá escuchado en la calle a una persona mayor, diciéndole viejo a otro viejo, por algún menor altercado fortuitamente encontrado. O también, oír, a algún muchacho, dirigiéndose despectivamente a un anciano o anciana: "El viejo ese", "La vieja esa". -"¿De qué te ríes? viejo ridículo"- epíteto que este escribidor fue blanco de una arrogante jovencita, en una tienda, por una confusión de comunicación con un tercero. El comportamiento de la moza opacó su beldad. Todo esto me origina a cavilar que raras veces, nos topamos con alguien que manifieste realmente el deseo de tener más edad. Con respecto a los jóvenes, asumo, que jamás pensarán que no van a llegar a ser carcamales. Da la ligereza que existiera en realidad sentimientos de aversión hacia la edad avanzada. En mi opinión, que el prejuicio de la longevidad no constituya un estado innoble. En esta etapa de la vida, el nivel de la plenitud, la sabiduría, está en su apogeo. El anciano adopta una posición trascendental.

Si el creador lo permite; seguiremos leyéndonos ¡Muchas gracias!



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José García

abogado. Coronel Retirado.

 jjosegarcia5@gmail.com

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