Entre el púlpito y la guillotina

Una bandera y un rosario colgados en el balcón de un edificio en la avenida Las Acacias, en Caracas, me hicieron reflexionar sobre las contradicciones que se generan cuando se mezcla ideología con religión. Se trata de dos elementos comprendidos dentro del concepto de superestructura del marxismo, pero la observación es aplicable tanto a quienes defienden como a los que atacan el proceso de cambios iniciado y conducido por el presidente Hugo Chávez y continuado, con altibajos, por Nicolás Maduro.

Unos y otros buscan arrimar el favor divino a sus preferencias políticas, a pesar de que en Venezuela se interpreta que el Estado es laico, es decir con separación entre la sociedad civil y las sociedades religiosas, aunque el término no figure en la CRBV.

Tal situación trasciende la relación folclórica que los venezolanos hemos establecido con Dios y los Santos, cuando demandamos sus favores para pedir que gane el Magallanes o que pierda el contrario, para ganar en los terminales y rifas o para que la luz vuelva pronto cada vez que hay un apagón. Esos ejemplos casi cotidianos son muy diferentes al trasfondo de las plegarias públicas que, alimentadas por el odio, demandan la muerte de quienes se consideran enemigos políticos.

Por ejemplo, como escuché hace poco en mi vecindario clase media: "Ojalá que el coronavirus se meta en Miraflores", o "hay que rezar para sacar al comunismo". Obviamente, esas posiciones tipo "guerra santa" son tan contrarias e hipócritas respecto al basamento ético de la doctrina en la cual se dice creer, como la famosa frase "in God we trust", emblemática del hegemón que ha causado millones de muertes en sus invasiones por todo el mundo, para mantener el control de los supremacistas blancos, anglosajones y protestantes, sobre el resto de los mortales. Dios pasó a ser una herramienta para el dominio político. "God save America".

Por razones históricas, el catolicismo es la creencia con mayor cantidad de seguidores en el país (67% según Latinobarómetro en 2017), y se reconoció como religión estatal en la Constitución de diciembre de 1811. Eso no es extraño si recordamos la posición patriota que ciertos clérigos asumieron para la época, algunos de los cuales aparecen como firmantes del Acta de Independencia. Mas adelante, la condición confesional dio paso a la aceptación de otras doctrinas, situación que se mantuvo en la Constitución de 1961 y se conserva en la actual, que en su artículo 59 garantiza la libertad de culto y la manifestación pública o privada de las creencias de los ciudadanos.

Al margen de algunos desencuentros temporales, la jerarquía de la iglesia católica siempre había mantenido muy buenas relaciones con los gobiernos venezolanos, casi todos conservadores, hasta que apareció Hugo Chávez Frías. Sólo algunas excepciones por cuenta de sacerdotes que asumieron la búsqueda de la justicia social y mantuvieron opiniones críticas ante la derecha, como Juan Vives Suriá, cuya obra persiste a través de la organización Fundalatin, o Francisco Wuytack, expulsado por Caldera en el primer gobierno del socialcristiano, se distanciaban de las preferencias políticas de la iglesia en la Venezuela puntofijista. Ninguno de los nombrados estimuló rencores ni venganza, sino que mas bien se identificaron y trabajaron codo a codo con los necesitados, para superar sus problemas con organización y trabajo comunitario.

Pero el caso es que, para el pueblo llano, Hugo Chávez resultó ser más cristiano en la práctica que los propios obispos católicos que lo adversaban, y con quienes discutió no pocas veces empleando argumentos bíblicos muy bien digeridos. Como también fue más humano que muchos curas, quienes en sus homilías militantes "legitimaban" las plegarias de los feligreses contra el presidente, cuando atacaban su administración con discursos encendidos, sin respetar que no todos los presentes eran opositores y que las misas, en principio, no son reuniones políticas.

Es contradictorio que el clero atacara una gestión precisamente centrada en la defensa de los más pobres, de los marginados durante más de cuarenta años de democracia "representativa", y coincidente con la opción por los necesitados, que define a la Teología de la Liberación. Chávez nunca se proclamó comunista, pero siempre fue cercano a las ideas marxistas, en una relación que el profesor Martín Guédez sintetizó magistralmente cuando afirmaba que "soy comunista porque soy cristiano".

Hoy en día la confrontación política religiosa entre cristianos continúa, con los sectores de clases media y alta afines a la jerarquía eclesiástica rezando para que caiga Maduro y para que Guaidó termine de entregar el país a los gringos y "nos libre del comunismo". Mientras que varios curas párrocos de zonas populares se adhieren a la opción por los pobres, que claramente asumió Jesús en su mensaje. Entonces hay que ubicar el significado de las banderas y rosarios, según el sitio donde se encuentren.

(*) Profesor universitario.

camilopalmares@yahoo.com



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Camilo Palmares

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