Boltonadas

Identifiquemos primero al sujeto. John Bolton es un asesino. Solamente si consideramos que se le reconoce como el "arquitecto de la invasión a Iraq", sin cuantificar los soldados iraquíes muertos en combate, habría que endosarle la autoría intelectual de entre 97.461 y 106.348 civiles asesinados, nada más en el lapso 2003-2010, según la organización Iraq Body Count.

Al igual que Pompeo, quien valora la mentira como herramienta cotidiana de la CIA, Bolton también es un mentiroso. Fue el primero en asegurar públicamente sobre la posesión de armas de destrucción masiva por parte del gobierno de Saddam Hussein, como argumento falso para justificar la invasión a Iraq, bautizada sarcásticamente como "Operación Libertad Iraquí". Con ello EEUU reeditaba en la región la "Operación Ajax", que les permitió junto a sus aliados ingleses, derrocar al presidente persa Mosadeq en 1953, por haber osado nacionalizar el petróleo de su país.

Diecisiete años después de la invasión a Iraq, iniciada el 19 de marzo de 2003 luego del ultimátum de Bush a Saddam para que desalojara su patria, el otrora floreciente país, el más seguro del Medio Oriente, el que invirtió enormes recursos para erradicar la pobreza, el analfabetismo y las enfermedades endémicas, y que logró importantes avances en educación, formación e investigación científica, sólo exhibe destrucción, caos, saqueo, sectarismo, pobreza y muerte. Otro espejo para que se mire la derecha venezolana, ansiosa de convertir a Venezuela en protectorado gringo imitando a la vecina Colombia.

Pues John Bolton, el criminal y embustero, finalmente pudo publicar su libro de despecho por los devaneos e ineficacia de Trump para imponer por la fuerza los intereses norteamericanos sobre los propios de cualquier país independiente. El texto, que muestra las miserias del modus operandi de la política exterior imperial, consta de 14 capítulos, de los cuales el noveno se dedica a nuestro país, con el sospechoso subtítulo de "Venezuela Libre".

A lo largo del citado capítulo el autor hace generalizaciones sobre la base de supuestos que da por ciertos, y destila un odio incontenible contra Cuba y Venezuela, que como es lógico, parte de conceptos amoldados a la ideología Monroe del patio trasero, de manera que para él, el término democracia se aplica sólo a los países con gobiernos obsecuentes a los designios imperiales, es decir, los dóciles, mientras que régimen lo refiere exclusivamente a los que pretenden ser libres para ejercer la soberanía en sus territorios. Democracia es la de Colombia, aunque sea el máximo productor y exportador de cocaína del planeta y asesinen líderes sociales a diario, mientras que Cuba, Nicaragua y Venezuela poseen "regímenes".

De manera cínica, el autor alude en reiteradas ocasiones el deplorable estado de la economía venezolana, y contradictoriamente, mientras obvia el papel de los gobiernos norteamericanos al respecto, cita 34 veces el término "sanciones", al tiempo que enfatiza la necesidad de endurecerlas y mantenerlas indefinidamente con énfasis en las del sector petrolero, justo donde más se golpea a un pueblo que depende del comercio de sus hidrocarburos.

Bolton pretende hacer creer que la autoproclamación de Guaidó el 23 de enero de 2019, "con la cual la revolución había comenzado", fue una decisión unilateral de la Asamblea Nacional, cuando, al menos aquí, todos sabemos que la derecha criolla no da un solo paso sin aprobación foránea, tal como ocurrió en República Dominicana en febrero de 2018 con el aborto del acuerdo de convivencia entre gobierno y oposición, justo antes de su firma, luego de que Borges atendiera una llamada desde Bogotá. De hecho, Bolton reconoce que una organización "moribunda" creada por los gringos para legitimar sus intervenciones en el continente, como es la OEA, fue resucitada para apoyar a un Guaidó a quien Trump exigía lealtad exclusiva.

No contento con las sanciones, que mal que bien con el apoyo de países amigos Venezuela ha podido sortear, aunque no sin graves afectaciones al bienestar de la gente, Bolton reclama para sí el mérito de ser pionero en la solicitud para declarar a Venezuela como un "Estado patrocinador del terrorismo", un "logro" que sin duda alcanzó el 26 de marzo pasado.

En resumen, se trata de un documento maniqueo, donde el representante del hegemón que solo en el siglo XX realizó más de 50 invasiones en países de América Latina para tumbar gobiernos incómodos y colocar sus compinches, tiene el desparpajo de calificar como intervencionismo a los intercambios comerciales que en ejercicio soberano pueden hacer las naciones independientes con sus pares de cualquier continente.

Contiene algunas frases que resultan cómicas, como donde refiere que "Guaidó fue juramentado como Presidente Interino", que "Guaidó tenía el apoyo de 90 por ciento de la población en general", o que con las grandes deserciones militares que se esperaban durante el evento de los puentes, en febrero de 2019, "las unidades del ejército aparentemente en dirección a la frontera luego regresarían a Caracas para rodear el Palacio de Miraflores, la Casa Blanca de Venezuela". Tampoco deja de ser hilarante la opinión de Trump sobre Padrino, y "todos los apuestos generales" que defienden a Maduro. Pero no es un juego, la orden es "tomar el petróleo de Venezuela después de expulsar a Maduro". Tal es el acuerdo con Juan Guaidó o con quien lo reemplace. Sigamos alertas.



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Camilo Palmares

Profesor universitario.

 camilopalmares@yahoo.com

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