¿Juega la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela a apagar sus propias luces?

“ También sabemos qué cruel es a menudo la verdad, y nos preguntamos si el engaño no es más
consolador. ”
Jules Henri Poincaré
Matemático, físico, filósofo francés del siglo XIX

En este tercer milenio, el triste hecho de que una academia venezolana, divulgando un
informe deficiente y poco científico, haya olvidado su esencia y propósito, para ceder
ante intereses y deseos políticos, constituye una tragedia significativa para la nación. Y
es que, con semejante falla ha terminado colocándose en el lado de lo que se supone
debía combatir; el espacio de los que promueven todo aquello que es contrario a la
ciencia y que no pocas veces se disfraza de ella. Con sarcasmo pudiéramos decir que
respaldando semejante dislate científico, la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas
y Naturales de Venezuela olvidó su esencia, echó por la borda siglos de dura pelea y
avance contra el pensamiento mítico y resquebrajó sus bases filosóficas.
Y es que la verdadera ciencia es la más interesada en conocer la verdad y por ello es
muy rigurosa ante las equivocaciones e ilusiones. Se adelanta con extrema precaución
antes de expresarse y aún después de haberlo hecho, sujeta todos sus pronunciamientos
ante futuras y potenciales revisiones. De forma que no escatima esfuerzo para verificar
sus afirmaciones o teorías, rechaza el dogmatismo, las creencias sin bases firmes,
demanda comprobaciones por doquier y se pronuncia únicamente, cuando su
descubrimiento ha superado un proceso arduo de exámenes y revisiones. No satisfecha
ante todo eso, siempre deja espacio para retornar y validar cualquier dicho que
previamente haya realizado, llegando incluso a potencialmente negar por completo su
contenido en caso de que disponga de nueva información que le permita contradecirse
racionalmente. Siglos de estudio y aplicación han refinado este proceder y constituyen
para el mundo moderno uno de los pilares que sostiene su respeto y poder.
En un mundo de incertidumbre e ignorancia, la ciencia cuidadosamente enciende una luz
para decir yo puedo ayudar a que el hombre reconozca con la mejor precisión y
“objetividad” possible, lo que le rodea o atrae. Esto quiere decir, que la ciencia es
cuidadosa y precavida ante lo que divulga y si no dispone de suficiente evidencia que
respalde una postura, prefiere mantener silencio o claramente sostener que no tiene
elementos que le permitan pronunciarse. Esta fundamentación teórica no es algo que unPalacio de Academias Científicas desconozca, por el contrario este es su credo, su
mantra y el pilar que la guía en todo lo que realiza. Una academia científica está
conformada por numerosos y prestigiosos científicos de las áreas que la constituyen, los
cuales tradicionalmente llevan duros y largos años de altos estudios y notables
investigaciones para poder incorporarse a ella. Y es únicamente, cuando superan un
sólido grado de perfección en su trabajo, que pueden ser considerados como posibles
miembros.

Así pues, es absurdo pensar que una Academia Científica nacional pueda haber
cometido un desliz al emitir, públicamente, un informe donde señala describir el estado
de una pandemia en la nación y además, emite conclusiones acerca de su posible
evolución inmediata. Una equivocación tan garrafal, donde el informe presenta una muy
vergonzosa parametrización sobre un modelo matemático, al igual que un risible
esquema de validación y para colmo, un conjunto de premisas también discutibles, tiene
que ser producto de algo más serio que un simple “gaffé”.

No se puede creer que un trabajo con tantas deficiencias conceptuales, que tiene incluso
expresiones no acordes con las referencias de costumbre y aceptación en el mundo
científico y, que para colmo posee un estilo de escritura alejado de la tradicional
escritura científica, pueda haber salido con el visto bueno de tantos expertos. No señor,
no hace falta ser un profesor jubilado para ver lo que resulta obvio hasta a un estudiante
de último año de su carrera universitaria. Así que aquellos que amamos la ciencia, a la
academia, que hemos hecho de la investigación y docencia universitaria nuestra vida,
estos nos deja desolados, decepcionados e indignados, al igual que nos pone a especular
que debe haber oculto “oscurantistas” en nuestra propia academia venezolana. Seres más
propios de una inquisición que del verdadero pensamiento científico, individuos que al
igual que hace siglos, por defender una fe religiosa amenazaban con quemar vivo a
Galileo, hoy están dispuestos a inmolar el nombre, prestigio e historia de nuestra
academia científica, para promover o defender una ideología que se ajusta a su postura
política. Falsos científicos que por estar a disgusto con la realidad que les rodea,
pretenden escudarse en su toga para desvirtuar y falsificar la verdad. Nada más anti-
científico en el corazón de nuestra ciencia.

¿Qué podría restaurar tal daño y ofensa a nuestra academia venezolana, así como le
permitiría limpiar su cara ante el pueblo que la observa? Lo mismo que la conforma, su
capacidad de investigación, de purga y defensa apasionada de la verdad. Una
rectificación pública y a fondo que se ajuste con aquel viejo adagio en latín “Amicus
Plato sed magis amica veritas” (Platón es mi amigo, pero más amigo de la verdad soy).


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