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Lagarde ajusta el dólar en el mundo global aprovechando desenlaces de los virus

Tenemos que ir a la historia y, no perder el tiempo viendo en la televisión algunas series pendientes llenas de viejas fotografías olvidadas y algún que otro documento perdido. Dejemos de ser efusivos y habrá que salir poco, ya que la exposición a los especuladores de alimentos y quienes botan basura en terrenos baldíos, nos llevan a dejar las efusividades con los abrazos y besos, que dejan ya de ser extrencidades que, se acabará viendo como un acto de manifiesta irresponsabilidad. No piense que en su población están a salvo porque el virus viaja más rápido de lo que aparenta: llegará, contagiará y le obligará a resguardarse. ¿Cuál virus? El de nuestra dejadez por no colocar la basura en su lugar y, los Laboratorios farmacéuticos dejan correr las cepas por cualquier lugar y no son resguardados en sitios refrigerados o ambiental.

Los especialistas señalan insistentemente que, de darse el contagio -con más facilidad que en otros casos-, simplemente deberá guardar reposo, hidratarse y medicarse contra los síntomas más elementales, como la fiebre y la tos. Sin embargo, el miedo a lo desconocido hace que muchos crean que nos enfrentamos a una suerte de Apocalipsis. No es así, pero socialmente tiene el coronavirus una repercusión bárbara. Y no digamos en las estructuras macro y microeconómicas. Para no colapsar centros médicos, hemos de comportarnos de una manera elementalmente responsable que permita controlar la expansión, y ello pasa por no ir ni a misa, por ejemplo; ni a la fiesta de la disco, ni a la cena del club, ni al viaje programado, ni al museo, ni de visita. Se trata de un tiempo de contención mediante el cual se pueda frenar la curva de crecimiento al objeto de no saturar hospitales y demás. Un 20%, o menos, de los contagiados precisarán de atención en centros de salud para paliar posibles insuficiencias respiratorias, pero el 80% restante deberán saborear el paracetamol en el sofá de casa

En la medida de lo posible, habría que no dramatizar en exceso la situación y sí mostrar un civismo ciudadano acorde a nuestro deber, que también lo tenemos. No solo tenemos derechos; también deberes. Lamentablemente hay que parar el país y eso pasa por que se pare usted, no sé si tres semanas, o dos, o una, o hasta que la puñetera curva descienda. Hágase a la idea de que va a llover toda la Semana Santa y no podrá salir ninguna cofradía a la calle, como se han hecho a la idea los falleros dejando las cosas para julio. Como los pasajes y bailes folclóricos en pueblos como Borburata, Aji y Choroni. Confíe en el trabajo de los científicos en la esperanza de que el conocimiento humano investigue de forma rápida y encuentre la solución mejor.

Esta crisis ha llegado a nuestra puerta de manera mucho más brusca y temprana de lo que creíamos, y ha caído como un fardo sobre nuestra cotidianidad. Tiempo habrá de revisar el trabajo de las autoridades, si se ha actuado con previsión y tiempo o no, pero ahora es momento de la responsabilidad colectiva asistiendo a un escenario absolutamente desconocido hasta la fecha con pautas de elemental prudencia. No haga caso de los whatsapps tremebundos en los que supuestos médicos desvelan muertes masivas o terribles escenarios de enfermos apelotonados: son mentira. Confíe en el tiempo que nos queda por delante. Esto pasará y acabará siendo un mal sueño de primavera o de verano, en Venezuela ya entramos al segundo trienio anual.

Mientras, Christine Lagarde hace los ajustes necesarios para que el Banco Central Europeo, (BCE), tengas oportunidad de combatir los efectos económicos de esta virulencia que tiene ya doce, 12, años propagándose desde sus comienzos en las costas de cualquier continente cuyas playas y arenas tuviesen un clima algo húmedo y estable hasta llegar en su primer ciclo en dengue y chincuya. La Eurozona viene alterándose por los grandes impactos financieros y el dólar debe estabilizarse con una barra libre de liquidez para la banca, los centros bursátiles están en expectativas.

Salió ayer a anunciar las medidas tomadas por el Banco Central Europeo (BCE) para combatir los efectos económicos del coronavirus convencida de que serían un cañonazo que provocaría un «gran impacto» en la economía de la Eurozona. Pero a pesar de las nuevas compras de activos por nada menos que 120.000 millones de euros adicionales y la nueva barra libre de liquidez para la banca, los mercados advirtieron que el paquete es insuficiente. Todas las Bolsas europeas se desplomaron con caídas superiores al 12%. El Ibex 35, en caída libre, perdió un 14,06%, la que es la peor sesión de su historia. Ni el día del referendo del Brexit ni en la crisis financiera de 2008 o la de deuda soberana entre 2010 y 2012 se registraron en la Bolsa de Madrid unos «números rojos» de tal calibre.

La lectura inmediata fue que el BCE carece del necesario margen de maniobra para hacer frente con fuerza a esta crisis y a las que vengan detrás. Y no solo eso: a diferencia de la reacción por sorpresa y deliberadamente exagerada de la Reserva Federal de EE.UU. y del Banco de Inglaterra, el consejo de gobierno del BCE defraudó las expectativas creadas. El mercado espera en estos casos una sobrerreacción, y el BCE respondió, según describen los analistas de DWS, con un «pequeño paquete de rescate».

El organismo dejó intactos los tipos de interés: el de referencia, aunque ya estaba por debajo de los de EE.UU. y Reino Unido, seguirá en el 0%, nivel en el que está desde marzo de 2016. Y las tasas de depósito y de crédito se mantienen también sin cambios, statu quo que denota falta de fuelle. «La flagrante ausencia de un recorte de tipos es un crudo recordatorio de que, dado que el de los depósitos ya está en -0,5%, el BCE tiene un margen de maniobra significativamente inferior al de sus homólogos», valora Wolfgang Bauer, gestor de M&G Investments.

Esta decisión contrasta con las bajadas drásticas de tipos anunciadas por la Fed y el Banco de Inglaterra, entre otros bancos centrales, sin ni siquiera esperar a sus reuniones habituales. De nada sirvieron los subrayados de Lagarde, que en la rueda de prensa posterior a la reunión del BCE insistía en que es parte de una iniciativa «ambiciosa y coordinada», expresión con la que implicaba a los gobiernos de la zona euro y sus políticas fiscales.

Lagarde admitió que está «preocupada» por «la lentitud y la complacencia» de los gobiernos de la Eurozona frente a la pandemia. Los expertos del BCE recortaron sus previsiones para la economía de la Eurozona y estiman que crezca este año un 0,8%, en comparación con el 1,1% proyectado en diciembre. Ahora bien, estas previsiones «no están actualizadas» y no toman en cuenta las últimas evoluciones de la enfermedad, matizó la presidenta del BCE, que esta semana alertó a los socios miembros de que Europa afronta una crisis de la magnitud de la de 2008.

«Esperamos soluciones, no alertas», dicen a ABC fuentes financieras. Aunque el BCE no constata «señales evidentes de estrés en los mercados monetarios o de falta de liquidez en el sistema bancario», ha diseñado un programa de liquidez pensado especialmente para las pymes, esperando que ese dinero llegue a la economía real, algo que no logró nunca Mario Draghi, y ayude a las compañías afectadas por el Covid-19.
El objetivo es evitar una restricción crediticia y que se encadenen las quiebras empresariales. Para ello, además de nuevas subastas de liquidez en condiciones favorables, el BCE comprará 120.000 millones adicionales de deuda este año, sobre todo en el sector privado, reforzando el actual programa de compras mensuales de 20.000 millones.

El problema es que hace ya mucho tiempo que los bancos, que son la correa de transmisión de esa política monetaria a la economía real, vienen insistiendo en que no hay ningún problema de liquidez. Solo los cinco grandes bancos españoles han anunciado estos días que tienen 99.500 millones a disposición de las pymes. La banca esperaba medidas más contundentes tanto del BCE como de los líderes europeos, como relajar de forma radical la norma de provisiones y conceder avales con garantía pública a largo plazo para que las entidades puedan dar créditos sin riesgo a empresas que van a requerir cierto tiempo para recuperarse de las pérdidas del coronavirus, por muy temporal que sea la pandemia.

Cierto es que el BCE autorizará a los bancos eludir de forma temporal los requisitos de capital y de liquidez en vigor para que «puedan seguir jugando su papel en la financiación de la economía real a medida que los efectos económicos del coronavirus se vayan volviendo más aparentes», dijo Lagarde. Además, habrá flexibilidad supervisora, este año no se harán test de estrés y se permitirá cubrir las ratios de capital con recursos de menor calidad. El Banco de Inglaterra fue más allá y redujo el colchón anticíclico que deben cubrir los bancos del 1% al 0%, lo que liberará 190.000 millones de libras.

«El BCE, que está al límite de sus fuerzas, pero no ceja en su empeño, ha hecho lo que ha podido», dice Oliver Blackbourn, gestor de Janus Henderson. «Ha inyectado dinero al sistema para que las entidades aumenten la concesión de créditos, pero la población no puede gastar porque las tiendas están cerradas, no necesitan crédito. El objetivo principal debe ser evitar los impagos, ayudando tanto a las empresas como a los consumidores a superar la situación actual», añade.
Que la zona euro entre o no en recesión «dependerá de la rapidez, de la fuerza y del carácter coordinado» de la respuesta «de todos los actores», advirtió ayer Largarde, llamando así a los gobiernos a «asumir el desafío sanitario» y «limitar el impacto económico» con una «respuesta presupuestaria ambiciosa y coordinada». Por ahora, cada país está anunciando sus propias medidas, y la UE solo ha planteado inyectar 25.000 millones, por debajo de los 35.000 desplegados solo por Reino Unido.

Junto a la decepción del plan Lagarde, las medidas anunciadas por Donald Trump hundieron la Bolsa de Nueva York y el miedo a la recesión en general desató el pánico en las plazas bursátiles de todo el mundo. En menos de tres semanas el Ibex 35, al que tampoco el plan de choque del Gobierno español ha dado oxígeno, ha perdido la friolera de un 36% de su valor, dejando las acciones de las compañías españolas en unas valoraciones ridículas.
Esa situación, especialmente grave en el caso de los bancos, ha llevado a la cotizadas a iniciar una campaña de «lobby» para que los supervisores -el organismo competente es la Autoridad Europea del Mercado de Valores (ESMA)- prohíban las posiciones cortas, como hicieron varios países europeos de forma coordinada en 2011 y 2012. Fuentes empresariales alertan de que el terreno ahora mismo está abonado para los especuladores.

La bolsa de Nueva York viene sufriendo pérdidas en sus respectivos escenarios y hay que dar paso a los crash en toda regla para lograr remontarse y darle al dólar una mayor seguridad, Donald Trump quiere gobernar junto a Vladimir Putin hasta 2024- 25, cuando hay nuevas elecciones rusas.

De este modo, "técnicamente, ha finalizado la tendencia alcista que nación en 2009", sentenciaba Cabrero. Desde Ecotrader, el portal de inversión para suscriptores de el Economista, se ha reducido la exposición a índices y se espera a que llegue un rebote para deshacer otras posiciones. El célebre inversor Warren Buffett ha mostrado su sorpresa por lo que viene ocurriendo en los mercados a raíz del coronavirus, asegura que en su larga vida no ha visto nada igual a lo que está sucediendo, aunque reconoce que el desenlace económico quizá no sea tan duro como el de la crisis de 2008 o de 1987. "Si te quedas el tiempo suficiente, verás todo en los mercados", asegura desde su sede de Omaha en una entrevista concedida a Yahoo! Finance.

Ya hay 89 años de experiencia y el mercado provoca un doble golpe a los inversores por agrupar nuevas Corporaciones, donde la izquierda desea influir en el mundo occidental.

Sin embargo, en la crisis del coronavirus lo peor todavía puede estar por llegar, por lo que hacer una valoración ahora podría ser precipitado.


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Emiro Vera Suárez


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