La silenciosa y solitaria tragedia Yukpa

Después de casi quinientos años de resistencia nuestros pueblos originarios consiguen en el seno de la revolución bolivariana un reconocimiento normativo de más alto rango, el constitucional; y de él se derivó todo un cuerpo de leyes. Como consecuencia se construyó un marco institucional con el propósito de atender la problemática indígena en Venezuela. A estas alturas nos podemos preguntar ¿Qué efectos tienen estos avances en la realidad concreta de los pueblos originarios?. Desde la palabra de los indígenas mismos la situación hoy es grave. Si bien es cierto que para la población en general las condiciones de vida se han precarizado, para nuestros hermanos indígenas hoy es la prolongación de una tragedia histórica. En esta nota en particular me quiero referir a los compañeros y compañeras del pueblo Yukpa.

Durante siglos ha habido una estrategia sistemática y continuada de exterminio del pueblo Yukpa, con un solo propósito: arrebatarle las tierras en las que desde tiempos inmemoriales conviven. Han sido generaciones de ganaderos que los que la han promovido esta estrategia, en connivencia con los gobiernos de turno y con el amparo de las fuerzas públicas en todos sus niveles. Ante esto los Yukpas en su mayoría han resistido ferozmente, aunque terminaron arrinconados a la altura media de nuestra sierra de Perija. Otros, no pocos; han huido a Maracaibo y llevan una vida de indigencia en la vía pública, frente a la indiferencia o desprecio de la población.

Los Yukpas como todos pueblos viven sus contradicciones que se expresan de múltiples formas, de tal manera que no es útil la idealización ya que no permite establecer una relación constructiva. Ahora, ni siquiera eso hay y mucho menos una comprensión de su cosmovisión como pueblo.

Recientemente unas fuertes lluvias barrieron comunidades enteras de Yukpas y solo unos días después llegó un poco de ayuda estatal. Cinco niños murieron en estos eventos y decenas de familias perdieron sus casas y los pocos enseres que tenían para hacer su vida cotidiana. Hubo algunas declaraciones oficiales, que generaron unos cuantos titulares y se volvió al silencio mediático y peor aún al silencio en el debate social. Hoy son muy pocas la voces que hablan de los Yukpas en el Estado Zulia y menos en el país. Hoy son muy pocas las manos tendidas a los Yukpas, no solo por caridad, sino por solidaridad de pueblo. Hoy los Yukpas no son escuchados.

Las lluvias solo contribuyeron a agravar la situación del pueblo Yukpa en la sierra de Perija, caracterizada por las condiciones de vida precarias, que son el caldo de cultivo para enfermedades que para el resto de la población han sido erradicadas, así como la desnutrición. Afectaron las ya limitadas actividades que desarrollan para garantizar el sustento, fundamentalmente agrícolas, pero sin medios para colocarlas en los mercados locales. Estas condiciones siguen colocando a los hermanos y hermanas Yukpas en bandeja de plata, para seguir siendo mano de obra en los cultivos o laboratorios de narcóticos y de la explotación ilegal de minerales, que se realizan en ambos lados de la frontera, con el resguardo de grupos irregulares colombianos.

Ante esta realidad ¿Cuál es nuestra acción?, como sociedad y como Estado. Se observa una ausencia de la implementación de una política de Estado Nacional para los pueblos indígenas ubicados en nuestras fronteras, así como a nivel Estadal (tenemos una Secretaria de Exportación en la Gobernación Bolivariana del Estado Zulia, una de Asuntos Fronterizos, pero no de Pueblos Indígenas por ponerle un nombre). A nivel municipal, no se diga. En los últimos meses esta accionando en un enfoque asistencial el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en algunas comunidades.

Socialmente hemos dejado solas a nuestras hermanas y hermanos Yukpas, como dije hace unos párrafos, además son el blanco de nuestra indiferencia y a lo sumo desprecio. En un escenario de agresión como el que experimentamos hay que resistir y pasar a la ofensiva, pero también proteger a los más vulnerables y esto es algo que está pendiente.

Hoy es imperativo no solo proteger, sino generar las condiciones en conjunto con el pueblo Yukpa para hacer realidad lo que dice el Capítulo VIII de nuestra Constitución Nacional, por lo menos. Y una tarea que no se puede postergar más es la demarcación y la garantía del derecho a la propiedad colectiva de sus tierras, las cuales serán inalienables, imprescriptibles, inembargables e intransferibles.



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Jesús Alberto Rondón

Sociólogo, se desempeña como Facilitador en el Inpsasel, ha sido electo Delegado de Prevención (2011-2013 y 2013-2015) y es Vice-Presidente del Consejo de Vigilancia de la Caja de Ahorros de los Trabajadores y Trabajadoras del Inpsasel (2.011).

 jesusalbertorondon@gmail.com      @jxrondon

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