"Estamos en una verdadera economía de guerra"... pero, ¡como si nada!

En una economía de guerra (si estamos perdiendo la guerra) el Estado debería tomar el control de todos los procesos económicos, organizar la sociedad, controlar en especial a los especuladores y contrabandistas, acaparadores. Ni siquiera hay que impulsar un cambio socialista para controlar la economía. En la segunda guerra mundial Inglaterra lo hizo, con las directrices de John Maynard Keynes, ¡hasta 1979! cuando apareció Margaret Thacher y Milton Friedman y su teoría del Shock neoliberal, y en nombre de la libertad, Keynes hizo ¡Puf!... No se podía ser capitalista y socialista a la vez, alguno de los dos lados se tenía que romper,

Solo en este país y con este gobierno aguajero como este, en una "economía de guerra", el presidente le cede el control de la economía a los que se suponen son los enemigos de la sociedad: a las trasnacionales y a los capitalistas; al imperio (o a los imperios, para ser justos); a los especuladores y mercachifles. Solo a maduro se le ocurre aparentar una lucha de resistencia socialista; tomar medidas solo en los discursos, pero en la práctica continuar con los capitalistas –aparentemente tratando de convencerlos de que sean socialistas – O…, solo él tiene la osadía de mentir con tanto descaro.

Una "economía de guerra" sin guerra.

Según Jaua, el modelo Keynesiano es el modelo económico ideal. Ya se olvidó de Marx y del marxismo. Ahora está de moda entre viejos militantes de izquierda Keynes, y para muchos otros las tesis reformistas, como es el caso de Jesús Farías (él las disimula en una "ortodoxia etapista": hay que desarrollar las fuerzas productivas capitalistas para que el capitalismo se caiga solito de maduro)…y a pesar de Chávez: perdieron el pudor.

El asunto es que después de la muerte de Chávez hemos experimentado una "economía de guerra" auto infringida, sin librar ninguna guerra: "Vamos a desarrollar las fuerzas productivas del capitalismo", y el capitalismo, como el alacrán, pica y ahoga al sapo; cada vez que lo colocan en su espalda lo pica y lo ahoga... (¡Esa es su naturaleza!, ¡hambrear y explotar a la sociedad!) Se trata de una "doctrina ortodoxa", el reformismo, enfrentada a la realidad trágica del capitalismo.

La naturaleza del capitalismo es reproducirse y fortalecerse, es una fuerza primitiva, depredadora, despiadada, egoísta; es el padre que se come a sus hijos, como Saturno se come a los titanes. El fin del capitalismo, siguiendo su lógica es el fin de la humanidad.

Pero, si vamos en contra de su lógica, el fin del capitalismo es la revolución socialista marxista y el triunfo de la vida y de la humanidad, de la razón humanista. La revolución socialista es una guerra social, de clases, que va en contra de la lógica del capitalismo, no trabaja con sus métodos ni a favor del enemigo de clase, de la clase enemiga. La "economía de guerra" para los socialistas supone un control absoluto de todos los procesos económicos porque se supone que con la guerra termina el capitalismo; no deja por fuera a los bancos o a los comerciantes, no libera precios, no persigue a los bachaqueros y protege a los Gama, o a la Central Madeirense, a Polar. Una economía de guerra socialista no transfiere la propiedad social a los privados, porque sería reconocer que no libra realmente ninguna guerra, que no es socialista y que solo usa la guerra como un pretexto para acentuar los privilegios, para hambrear a los trabajadores, restringir los recursos a las mayorías y acrecentar las ganancias y libertades a las minorías.

O hay una guerra social o no existe ninguna guerra, solo la excusa para sostener los privilegios de los que más tienen. La crisis del país no es una crisis de guerra es la crisis de una injusta distribución de las cargas, de libertades para unos pocos frente a una exagerada escases y limitaciones para las mayorías. Si hay una guerra ésta sería una guerra extraña, donde muchos estamos más pobres y atados de manos, mientras otros son cada vez más libres y ricos; hay infinitas maneras de decir lo mismo.

El bloqueo económico no afecta al capitalismo, porque el capitalismo –el "honesto" y el otro – no tiene más patria que la ganancia, y si lo amenazan… se mueve. El bloqueo económico acabará con un pueblo atado de manos por un gobierno ideológicamente ambiguo, confuso, camaleónico, el cual es socialista cuando llegan las elecciones y capitalista cuando pasan. No hay una guerra porque el pueblo no está peleando, ni siquiera el gobierno está peleando; no hay una guerra porque somos rehenes de nuestros enemigos desde hace cinco años. O sea; ¡no existe una economía de guerra en el país, solo ausencia de revolución!



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Marcos Luna


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