Apostamos al Diálogo Nacional

APOSTAMOS AL DIÁLOGO NACIONAL

Eduardo Marapacuto

Apostamos al Diálogo Nacional impulsado por el gobierno revolucionario de Nicolás Maduro Moros, presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela. Efectivamente, el lunes 16 de septiembre de 2019, en el marco de la instalación de la Mesa Nacional de Diálogo por la Paz, se firmó entre el gobierno y partidos opositores sendos acuerdos para avanzar en una cruzada que permita, por un lado, enfrentar los ataques y peligros que asechan a la República, y por el otro, que permita avanzar en un entendimiento político con los sectores opositores.

Apostamos al Diálogo porque creemos firmemente que no debe perderse la esperanza en la política y mucho menos en las perspectivas de entendimiento de los hijos e hijas de nuestro pueblo, porque a través del diálogo podemos mirar tranquilos hacia el horizonte de la vida y así soñar con el futuro de la patria que todos deseamos y aspiramos. También, a través del diálogo podemos asomarnos por la ventana de los tiempos a contemplar y recordar que a lo largo de la historia de la humanidad se ha vivido en la tragedia sin sentido, del conflicto eterno de los pueblos y sociedades, donde se han derramado mares de sangre para preservar el privilegio de las grandes castas económicas y religiosas, en detrimento de millones de seres humanos cuyo único pecado es el anhelo de tener un mundo mejor. Precisamente, en Venezuela la revolución llegó en el año 1999, sin miedo, para impulsar la democracia de rostro humano y de sonrisa solidaria, impregnada con los valores del respeto y la convivencia política y social.

De esa manera, a primera vista los llamados al diálogo y la reconciliación nacional aparecen en la escena política como una oportunidad para planificar el futuro de la patria. Por ello, las venezolanas y venezolanos debemos darle el sentido de la oportunidad para dialogar y discutir la institucionalidad de nuestra sociedad y nuestra república. No obstante, sin dejar de reconocer que la apertura y los puntos de encuentros son necesarios en nuestra dinámica social y política de hoy, también hay que tener sumo cuidado con todo esto y no dejar colear por allí a los oportunistas opositores, esos que aparecen entre las sombras vestidos de levita para aprovecharse de las circunstancias. Debemos tener presente que en política hay amigos, aliados, adversarios y enemigos. Es necesario hacer todas estas consideraciones porque pensar el futuro de la patria es una cuestión muy seria y hay que planificarla como tal.

Sin exagerar, no debemos olvidar que las tendencias políticas adversas-radicales al proceso revolucionario viven su propia procesión. De allí que el diálogo debe sostenerse con aquellos sectores que realmente quieren diálogo, con los hijos del pueblo, con los amigos y aliados, pero nunca con los enemigos, con los traidores, con los que sembraron la cultura de la muerte en este país. No se trata de egoísmo, si no poner a resguardo todos los acuerdos y garantizar el futuro de nuestro país.

Decimos que nunca es tarde para el diálogo. A pesar de los avances frenados en otras iniciativas de diálogo celebradas en Caracas, República Dominicana, Noruega y Barbados, consideramos que no fue tiempo perdido; por eso es que apostamos al diálogo y a los acuerdos alcanzados este lunes 16 de septiembre de 2019.

Por supuesto, todos estamos claros que en la historia venezolana nunca ha habido una lucha dialéctica y una lucha política comparable a la que se produce en la actualidad. Es evidente que antes de la Revolución Bolivariana había una línea imaginaria, una visión distinta sobre cómo organizar la sociedad y a la vez concurrían –a nuestro modo de ver-– una serie de circunstancias que atenuaban la magnitud de las discusiones, volviéndolas estériles y sin sentido.

Entre esas circunstancias resaltan en primer lugar, el tipo de sistema político; por ejemplo, el que nace a partir de 1958, cuando se instala la democracia “Puntofijista” que impedía el diálogo y a la vez la libre discusión y la propagación de las ideas. En segundo lugar, la lacerante lentitud de los cambios sociales y económicos que hundieron la esperanza de millones de venezolanos y venezolanas en las sombras del abismo, condenándolos a morder el polvo de la miseria, la ignorancia y la exclusión. En tercer lugar, el engaño y la vil manipulación de la Iglesia Católica, Fedecámaras, CTV, partidos políticos y gobernantes de turno que jugaron durante casi cuarenta años con la fe de la sociedad venezolana.

Esas postergaciones, esos espacios cerrados o barreras establecidas por los sectores dominantes en contra de las grandes mayorías, hicieron que desde las entrañas mismas del dolor y el sufrimiento del pueblo, brotaran las banderas y los proyectos para transformar el orden establecido. A través del discurso férreo y orientador fuimos identificamos al líder, el que guiaría la lucha para la liberación y la transformación.

Así fuimos avanzando en estos últimos veinte años, abriendo caminos y sorteando todos los obstáculos. Ha sido una lucha dura y tremenda. De allí que momentos cuando atravesamos una coyuntura de agresión, de amenazas y de guerra, no podemos encerrarnos solo en el cuarto oscuro de la defensiva, también hay que avanzar en las estrategias de la ofensiva. Por eso el Diálogo es una oportunidad política para exponer con claridad meridiana las diferencias en el campo de las ideas. Se abre de esa manera, un horizonte bañado con la luz de la racionalidad.

En efecto, el inicio de este nuevo Diálogo Nacional debe marcar el rumbo del camino político. Las reflexiones, los proyectos y los acuerdos firmados deben apuntar hacia la construcción de un verdadero entendimiento entre las fuerzas políticas revolucionarias y opositoras y acabar con ese manto perverso de la mentira por parte de grupos opositores radicales que manipulan queriendo tapar el sol de la verdad para que imperen los tiempos oscuros. Ahora con esta nueva iniciativa de Diálogo Nacional, se comienza a transitar hacia una nueva forma de hacer política, es decir se comienza a caminar por los caminos de la verdadera esencia de la política y la democracia. Todos los acuerdos y propuestas deben influir considerablemente, tanto en el desarrollo de los acontecimientos propios de la política, como en la construcción de un verdadero diálogo de respeto.

Porque una de las cuestiones claves que debe ser manejada con precisión en esta nueva oportunidad, es que la política es el campo donde el pueblo diálogo para avanzar. Recordemos en este caso, que la insistencia de Rousseau fue por una “participación activa y sin descanso del pueblo y de cada ciudadano en los asuntos del Estado”; es decir, donde al individuo se le diera la oportunidad de participar en la toma de decisiones políticas del Estado. En ese sentido podemos considerar a Rousseau como el manantial de donde surgieron distintas corrientes del pensamiento político, cuyas influencias se sienten en los actuales momentos.

El terco empeño de propiciar políticas para eliminar los extremos de pobreza y riqueza, así como el afán de establecer mayor igualdad y más justicia social en vez de los sistemas de privilegios e injusticias, fue lo que inspiró a Hugo Chávez a plantear un nuevo modelo político para Venezuela y para América Latina; teoría que sigue impulsando desde Venezuela y que se discute abierta y profundamente en muchos escenarios académicos y círculos de intelectuales del mundo. Como vemos, es una teoría que introduce a los pueblos por los caminos de la libertad y la esperanza, porque tener la capacidad de decidir de manera consensual es la mayor prueba de que sí hay democracia. El discurso y el legado de Hugo Chávez están vivos, impregnados de una profunda pasión revolucionaria, lleno de amor y alegría, que invita a la paz interna y a la solidaridad con los pueblos y sociedades oprimidas del mundo.

En 1998, los venezolanos salimos del “mito de las cavernas”, ese mundo de sombras que era el puntofijismo. Ahora andamos en un espacio de luz, de sentimiento y pasión revolucionaria. Marchamos en el tiempo de la revolución sin temor alguno, venciendo las iras y los odios de los enemigos. Precisamente, son esas victorias consumadas del chavismo las que han desatado la furia opositora en Venezuela. Los enemigos de la revolución, se han vuelto ciegos y sordos ante su propia tragedia. Cada vez más flotan en los espacios siderales de la imaginación, negándose a pisar firmemente el suelo de la realidad política, quizás porque allí es, precisamente, donde han mordido el polvo de la derrota.

Precisamente, son esos tipos de conductas los que obligan a consolidar el proceso revolucionario. Ante tanto engaño y manipulación de los grupos opositores venezolanos, hay que profundizar la revolución. Sabemos que los sectores de derecha interna y externa, claramente identificados, no van a desmayar en su obstinado empeño de detener el avance del proceso revolucionario.

Nadie olvida el golpe de Estado del 11 de abril de 2002; pero tampoco nadie olvida el 13 de abril, cuando el pueblo venezolano con la llama incandescente de la conciencia revolucionaria reaccionó y salió a las calles para derrotar a la cruenta dictadura de Carmona Estanga, aliada de la oligarquía y el capitalismo. Eso es historia reciente que no hay que olvidar, pero hay que seguir la marcha.

El impulso de este nuevo diálogo debe seguir su curso porque el cambio real y permanente está destinado a seguir ocurriendo en nuestro país. Nada de detenernos a contemplar la confusión transitoria que quieren sembrar los opositores radicales, enemigos de pueblo, del Estado y la Revolución venezolana. La revolución bolivariana es la vida que tenemos por delante para hacer el trabajo, desarrollar los proyectos y cumplir cada una de las tareas y metas propuestas; de allí que miremos el provenir de la patria con los ojos de la fe.

Nadie puede negar que la praxis política del momento presente desnuda verdades y muestra en toda su esencia la escasez de proposiciones por parte de los enemigos de la revolución. Pareciera que la pluralidad de pasados se junta y se descompone, dejando una estela de fragmentos putrefactos que a pesar de sus caracteres antagónicos han generado en mutación, dando nacimiento a una perversa corriente de pensamiento entremezclado con el terrorismo y el fascismo, y muy alejada de las fuentes democráticas. Allí, hundida en la miseria del discurso intolerable, esta corriente de extraña progenie, cercena los derechos fundamentales de la democracia y fragmenta la realidad.

A pesar de las trampas opositoras, el proyecto político propuesto por Hugo Chávez ha avanzado y es respaldado por millones de venezolanos. Igualmente, muy a pesar del consenso conspirador y la negación de los logros del gobierno, el apoyo popular se ha venido consolidando y con ello el proyecto revolucionario. Atrás han ido quedando las nubes grises y los caminos inventados. Durante los cuarenta años del puntofijismo, estuvimos trajinando entre la cultura de la corrupción y la miseria colectiva, entre el discurso miserable y la esperanza de todo un pueblo, que a pesar de los embates, esperó siempre con paciencia y dignidad el nacimiento de una nueva patria. Pero más allá de las circunstancias actuales nadie, quiere derramamiento de sangre en nuestro país, pero si hay una actitud de estar dispuesto a luchar para que no nos arrebaten la patria que hemos conquistado.

Apostamos al diálogo, de allí que queremos sumarnos al llamado que ha hecho el presidente Nicolás Maduro a los sectores progresistas y de ideas avanzadas del país para que se unan a esta propuesta de Diálogo Nacional y se pronuncien contra los nefastos planes de la oposición radical. Precisamente, ante la imposibilidad de volver al poder, esos sectores fascistas y traidores de la patria, quieren destruir el Estado y la sociedad venezolana, para luego desde sus cenizas imponer una falsa democracia, de carácter excluyente y donde las bases sociales sean sometidas por los poderosos sectores elitescos. Esa es la verdad.

El primer llamado para que se sumen a la Mesa Nacional de Diálogo por la Paz es a la iglesia católica venezolana, para que demuestre que está al lado de las familias, de los creyentes, al lado de la justicia; que con su voz le diga al pueblo venezolano que ya no conspira y que tampoco está al lado de los traidores que relinchan de soberbia y patean día a día la convivencia social de nuestra patria. Que le digan al pueblo, que están cumpliendo con el mandato de Dios y que es mentira de las misas donde se incita al odio contra el presidente Maduro.

Igualmente, un llamado a los profesionales de este país para que en una cruzada de carácter nacional se unan al diálogo y también denuncien y enfrenten a los opositores violentos que -ante la imposibilidad de derrotar al presidente por medios democráticos- practican el terrorismo. De allí insistimos en hacerles un llamado a todas aquellas personas de claras ideas democráticas para que defendamos nuestro futuro, el de nuestros hijos y nuestras familias. Los grupos opositores que hoy nos someten con el látigo de la presión psicológica, los que atentan contra la tranquilidad de nuestros hogares y la salud mental de nuestros hijos no merecen ningún tipo de consideración ni apoyo político.

Un tercer llamado es a la comunidad internacional para que respalden el Dialogo en Venezuela, a los gobiernos y jefes de estado para que ayuden a la democracia bolivariana que hoy está seriamente amenazada por el imperio norteamericano y sectores sanguinarios de la derecha, por seres humanos de mente criminal, terroristas que juegan al deterioro físico y mental del pueblo venezolano.

Otro sector llamado al diálogo son las universidades, desde donde debe partir la reflexión y empezar a introducir elementos de análisis que contrasten lo discursivo con la realidad. Esto es necesario hacerlo porque poco a poco se ha ido perdiendo el sentido de la percepción de las cosas y cada día vemos el debate más irreflexivo e irracional. Por ejemplo, a diario se nos “bombardea” y se nos dice que vivimos en Venezuela la más atroz de las dictaduras, cuando en realidad vivimos en la más amplia y tolerante de las democracias de América Latina.

Esa es una gran verdad y las universidades deben utilizar sus espacios para iniciar el gran debate. Que sean los profesores, los estudiantes, los empleados y los obreros quienes participen desde adentro sobre los temas claves y fundamentales para el país. Que sean las universidades una referencia de luz para toda la sociedad venezolana y no sean casas para la oscuridad y la mediocridad; que no sean las instituciones desde donde se sigan planificando las guarimbas y se les lave el cerebro a muchos jóvenes para que salgan a quemar y trancar ciudades. Que no sean las universidades donde los rectores conspiran contra la democracia, niegan hasta los artículos de la Carta Magna y reconocen como presidente al payaso opositor.

De verdad, queremos una universidad revolucionaria en todo el sentido de la palabra, donde se discuta la vida, el verbo, donde se discuta el país y sus problemas, el papel y la legitimidad de los líderes de los partidos políticos y de las propias universidades. Pero líderes políticos de verdad, líderes estudiantiles de visión amplia, que tengan la suficiente capacidad para el debate, el diálogo y el consenso.

Las universidades no pueden seguir divorciadas del Plan de la Patria, ni mucho menos alineándose única y exclusivamente al pensamiento de la extrema derecha. También hay que hablar del pensamiento de izquierda y de los movimientos revolucionarios que han venido ganando espacios de poder en América Latina.

Igualmente, los medios de comunicación son los grandes llamados por naturaleza a esta cruzada de Diálogo Nacional. En Venezuela, muchos medios de comunicación no sólo son enemigos peligrosos para el gobierno, sino que constituyen también una verdadera amenaza para la estabilidad democrática del Estado; bien sea por su capacidad para manipular los hechos y por la influencia que ejercen en la opinión pública. De esa manera, está más que demostrado que la mayor parte de los medios de alcance nacional, incluyendo prensa, radio y televisión, continúan estando harto comprometidos con las corrientes de la extrema derecha que pretende vulnerar las bases del Estado venezolano y con ello desestabilizar el gobierno bolivariano y derrocar al presidente Maduro. Pareciera que algunos dueños de periódicos, canales de televisión, radio y otros sectores de la oposición venezolana, no han aprendido las enseñanzas de la derrota. En el golpe de abril del año pasado y el plan macabro del paro de diciembre y enero del 2002 y 2003, en las guarimbas de 2014 y 2017, respectivamente, algunos medios de comunicación fueron un instrumentos al servicio de los traidores de la patria y del imperio norteamericano, que en un hecho sin precedentes, atentaron contra la sociedad y sometieron a millones de venezolanos al caos y la amenaza del desabastecimiento de productos alimenticios. Con todo eso, pareciera que no han asimilado todas las derrotas electorales que se les ha propinado.

También el llamado es para la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) para que, con el poder de las armas y la fuerza legitima que le otorga la Constitución nacional, estén listos juntos con la milicia y el pueblo, a defender la soberanía de la República. Este es el momento para ocuparnos de la defensa de nuestra democracia revolucionaria.

Desde hace veinte años el ciudadano común y el pueblo en general despertaron del letargo para incorporarse a la lucha política, recuperar los espacios, expresar sus ideas y defender sus proyectos. La democracia protagónica se hace presente y ya el engaño "puntofijista" de la democracia boba del voto cada cinco años quedó al descubierto. La revolución llegó y no hay vuelta atrás, por eso decimos que en el país se vive una realidad que trasciende lo inducido. Los niveles de participación y el apego al proyecto revolucionario desmontan el discurso de los traidores, que juegan con las palabras y las emociones para confundir y manipular la conciencia del pueblo venezolano.

No nos dejemos arrastrar por el odio y la incomprensión, ni mucho menos querer matar el presente porque el futuro no ha llegado. Tenemos futuro y lo vislumbramos hermoso como el rostro de la patria grande que siempre hemos soñado.

Esta “otra oportunidad” es como la esperanza, como la luz que brilla fuerte en el rostro de nuestra patria; como la lluvia que se impregna en los surcos del alma para renacer y volver a palpitar de nuevo, afincado en los valores de una visión profunda de la vida. Por ello no hay que desperdiciar esas nuevas oportunidades que nos brinda el destino, ni tampoco encerrarse en el cuarto oscuro del silencio.

La solidez y el carácter revolucionario del pueblo venezolano están garantizados. Apostemos al Diálogo Nacional, porque con el legado de Chávez y la conducción de Nicolás Maduro seguimos creciendo como patria, consolidándonos como militantes revolucionarios bañados por la fuerza, la energía y la fe en el pensamiento del destino, para presentarnos ante los ojos del mundo como una gran nación, hijas e hijos de las mil batallas, amantes de la libertad, el diálogo y la paz.


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Eduardo Marapacuto


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