¿Cómo ganar la guerra?

Jugaban con fuego al aferrarse a la excusa de una guerra con Colombia, al acusar a Colombia de los males nuestros, pero la tentación era irresistible, siempre la rencilla con un país hermano ha dado resultado a los gobiernos capitalistas con problemas internos, el patrioterismo es ropaje para las mayores monstruosidades. Además de los perversos requerimientos políticos en esa rencilla con el vecino opera un componente psicológico, es la conducta del renegado de la nacionalidad, quizá el complejo de Edipo, el odio a los padres.

El desespero es terrible consejero: la crisis económica, social, espiritual avanza y el gobierno no sabe cómo detenerla, se desespera y asume una conducta irresponsable, propia de la marginalidad, endosa la culpa a otros, a los gringos, a los colombianos, a los opositores. Apeló a la amenaza de guerra, de invasión, para distraer un golpe o un “caracazo", y ahora la especie creció y obliga al gobierno, lo conduce.

Es extravagante la conducta de los gobernantes, dicen que tienen pruebas y nunca han mostrado una, es como un comodín para engañar incautos, si es que aún se encuentran algunos. Movilizan misiles, tropas, decretan alerta naranja… y de repente, como si alguien les jaló las orejas, se visten de “gente de paz”, se hacen la víctima, no han roto un plato.

Está claro este gobierno madurista, de neoadecos, es conducido por sus mismos embustes a una guerra con Colombia, cada día la bola de mentiras rueda colina abajo y crece. La situación es alarmante, por la actitud del gobierno y por la quietud de los factores que podían impedir el desastre: Los militares limpian el fusil, aprestan la logística, en eso se ocupan maravillosamente, pero no piensan en los móviles de esa guerra, no discuten los fines de esos pujos belicistas; el psuv, otrora partido de Chávez, ahora de maduro y diosdado, se inhibe, es nulo, sólo repite, no piensa, no cuestiona, no indaga. La masa permanece congelada, es obligada a firmar por una caja de alimentos, pero su corazón está en otro lado.

El madurismo, y eso hay que recalcarlo, hace muchos desastres, el más evidente es el desastre económico, se ve y se siente en el estómago. Sin embargo, el mayor daño es el moral, el espiritual. Desmontó el sentido de sociedad, estimuló el egoísmo, creó un conglomerado de egoístas donde cada uno es un enemigo del prójimo y de la sociedad, sólo se importa por su bien, el bien común es una quimera. El madurismo nos convirtió como nunca en un país territorio de la lucha salvaje de todos contra todos. En estas condiciones, no hay posibilidades del mínimo éxito en nada, ni en la guerra, ni en la producción, no se puede pensar en la más pequeña acción colectiva. El madurismo, en poco tiempo, nos convirtió en una no sociedad, un inexistente.

Esta es la guerra que estamos perdiendo, la lucha contra nosotros mismos, la lucha contra el virus del madurismo, por el rescate de nuestra condición de país, de sociedad. Por supuesto que la reconquista de la nacionalidad no puede ser con este gobierno causante de la pérdida de la cohesión social, es necesario salir del madurismo para detener el absurdo de una guerra con Colombia, y poder ganar la guerra verdadera, la reconstrucción de la Patria…


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Toby Valderrama Antonio Aponte

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