¿Los derechos humanos de quién me dijo usted?

I El ejecutante

La insania de los torturadores no debe ser simple. Unos son sádicos que se deleitan con el sufrimiento ajeno, o perturbados que disfrutan el poder, el dominio absoluto, sobre el cuerpo de un ser indefenso. Otros son pura rabia y alucinado odio contra el torturado, el enemigo al que perciben como el subhumano pecador que todo dolor merece. Distintas tipologías. Pero todos los verdugos justifican su inhumanidad y su sucia lascivia con argucias como el "duro deber", el "alguien tiene que hacerlo", la culpa detestable e indeleble de la víctima y hasta asumen que la Patria misma es la que les exige el "sacrificio" de atormentar a otro.

El otro, la víctima, está maniatado y sin fuerzas de tanto dolor, de tanta golpiza, de tanto desgarre. Desfallecido de verse tan solo y desamparado. La tortura es un ser omnipotente contra otro ser que no puede nada: el verdugo no comulga con el espíritu militar que afronta la guerra y sus peligros, que desafía a un adversario armado, que pone en riesgo la vida. En la tortura además de la perversión y el morbo hay también cobardía. Se necesita cobardía para agredir con terca saña al indefenso.

Los psiquiatras desenredarán esa maraña malsana que deambula en la enferma mente del verdugo. Hijo de puta como cualquier torturador, diría sin rodeos ni diagnóstico Miguel Otero Silva.

II El manos limpia

Pero además del sucio y oscuro calabozo de los tormentos con sus tenebrosas herramientas, tiene que haber otros espacios limpios, luminosos y ordenados, habitualmente un escritorio con lámparas, bolígrafos, cuadernos, computadoras, donde se sientan a trastear los papeles el superior que sabe qué ocurre y lo permite, el que dio la orden, el que no acusará al torturador o, llegado el caso, solo lo inculpará de maltrato, el que lo defenderá, el que se beneficia. Mientras más arriba esté el escritorio, más limpia de sangre se siente la conciencia y más acicaladas están las uñas.

Porque la tortura, más allá de la aberración psiquiátrica individual, obedece a una razón más extensa y colectiva: aterrorizar a los disidentes, marcarle el paso a los desafectos, hacer que los críticos callen y que los tibios vean hacia otro lado. El torturador busca lanzar al abismo a su solitaria víctima, mientras la tortura en sí busca imponer un equilibrio de fuerzas aterrorizando a los no torturados. Un gobierno minoritario que pretenda perpetuarse, luego de las maniobras políticas, de la presión mediática, de los encuadramientos legales y de la represión "legal", utiliza la tortura como fuerza de contención de lo que pueda escaparse a sus otros instrumentos del poder.

El hombre de las manos limpias sabe muy bien, mejor que el torturador, por qué se tortura.

III El público que justifica o aplaude

Además del que tiene las manos llenas de sangre y del que se engaña creyendo que no las tiene, hay en la tortura otro elemento indispensable: un público que justifica o aplaude.

La mera existencia de ese público es triste y decepcionante para los que creemos que hay algo de avance en la conciencia humana, que el tiempo nos hace algo menos primitivos de lo que éramos (aunque haya de vez en cuando retrocesos innegables). Por suerte, en nuestro caso, el venezolano, ese público no es tan grande como pareciera, aunque sí es lo suficientemente numeroso para avergonzarnos a todos como sociedad.

Hubo un tiempo, hace siglos, en el que la tortura era un medio legal de investigación, un juez podía ordenar su aplicación para obtener información del acusado o de un testigo. La Iglesia Católica practicó a mansalva el tormento través de su siniestra Inquisición. Por supuesto que la mayor parte de las veces el torturado confesaba cualquier cosa que le pusieran por delante. Estoy seguro de que somos una humanidad mejor desde que se proscribió la tortura y se catalogó como un crimen.

Hoy en día sabemos, o deberíamos saber, que los derechos humanos son derechos absolutos. No tienen nada que ver con la gravedad del delito ni con la degeneración moral del preso. Po lo tanto no pueden ser violados argumentando la culpa, real o presunta, del prisionero. Insisto: la infracción contra los derechos humanos no se justifica con la culpabilidad de la víctima.

Es que la tortura es tan degradante que enloda de infamia no solo al ejecutante, sino también al que dio la orden y al que la permite, y también a los que aplauden. Todos salen inevitablemente manchados.

IV Polarización y Derechos Humanos

El gobierno y la Oposición han generado sus respectivos sectores "radicales". Se les etiqueta como "radicales" no porque sus propuestas o análisis vayan a la raíz de los problemas, sino porque expresan los juicios más desquiciados e idiotas, plantean la destrucción de todo el bando adversario y tienden a la violencia. Así conseguimos a unos cuya profundidad de análisis político no supera la mentada de madre a Maduro, y a otros cuyos discursos políticos no salen de un sartal de consignas, arengas y adjetivos. Son dos minorías, como se ve claramente en las encuestas, pero son tan boconas y autosuficientes que engañan a muchos haciéndoles creer que la suma de esas dos élites (y sus respectivas fans) es la totalidad del pensamiento político del país.

Cuando alguien es golpeado, vejado, detenido ilegalmente, quemado, torturado, lo primero que se pregunta el "polarizado" es de qué lado está la víctima. Si está de su mismo lado, el "exceso" es un crimen inaudito; si está del lado contrario, la víctima indudablemente se lo merecía. Quisiera dejarle bien claro al mundo que los venezolanos no somos así, que tenemos un siglo de rechazo y de lucha contra las violaciones de los derechos humanos, desde la Rotunda hasta el Helicoide.

Fue vergonzoso e indignante que el material gráfico que circuló sobre el diputado Requesens, que evidenciaba el maltrato al prisionero, fuera aplaudido por parte de sectores maduristas, porque el prisionero "se lo merecía". Más espantosa aún fue la reacción frente a la salvaje tortura que sufrió el capitán Acosta Arévalo y que lo llevó a la muerte, hubo quien se "extrañó" de tanto escándalo por los tormentos puesto que la víctima "pretendía producir más muertes". O sea, que los crímenes que se le imputaban al capitán justificaban la tortura. Por supuesto, a gente con tal catadura moral le pareció natural lo de la "entrega controlada" del cuerpo del capitán a sus familiares, a quienes les arrebataron el derecho de celebrar libremente los ritos funerarios del fallecido (tal como hicieron muchas veces los gobiernos adecos con los cadáveres de torturados).

¿Será que estamos regresando a la época de Betancourt y Leoni? Ya hay muchos elementos comunes. Porque la tortura no es la única violación de los derechos humanos. También se detiene ilegalmente a cualquiera y se le mantiene en un limbo donde pasan meses y meses, incluso sin haber sido acusados o sin ser presentados ante un juez. Muchos civiles son entregados a la justicia militar, incluyendo dirigentes sindicales. Hasta teniendo una boleta de excarcelación la gente continúa presa. Y el derecho a la vida es violado permanentemente, antes fue con la OLP, ahora tenemos a las "Fuerzas Especiales" de la Policía Nacional Bolivariana, la FAES, que casi a diario reportan muchos "caídos" en sus operaciones.

Vino el asunto del Informe Bachelet; antes, una oposición estúpida se dedicaba a denigrar de la Sra. Bachelet;, ahora es el gobierno el que se dedica a lo mismo. Por supuesto que el informe de la Alta Comisionada para los DDHH debe cumplir con requisitos, por lo cual puede tener errores. Pero el que haya errores o no en el Informe no es más importante que una verdad que todos, todos (incluyendo a los negacionistas), sabemos: en Venezuela se están violando los derechos humanos constantemente: se dan casos de tortura, de ajusticiamiento extrajudicial, de detenciones ilegales, etc. Eso es lo que debe preocuparnos, y ocuparnos.

La Fiscalía calificó el delito cometido por los torturadores y asesinos del capitán Acosta como "homicidio preterintencional con causal"; o sea, los exoneró de entrada de la tortura y del agavillamiento. Si el capitán no hubiera muerto, el Fiscal hubiese acusado a los perpetradores de "lesiones personales". Con esa calificación la Fiscalía envía un mensaje a los torturadores a los que "se les pase la mano" en su faena: está claro que se les disminuirá lo más posible los cargos. También con esta calificación el Estado confiesa públicamente ante la opinión mundial que en Venezuela la tortura no es delito.

V ¿Realmente estás en la izquierda?

Ya es más que una asombrosa ingenuidad creer que la claque madurista representa una opción de izquierda. El giro hacia la derecha se está acelerando constantemente, a la entrega a transnacionales de las riquezas mineras del país ahora sigue una política de privatización que se pretende adelantar sin levantar revuelos. Ya no tiene mucho sentido acusar a Dólar Today de auspiciar un "dólar criminal", cuando ahora lo auspicia el mismo gobierno. Tampoco se habla mucho de "control de precios", después de tantos años de fracaso de esa política.

La pregunta ahora es cuál es el espacio político donde se encuentra la base del madurismo que se auto considera de izquierda; me refiero a ese segmento de izquierda de base, no a los burócratas, corruptos, ladrones y, por supuesto, menos a los torturadores. Ya el mismo Marx había planteado que no se podía juzgar a una persona por lo que cree de sí mismo. Es evidente que este sector de base hace tiempo que es un sector conservador (no revolucionario), y su defensa del autoritarismo (incluso renunciando a sus propios derechos de participación en las decisiones) lo ha llevado desde la antidemocracia hasta el apoyo (o el silencio) a las violaciones de los DDHH; ahora tendrá que avalar todas las acciones de privatización y liberación económica que está implementando el gobierno y que antes rechazó como capitalistas. Cada vez es más difícil catalogarlos como de izquierda, porque objetivamente están colocados en el campo de la derecha y apoyando una política de derecha.

A eso tenía que llevar tanta lealtad con la burocracia y ninguna para con el pueblo.

 

PD: Este artículo NO fue escrito siguiendo las instrucciones del presidente Maduro.

 



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Orlando Zabaleta

Editor, escritor, articulista, publicista y diseñador gráfico.

 orlandojpz@yahoo.com

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