Burguesía: el cruel "pago al contado"

La burguesía ha desempeñado en la Historia un papel altamente revolucionario. Allí donde ha conquistado el Poder, la burguesía ha pisoteado las relaciones patriarcales e idílicas.

Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía da un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su carácter nacional. Las antiguas industrias nacionales son destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción entraña una cuestión vital para todas las naciones: industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos se consumen, no sólo en el propio país, sino en todas las partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento de las regiones y naciones que se bastaban así mismas, se establece un intercambio universal. Una interdependencia universal de las naciones. Y esto refiere tanto a la producción material como a la producción intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles.

Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta las más bárbaras. Los bajos precios de sus productos constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas y hace capitular los más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir lo que llama su civilización, es decir, a hacerse burguesas. En una palabra: Se forja un mundo a su imagen.

La burguesía suprime cada vez más el fraccionamiento de los medios de producción. Ha aglomerado la población, centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en un pequeño número de manos. La secuela obligada de ello ha sido la centralización política.

La burguesía, con su dominio de clase, ha creado en menos de un siglo fuerzas productivas más abundantes y más colosales que todas las generaciones pasadas en su conjunto. El sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, el empleo de máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la adaptación para el cultivo de continentes enteros, y de los ríos para la navegación, poblaciones enteras surgiendo de la tierra como por encanto, ¿qué siglo anterior habría podido sospechar que semejantes fuerzas productivas durmieran en el seno del trabajo social?

Hemos visto, pues, que los medios de producción y de cambio, sobre cuya base se ha formado la burguesía, fueron creados dentro de la sociedad feudal. A un cierto grado de desarrollo de estos medios de producción y de cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía y cambiaba, toda la organización feudal de la agricultura y de la industria manufacturera, en una palabra, las relaciones feudales de propiedad, cesaron de corresponder a las fuerzas productivas ya desarrolladas. Frenaban la producción en lugar de impulsarla. Se transformaron en otras tantas trabas. Era preciso romper esas trabas, y se rompieron.

En su lugar se estableció la libre concurrencia, con una constitución social y política correspondientes, con la dominación económica y política de la clase burguesa.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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