Por Guaidó, a la brújula de mi amigo se le extravió el norte magnético

Mi amigo es demasiada buena gente, honesto y tan sensible que desborda en deseos de servir. Pero lamentablemente está formado dentro de eso que alguien llamó el sentido común. Ese que hace que la gente crea que la vida, la historia, es un acontecer de hechos que se repiten, todo está determinado y se explica y expresa en la piel, las vísceras y lo que captan los sentidos. Aquello del puntofijismo, cuatro años para uno y cuatro para el otro, siendo la misma cosa y cuando los demás, los otros, de los cuales formó parte nunca tuvieron oportunidad de participar en las grandes decisiones, se le enterró en el alma, como el esclavo que se conforma con seguir siéndolo. Es de quienes se deja contaminar por la primera cosa que digan los grandes medios y para decirlo con una frase muy común pero ilustrativa, nunca indaga lo que hay allá detrás de los árboles de enfrente. Es oposicionista a rajatabla, hasta rodilla en tierra, como pudiera ser lo contrario si hallase motivos. Pese ha sido un trabajador toda su vida y luchador por los de su clase, está convencido que la solución definitiva a los problemas de él y los suyos, está dentro de aquel orden de cosas del pasado, por lo que cree necesario volver a él, y sobre todo, si establecemos "unas relaciones ventajosas con EEUU" que cree posible, lo que implica mantenernos tal como somos, dicho así porque eso del rentismo es como demasiado complicado para él. Es en veces admirable, como un o una joven, que aparece en la pantalla de un televisor y dice cualquier cosa leída en un "teleprompter", la pauta de los amos del canal, se instala en el cerebro de mi amigo como una verdad. Alguien es dictador o demócrata, corrupto u honesto, si lo dice aquel o aquella joven que le habla desde el televisor. Eso sustituye su propio razonamiento y se convierte en su verdad. Incluso, un Juan Peña, aquel idiota del "Diente roto", cuento de Pedro Emilio Coll, puede ser visto como sabio e ilustre personaje

Pese haberse entusiasmado con Chávez, aunque nunca se acercó a él y tampoco a su gente, por razones no apropiadas para ventilarlas en este espacio, se mantuvo a la expectativa y hasta tranquilo, tanto que lo carretero, que es algo así como aquel que anda con principios de Parkinson, que en política siempre lo caracterizó y caracteriza a mucha gente como él, por eso mismo de orientarse por el sentido común, se le aquietó un poco.

Los beneficios que le reportó la era de Chávez y que por derecho se ganó por el pago de su jubilación bien ganada con una moneda de alto valor como la nuestra, la protección social adicional, de verdad servicios baratos, alimentos de bajo costo, salud gratuita y de calidad, como fue entonces, le permitieron por ese tiempo vivir cómodamente y alejado de los asuntos políticos. Parecía haberse resignado a la vejez, a aquello de "mis tiempos ya pasaron y ahora lo que me queda es descansar". O lo que es lo mismo, parecía haberle dicho a la actividad política y otras en las cuales fue muy activo, "adiós para siempre adiós". Debo advertir que mi amigo, honesto a carta cabal, llegó a ocupar cargos discretos, aunque de importancia regional, que permitían a cualquier deshonesto o mejor corrupto, llenarse de dinero y bienes para hacer la vejez mucho más atractiva y cómoda que la suya, esa de los tiempos de Chávez. Pero pasó por aquel pantano como las garzas, sin ensuciarse el plumaje.

Ahora mi amigo sufre amargamente. No sólo por las dificultades que padece, las mismas de cualquier trabajador venezolano jubilado, sino por mucha gente que, por lo que fue y seguimos viendo en él, un compañero solidario y competente para reclamar por lo nuestro en lo que concierne a nuestros derechos laborales, acude a pedirle nos defienda, como antaño, ante el patrón. Y como sabe la vida que llevamos, que es la misma de él y escucha nuestras cuitas, siente mucho dolor, pues al suyo se le suman los de quienes le buscamos y vuelve a las viejas luchas, y como el viejo guerrero o un Quijote, o mejor Francisco Quijano, recoge sus armas oxidadas y vuelve al combate, solo que con las mismas imágenes y mañas sin percatarse que el cuadro ha cambiado y es demasiado complicado, que es fácil confundirse y como para tomar las calles que no son. Tanto que mi amigo, ahora anda metido entre quienes siempre le tuvieron como enemigo y contra quienes debió combatir por nosotros. Y lo más triste y hasta curioso es que quienes dicen estar claros y saber quién es en verdad el enemigo, aquel que desde fuera apetece nuestras riquezas, nada hacen por defendernos habiendo posibilidades de hacerlo si las cosas se hiciesen atendiendo el interés de los trabajadores y oprimidos. Esto confunde más a mi amigo y hace que su brújula ande al garete como si el norte se le hubiese extraviado. Cree hay buena fe y desprendimiento en quienes ofrecen ayuda humanitaria, pese la Cruz Roja, organismo que siempre se ha ocupado de eso en el mundo, ha denunciado que no intermediará en eso porque esa ayuda no está conforme a los parámetros habituales, como la imparcialidad y peca del interés de influir en los acontecimientos políticos a favor de una parcialidad y hasta para azuzar la violencia.

En medio de tantas dificultades y por lo buena gente que es sueña y cree posible volvamos al pasado, a aquel estado de cosas que él, al comparar con lo que ahora sucede, sobre todo viéndose trabajador jubilado como o casi en la ruina material, que hasta a lo moral le echa su "enchumbá", porque el hambre se come todo lo que parezca digerible sobre todo por lo blando, prefiere lo que hubo y ha terminado por juzgar que como se dijo en aquel tiempo "con los adecos se vive mejor". Cree es posible y necesario volver a aquel estado de cosas, sin siquiera pensar que aquello nos traía hasta donde ahora estamos, tanto que el barril de petróleo cuando Chávez llegó al gobierno se cotizaba en el mercado internacional a 7 dólares y Pdvsa, como también pareciera ahora, está en la mira para privatizarla. Y lo que más le duele, lo sé bien, porque siempre fue el centro de su preocupación, es ver a sus colegas hasta mendingando para enterrar a un familiar fallecido porque el costo de la urna y la fosa o la cremación, el patrón no lo cubre, pese el contrato diga lo contrario, porque decidió desentenderse de esa obligación. El Estado, el primer patrón, en este país eso hizo, como también con las obligaciones salariales y los otros, los del sector privado, que nada tienen de pendejos, también se pegaron en la onda. ¿Y quién les reclama?

Cuando apareció Guaidó auto juramentándose, mi amigo se empató en lo mesiánico y hasta jura que a Guaidó le ruedan por el suelo pese nunca le ha escuchado u oído una palabra, sólo el gesto y eso le basta y es más por la angustia de tanto que pareciera ver las calles llenas de cadáveres de amigos que no hallando donde guarecerse, pues ya no pueden seguir descansando en sus casas y menos dejar que los demás descansen, salen día a noche, bajo la luz agobiante del sol y la oscuridad , van y vienen. Pareciera que no hubiese salida, porque en verdad eso parece, si uno también se pega al sentido común y cree en lo que dicen otros, como eso de estás conmigo o con aquel, conmigo o contra mí. Entonces la vida se nos vuelve una calle o mejor una cuadra donde cada esquina tiene dueño y hay que saber el santo y seña que cada grupo pone en la suya.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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