¿Injerencia humanitaria?

 

Por: Darío Morandy

"El Consejo de Seguridad determinará la existencia de toda amenaza a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de agresión y hará recomendaciones o decidirá qué medidas serán tomadas de conformidad con los Artículos 41 y 42 para mantener o restablecer 1a paz y la seguridad internacionales".

Carta de las Naciones Unidas, capítulo VII, artículo 39

En las últimas horas se ha venido imponiendo la idea de que la intervención militar por parte de EEUU, con el apoyo de Colombia y Brasil, para garantizar ayuda humanitaria puede considerarse como una solución legitima a la crisis política, económica y social que vive nuestro país. Tal legitimación se pretende sustentar en una supuesta motivación estrictamente humanitaria. Aunque se invoca el derecho internacional clásico, esta aberrante conducta solo servirá para justificar una intervención bélica con claros objetivos geopolíticos y económicos. La ayuda humanitaria es una excusa para imponer un gobierno tutelado y retomar el control de nuestras reservas petroleras. Aprovechan la desesperación colectiva y la incapacidad del gobierno con su perversión burocrática para justificar la injerencia humanitaria.

El Derecho de Injerencia se sustenta en una interpretación de los preceptos del Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas. De allí, se entiende como la facultad de intervenir en los Estados con el objetivo expreso de restablecer la paz, la institucionalidad y los derechos humanos. Facultad que se ejerce por autorización u orden del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sin embargo, es necesario advertir que no existe reconocimiento positivo a tal Derecho de Injerencia y ha sido interpretado como una excepción a la obligación consagrada en el Principio de No Intervención o del Dominio Reservado que está contemplado en Carta de San Francisco y en todas las Cartas de Organizaciones Regionales. Así como el respeto a la Soberanía Nacional por parte de la Comunidad Internacional y el principio de "Igualdad Soberana" de todos los miembros de las Naciones Unidas.

Desde esta perspectiva del derecho Internacional Público se ha pretendido justificar la Injerencia Humanitaria como la intervención organizada de uno o más Estados u organismos internacionales contra otro Estado Soberano, utilizando la supremacía militar para imponer una "Ayuda Humanitaria" que contribuya a la protección de la población civil y a la restitución de la paz y los Derechos Humanos ante una situación de emergencia derivada de una guerra civil, genocidio, crisis institucional y de gobernabilidad. Los hechos demuestran que el resultado de de estas acciones ha sido nefasto. Se ha violado la Soberanía para imponer gobiernos y saquear los recursos naturales dejando una estela de mayor miseria, hambre y degradación social. La Ayuda Humanitaria ha devenido en la destrucción de la condición humana.

En Venezuela se ha venido propiciando y auspiciando una Injerencia Humanitaria desde hace mucho tiempo. Nuestra cancillería no ha tenido las respuestas necesarias y se ha distraído en la vocinglería diplomática sin argumentos serios y en la turbulencia de "negociaciones privadas" de espaldas a la población y los aliados internacionales. Aunado a esto, los factores de oposición han jugado (con descaro y osadía) a una intervención extranjera liderizada por el gobierno de los EEUU que ha logrado articular el apoyo de gobiernos de América Latina. Se desgañitan rogando por una intervención extranjera y lo justifican con la urgente necesidad de Ayuda Humanitaria. La oposición se ha convertido en la operadora política del plan de intervención de los EEUU y sus aliados circunstanciales.

En Venezuela, nos enfrentamos a una encarnizada lucha de poderes en la cual el gobierno ha perdido fuerza en la comunidad internacional, perdió apoyo popular, desmembró la institucionalidad sin construir nuevas instituciones, destruyó la economía en medio de corruptelas y negociados turbios matizados con ineficiencia e ineficacia. Solo se sostiene por el apoyo del Alto Mando Militar. La oposición ha hipotecado el país a cambio de apoyo y financiamiento internacional. Ha comenzado a articular un Estado Paralelo y capitalizar el descontento popular, pero carece de apoyo militar. La oposición busca articular sus fuerzas armadas con la intervención extranjera. Allí radica su ardoroso empeño en lograr una Ayuda Humanitaria que justifique la injerencia sin importar las consecuencias inmediatas y mediatas.

Las constantes declaraciones de los voceros del gobierno de EEUU amenazando con diferentes acciones inmediatas y el aplauso desde la oposición y distintos sectores sociales indican que pudiéramos estar a las puertas de un desenlace violento. Las carencias de medicamentos, alimentos, el deterioro progresivo de los servicios públicos y la creciente hiperinflación en medio de una inexplicable e injustificada política cambiaria hacen que la población comience a depositar su confianza en una intervención extranjera.

Estamos a tiempo de evitar un desenlace violento. Maduro y su entorno deben dejar a un lado la soberbia que es muy mala consejera en política y abrir espacios para negociar una salida en el marco constitucional, preservar las fuerzas organizadas del chavismo y resguardar la Constitución Bolivariana como autentico legado de Chávez , lo demás ya lo despilfarraron. Guaidó no puede sucumbir a la tentación, si quiere aprovechar su momento, debe limitar su condición de operador político de Donald Trump, Mike Pence, Mike Pompeo bajo la nefasta conducción de Elliot Abrams responsable de destructivas decisiones durante los gobiernos de Ronald Reagan y George W. Bush. Deslastrado de la vieja y decadente dirección política de la oposición, Guaidó puede propiciar el escenario ideal para una salida democrática, pacífica y constitucional sin intervención foránea.

Las cartas están echadas. Llegó la hora que los dirigentes nacionales deben colocarse a la altura del momento histórico. Este pueblo ha sido noble y paciente…que cada quien asuma su responsabilidad por lo que pueda ocurrir… el momento exige el ejercicio de la política en el sentido más denso, profundo y complejo de la acepción…



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Darío Morandy


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