La soberbia de Maduro y la lealtad de Diosdado

¿Por qué Diosdado Cabello antepone la lealtad al presidente sobre la factibilidad de los planes económicos (y políticos) de Maduro? ¿Habrá otras razones distintas para justificar unos planes (idénticos) los cuales, uno tras otro, en cinco años, han fracasado? ¿Qué les impide a los dos corregir la dirección y defender la integridad física y moral de aquellos que votamos por él en nombra de Chávez, y del resto de la población? ¿De dónde tanta petulancia, como si, a ciencia cierta, Maduro supiera realmente lo que está haciendo? ¿Qué se esconde tras la insistencia en un plan de “desarrollo económico”, sin fines políticos definidos, hambreador?

EEUU está dispuesto a ejecutar más sanciones económicas para Venezuela mientras Maduro no convoque a unas elecciones. Más aún, EEUU está dispuesto a defender a Guaidó, un monigote que no ha sido elegido por nadie, lo que hasta ahora resultaría peor que si Maduro llamara a unas elecciones generales (podría argumentar que lo hace “en nombre de la paz” y quedaría elegante).

La paradoja de la legitimidad (hipocresía y falta de voluntad)

Las razones para la legitimidad de Guaidó parten de considerar a la AN como la única instancia legal para aprobar muchas acciones del ejecutivo y del tribunal supremo de justicia. Esta asamblea considera ilegítimos al TSJ y al CNE y por lo tanto todas sus acciones, y así resultaría  ilegítimo todo lo demás, hasta llegar al presidente. Por el otro lado, las razones del gobierno se originan en el famoso desacato de la Asamblea, por lo tanto sus funciones hasta ahora las ha ejercido el TSJ, y todo lo demás queda… tal y como está hasta hoy. Estamos en una suerte de limbo de legitimidad y también legal, por lo tanto, dependiendo de quién estire la ley (la constitución) de un lado o del otro, será igual de legal una acción o la otra.

Esta situación es en extremo anárquica, caldo para que el mundo entero “meta su cuchara” en nombre de la democracia, de la paz, o de cualquier otro pretexto solemne, típico de los hipócritas. Ni siquiera se asoma la posibilidad de legitimar (todo lo que hay que legitimar, diría Maduro) de una buena vez, alguna de las dos posiciones encontradas, a través de un referéndum o algo así, invocando el apoyo popular, porque el gobierno no acepta dirimir el conflicto mediante una consulta nacional –para el gobierno le son suficientes los resultados de dos elecciones donde la participación ha sido bastante escuálida, realmente nada representativas; argumenta que con menos de esos porcentajes de participación han legitimado gobiernos como los de EEUU, como si eso nos sirviera a nosotros de algo, como si eso fuera un argumento válido, sobre todo ahora, para salir de este atolladero –.

Por otra parte, la oposición cuenta con el apoyo extranjero y de los EEUU, quienes están dispuestos a terminar con Maduro y con el chavismo (es decir, también con nosotros que no queremos los planes de Maduro) de una vez por todas. Sin ese empujón, la oposición es menos que un pálido grupete político, su verdadera fuerza está fuera, en la manipulación del odio, en las redes sociales, en los medios de información, y en los exiliados que viven cómodos, muchos de los cuales hablan en nombre de los venezolanos por mampuesto, viviendo como norteamericanos o europeos.

Si Venezuela está agobiada, la Venezuela chavista lo está aún más.

La población de Venezuela (es decir, los que vivimos en el país ahora), estamos pasando por un momento terrible. De un lado el gobierno nos obliga y nos ha obligado a vivir bajo la dictadura del hambre, bajo la ridícula promesa del “año del despegue económico”, gracias a la indulgencia, con todas las libertades de las cuales han gozado en estos años, los mercachifles, importadores y banqueros. Por el otro lado está la amenaza, cada vez más real, de la derecha mundial de inmiscuirse de lleno en nuestros asuntos, si Maduro, como mínimo, no llama a unas elecciones generales y aclara el panorama institucional. Sobre todo  los chavistas, el pueblo chavsta, nos encontramos en el medio de todo esto, impotentes, imposibilitados en reaccionar ante la petulancia fascista de la derecha, porque la otra petulancia (con rasgos claros de derecha también), que se tapa detrás de la mampara de un Chávez de cartón, no nos ofrece otra alternativa distinta al hambre y las necesidades, no nos da “respiro”, para elegir otra opción y otras acciones.

Por eso insistimos en que debe haber ocultas otras razones, más poderosas que 1) la posibilidad de éxito de los planes económicos de Maduro, es decir, razones para no renunciar al camino sostenido del hambre; 2) más poderosas que a querer acordar una solución con los chavistas que estamos con Chávez y el pueblo chavista, y unificar al país que sí puede defenderse; 3) o más poderosas como para llamar a unas elecciones tempranas, en vista a las presiones multilaterales internacionales, las cuales, en las circunstancias actuales, frente a un pueblo fraccionado, agobiado de necesidades, amedrentado, y un gobierno débil, pueden acabar con lo poco que queda de lo conquistado por Chávez en 13 años.

No entendemos la lealtad de Diosdado: si es a Maduro o al pueblo quién lo eligió y que ahora pasa penurias ¿A quién le debe lealtad Diosdado? ¿A quién le debe lealtad el alto mando militar?, ¿a Maduro o a un pueblo hambriento y acoquinado engañado por él?... vuelve la pregunta ¿Qué hay detrás de tanta soberbia y tanta lealtad hipócrita?, porque esto se lo está llevando el mismo diablo quien lo trajo.

 



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Marcos Luna


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