Eso es verdad Luis Britto, hay que decírselo a Maduro

La persistencia de la vida humana es un asunto de especie, no se trata de individuos. Pero la posibilidad de que nuestra especie se perpetúe en el tiempo depende de la calidad humana de cada uno de nuestros individuos. Pasa con otras especies, los más fuertes se adaptan o mutan, que en el caso de la humanidad sería lo mismo. Adaptarse y cambiar, pero ¿Para qué? ¡Pues, para que dure la vida de nuestra especie!

El hombre es un animal social. Habría que decírselo a Maduro y a Jorge Rodríguez, que alardea de ser culto y poeta. ¿Será posible que permanezca en el tiempo nuestra sociedad disgregada, fragmentada, sin un sentido de "pueblo", sin su propio Dios, sin una idea clara de destino como nación, sin un modelo a seguir, que copiar, que integre nuestras vidas? No creo que ese Dios sea el dinero, porque el dinero no es justo, ni valiente, no es amoroso, es un "contrato". Tampoco es el capitalismo, aunque éste sí tenga el poder de establecer la hora de nuestra muerte. Hay que decirle a Maduro que sin un modelo supremo de humanidad, que nos fortalezca como sociedad pereceremos. Como sociedad y luego como individuos, y más allá como especie, pero a Maduro, en público y en privado.

Pero ¿Cuánta gente lee estos escritos? Peor aún, ¡A cuánta gente le interesan! ironiso, que la Asamblea Nacional Constituyente en pleno se debe sentir reivindicada con ese escrito de "Vida y la muerte", las reflexiones existenciales de Luis Britto, a esos diputados que viven pensando en eso todo el tiempo… ¡Algún día debatirán el asunto, ya verán!

Pero, sí, necesitamos "razones sagradas" para la vida, porque si no perecemos, degradamos y morimos. Primero como sociedad y luego como especie, en manos del capitalismo – de la propiedad privada, de las razones del mercado, la ganancia…, y allá, en lo más alto, la ambición personal por el éxito y el lujo.

Una sociedad que no tiene un modelo humano supremo que la imspire para luchar y vencer está destinada a desaparecer o a ser subsumida por una generalidad vacía, a murir como pueblo, en nuestro caso, por el mercado y el individualismo de otra sociedad, más universal, pero de autómatas que marchan como borregos al matadero: eso parece ser el destino de la humanidad en el capitalismo. Esto lo debería saber Maduro, que habla en nombre de Chávez y del socialismo, deshonrándolos con sus actos contrarios y contradictorios. Maduro debería representar el modelo de la sociedad que lucha y vence su muerte, no el que la empuja a su disolución. Y una sociedad fragmentada nunca podrá enfrentar a sus enemigos. Sin razones sagradas, sin un "Dios", sin un sentido de pueblo, sin un sistema de valores en los cuales creer a diario en nuestras prácticas sociales e individuales de vida. No puede hacer nada por ella si cada quien anda resolviendo su vida compitiendo con su hermano por alcanzar el éxito, por encima del resto o migrando a otros países, desapareciendo en el tumulto de otras sociedades o de la gran sociedad capitalista. ¡Quién va a defender un gobierno que no lo defiende!

Si el presidente miente (si insiste con el cuento de la paz, de la amenaza internacional, de la economía productiva, y por detrás entrega nuestras reservas naturales, nuestro territorio, a PDVSA, nuestra soberanía a las trasnacionales y se asocia con el enemigo) ¿Por qué no va mentir y engañar su pueblo? ¿Por qué vamos a defender lo que no es nuestro? La supervivencia de nuestra especie empieza por la calidad de sus individuos, y en el caso de los seres humanos, la calidad moral, espiritual y física de sus individuos. Nuestra permanencia como sociedad, nuestra Patria, nuestra Nación, depende de esto. Por eso no se le puede mentir a cada rato y descaradamente a un pueblo; no se puede mandar sobre un pueblo a través de pragmatismos, improvisaciones. Un líder no puede ser a-moral y ajustar su conducta según convenga, al bien y al mal, estar con Dios y con el diablo, ser socialista y capitalista, según se ajuste a sus intereses; respetar la ley y violarla según convenga, porque la moral del pueblo se disuelve, la patria, la nación, se diluye el concepto de sociedad y la sociedad desaparecen.

No es por nada, señor Britto, pero el socialismo – o sus principios supremos- es nuestra única esperanza frente a la disolución capitalista. Nosotros quisiéramos darle un sentido más amplio y más real a sus palabras aplicándolas al caso concreto de nuestros líderes nacionales actuales, de nuestra sociedad actual, aplicándolas a la mala conciencia que gobierna al país. En la Asamblea Nacional Constituyente hay tantos diputados que cada uno piensa que su conducta personal, indolente, indiferente, floja, oportunista etc. nunca se notaría entre 545 asambleístas; ¡dejemos que aquellos que piensen y trabajen nos representen!, parecen decir. Pero resulta que, como casi todos creen lo mismo, el aspecto de parásitos borregos que no hacen nada es el que se nota, se impone por encima de los esfuerzos personales, de las dos o tres dignas excepciones que trabajan, que piensan (entre más de 500 individualidades). Si acaso quisiéramos aleccionar a alguien, sería útil comenzar con los diputados de la ANC, pero sin tanta piedad, sin tanta amabilidad para con personas tan cómodas, y muchas veces, tan vulgar y pícaras.

La Asamblea Nacional Constituyente es hoy la responsable de la entrega a trasnacionales, con verdaderos prontuarios delictivos contra la naturaleza y la VIDA humana, del Arco Minero, de la reversión de la política de plena soberanía petrolera, de nuestra soberanía como nación, es responsable de la nefasta Ley de promoción y protección inversiones extranjeras (la cual hace posible despropósitos como el de la "asociación" de PDVSA con la empresa recién creada, en EUA, EREPLA –léase al respecto- ), es responsable de la ruina de la misma Constitución a favor del capitalismo y de los capitalistas. Sin ideas claras, sin convicciones claras para dirigir a nuestro pueblo a fin de que trascienda como sociedad, es imposible vencer la muerte, su muerte; pero sin conocer al enemigo no hay a quién vencer. No se puede atacar al capitalismo hoy y auparlo mañana, condenar al Imperio y asociarse con él a la vez (ni siquiera las sanciones obligan a nada), ¡así perecen los pueblos y así perecerá a la larga la especie!, esclava del capitalismo, del instinto depredador sin el contrapeso de la razón.

 07/01/2019



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Marcos Luna


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