Es exorbitante la deuda externa de los pueblos de nuestra América

La Tierra estaba toda corrompida ante Dios y llena toda de violencia. Viendo, pues, Dios que todo en la Tierra era corrupción, pues toda carne había corrompido su camino sobre la Tierra, dijo Dios a Noé. "El fin de toda carne ha llegado a mi presencia, pues está llena la Tierra de violencia a causa de los hombres, y voy a exterminarlos de la Tierra".

Génesis 6,11

Es consecuencia de la egoísta y expoliadora labor de Bancos y Corporaciones, este peligro para los pueblos de nuestra América, provocado por el intercambio injusto y la explotación, ya resulta semejante a la amenaza nuclear y ecológica que afecta a todo del Hemisferio.

Esto es comprendido ya por las amplias masas populares, y los sectores políticos influyentes. Lo más importante es que esta compresión se transforme en acciones activas y organizadas contra la carrera armamentista en nuestros países, en pro de medidas concretas que posibiliten la disminución de la amenaza de guerra. Las advertencias a los Gobiernos sobre su responsabilidad se traducen en manifestaciones de desconfianza hacia quienes soslayan sus deberes y pasan por alto las realidades.

La necesitan todos los Estados y pueblos, incluido el norteamericano. Esa política presupone, como mínimo, una actitud seria hacia las propuestas de la otra parte, analizar hasta qué punto ellas son constructivas, ver si tienen en cuenta los intereses de la parte contraria, la opinión de los pueblos. Lamentablemente, en respuesta recibimos, por regla general, una negativa inmediata o una dogmática confirmación de las viejas posturas. Así, resulta que ahí falta realismo político. Más nuestros pueblos necesitan y demanda una política de hechos concretos.

Hoy día, la política mundial también vive, por así decirlo, una transformación. Y este proceso, al igual que el de nuestra América, posee muchos adeptos y partidarios sinceros. A muchos pueblos este proceso sume en profundas reflexiones. Este hecho fortalece la fe en que la paz no es una utopía. Y si los pueblos de nuestra América, actuamos juntos y con mayor decisión, la paz estará defendida.

Las transformaciones revolucionarias del pueblo venezolano han situado al primer plano la contradicción entre las demandas de la renovación, la creación y la iniciativa creadora de un lado, y el conservadurismo, la inercia y los intereses egoístas, de otro. Una de las manifestaciones de esta real contradicción consiste en que la creciente actividad del pueblo no es compatible con el persistente estilo burocrático en distintas esferas de la vida, con los intentos de frenar la renovación. Para superar esta contradicción hay que adoptar medidas rápidas y drásticas en la política de cuadros, en el afianzamiento de nuevos enfoques y normas en la vida del Gobierno.

Las experiencias de la etapa inicial del proceso renovador mueven a examinar atentamente las contradicciones reales entre los intereses de los distintos grupos de población, colectividades y organizaciones. Es incuestionable que el socialismo suprime el antagonismo de intereses. Es una tesis bien conocida y certera, más no significa que el liquidar el carácter antagónico de los intereses equivale a unificarlos o nivelarlos.

Se puede decir que el pueblo venezolano comprende que es imposible seguir viviendo y trabajando conforme a criterios viejos, que la renovación y los cambios profundos son una necesidad objetiva. No obstante, cuando el proceso en hechos concretos, a penetrar en todos los sectores de la comunidad, a llegar hasta la persona, percibimos que estaba emergiendo la contradicción entre los intereses, marcadamente particulares, inclusive propósitos egoístas de determinados grupos y los intereses de todo el pueblo venezolano, los intereses a largo término de los trabajadores.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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