Necesitamos inventar un superhéroe venezolano

No importa que, Stan Lee, haya muerto y haya dejado a sus superhéroes a la intemperie y necesidades de sus soledades como mitos que lubrican con sus hazañas a la cultura mundial y, como acá en nuestro país, tenemos tantos villanos corrompidos por demás, camuflados y a la expectativa en cualquier refugio de espanto, cometiendo toda clase de atrocidades contra el pueblo por lo general y, como que sí y como que no, tiene al gobierno nacional a su merced de manos arriba, pero de lengua suelta a la hora que sea y, más entripados de enredos de preocupaciones con la AN y la ANC que no sabe qué va a ser de ellas y, con la brújula de la política económica más perdida que una aguja en Miraflores que, medida económica que se tome les explota con una electricidad que los llena de ilusiones da tanto irse en toda Venezuela sin llegar la navidad, pero no es todo, porque a Pdvsa Rafael Ramírez la empavó de tal forma que ya no sale petróleo en chorro, sino en gotas hasta que la tierra para nuevamente más pozos.

Y, por esas circunstancias me he mantenido días y semanas por meses: metido en el fregadero de mi memoria espartana, tratando de conseguir el nombre de nuestro superhéroe made in Venezuela sin ningún componente de conformismo yanqui que pudiera ser hombre o, mujer que, como están las cosas en el país, cualquiera que nos auxilie de acabar con la guerra económica y de la embarrada del gobierno de Maduro que, bien venido debería ser y, lo único que he podido parir sin dolor of my intelligence y con muchos trasnochos de vigilia a mi esfuerzo de mi cerebro de tercer mundista de contribuir con la democracia venezolana ensartada dentro de su revolución socialista, y a mí me dé, my step to fame, revolución con Maduro que no se copia lo bueno de nadie y los "problemas" nos llegan por motón como si cayeran de la nubes por un soplo de maldad de otros mundos que, no hay forma de acabar con ellos con una candelita de acoso permanente que pareciera guarimbera, pero que no es con Julio Borges viviendo en Colombia tan jodido como los venezolanos cerca de él y, con sus compinches en el helicoide de su libertades, saturados de inquietudes de grandeza a lo colombiano, sigo preocupado como un soldado que no entiende nada de la política del momento, ni que me fajen de obtuso patriotero.

Entonces, al fin he llegado a la filarmónica conclusión que nuestro superhéroe debería ser, Clap-Tru-K, tres por uno que muy bien nos vendría de soñadores inoportunos que, vamos de mal en peor sin apoyo de contribución de ningún país del mundo que, nos considere como trabajadores ensimismados de inocencia y urgidos de la benevolencia astral que nos escape de esa invasión problemática sin solución por los momentos y, si la fosforito y toda esa rumba de personalidades emprendedoras sin dificultades que quisieran colaboran, viviríamos tal cual se vive por ejemplo en Colombia, Perú, Chile, Argentina, Ecuador entre tantos otros países que, nuestros compatriotas se han ido a vivir mejor que como vivían aquí, en que el país les quedaba chiquitico y sin ningún maquillaje de cultura ni oportunidades que, ni echar trompos, ni jugar pirinolas para matar el tiempo y, ojalá algún día nos comparemos con los mayameros, que los venezolanos allá gozan de un porvenir a rienda suelta y con la fama en su cama y dólares para tirar al cielo, pero no importa que Chávez vive, aunque sea para unos pocos que no lo sacan ni a pasear, para no soltarlo.

Pero, la vida acá continúa tragándonas nuestras dificultades con tantas inquietudes dispersas que, no nos damos cuenta que vivimos, pero como seremos un país potencia -según Maduro- no nos mudamos ni que nos paguen por adelantado y, si sabemos aprovechar a Clap-Tru-K en lo adelante: la felicidad sería el río que queremos pasar todos los días metido en él y, como ésta es la patria de Bolívar no hay problema que dure cien años ni revolución que la resista y, con Maduro hasta la sepultura que a vivir a Colombia y, como dice la canción, yo me quedo en Venezuela, hasta que la rana de la revolución eche pelos.

Amo a las mujeres y amo a Venezuela, aunque Nicolás me la pinte de negro y me trague sus tristezas y, haya un sin fin de necesidades aguanto y, espero que algún día seremos capaces de reencontrarnos como lo que somos, un pueblo en llamas que arde de fe y de amor con la sencillez de haber nacidos pobres para que los ricos vivan de nosotros, pero se van a joder en lo adelante con Clap-Tru-K.



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Esteban Rojas


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