Mestizaje y eurocentrismo

I

Este ensayo necesariamente breve se detiene en una de las tesis del antropólogo inglés Peter Wade, asaz polémica y lo expone como si cualquier cosa. Será por ser autoridad en los estudios culturales en Latinoamérica y el Caribe en ambientes académicos y es curioso que siendo alguien del "Viejo Continente haga una aproximación tan acertada sobre el dilema colonia y colonialidad del pasado y el presente; pero eventualmente por ello mismo una pudiera pensar si estamos cayendo en la falacia de autoridad, nos preguntábamos cuando seguíamos la escolaridad del Doctorado en Cultura Latinoamericana Y Caribeña en la UPEL-IPB, que contrario a lo que algunos piensan, si es que piensan, también se realizan estudios críticos.

En ese sentido una reconocida profesora nos preguntaba medio en broma medio en serio si estábamos haciendo un doctorado de cultura adeca-copeyana; además, si no constituía un precario expediente echar mano de grandes "Popes" del extranjero cuando se quiere examinar cuestiones de cultura e identidad de América Latina y el Caribe. ¿Es que no hay autores como José Martí en su obra "Nuestra América" que reflexionan con sobrada pertinencia acera de los procesos conformantes de nuestras patrias mestizas? ¿O como canta el gran Darío que rezan a Jesucristo y hablan español? ¿Siempre hay que pagar tributo al eurocentrismo?

Es este el entorno venezolano actual polarizado la academia universitaria no ha escapado a ello, si no que al contrario suele ser un ambiente entrecruzado de susceptibilidades y pigmentado de ideologías tenidas por criterios científicos; no todo es malo, sin embargo. Así, se ha establecido, andando el tiempo, una amplia amalgama sincrética pluri y multicultural, qué antes que ser ideología o falsa conciencia y mundo fantasmagórico que oculta desigualdades de índole económico y social, representa un factor identitario y de identidad. En todo caso, ¿cómo leer estos autores que se introducen en el ambiente socio-cultural de América Latina y el Caribe sin genuflexión, como decía Domingo Alberto Rangel que es propio de aquellos indianos que aún tienen el alma sumida en el fango del neocolonialismo?

¿Autores como Wade, tal diría Alexander Moreno, qué tipo de actividad intelectual realizan? ¿Hacen ciencia o ideología? Si es ciencia o ideología, ¿al servicio de quién o quiénes está? En el contexto de los estudios avanzados autores como Wade ciertamente no se deben ignorar, pero sus tesis no cabrían tomarse al modo de verdades reveladas desde la mentalidad euro céntricas, si se considera que la ciencia constituye un saber ampliamente socializado en las comunidades de investigación, por eso en este texto al final se deja abierta la posibilidad de que estas inquietudes no podrían ser sino parte de una aproximación personal y una apuesta nuestra con fines de impulsar la discusión.

Decíamos que este ensayo breve, "como la clara luz de los faroles" (Williams Ospina, dixit), se construyó como participante de la cátedra en el ya mencionado programa doctoral conducida por el Profesor Dr. Luis Paradas, a quien queremos hacer reconocimiento por su buen tino para procesar las diferencias; se propone examinar una tesis del antropólogo inglés Peter Wade acerca del mestizaje, entendido como una especie de parapeto o mampara ideológica para ocultar las diferencias étnicas, en el marco jurídico-político de los estados nacionales de la repúblicas liberales; y se aborda ello desde la perspectiva de la historia de las mentalidades y las ideas, corrientes que abarcan imaginarios sociales y determinan conductas ceñidas a los valores fundamentales del hombre y la mujer en lo moral y civil, base de la actividad socioeconómica y cultural.

Esa mampara ideológica involucra actitudes antagónicas (neocolonial y/o autonomista) que influyen en la comprensión e interpretación de los procesos históricos, demográficos y étnico culturales que establecen ontoguiaturas (Alexander Moreno, diría), con elementos físicos y espirituales intangibles. Todo lo cual se definen y expresan en las formaciones económica-sociales, con sus particulares modos de vidas (tradicionales y modernas), que se yuxtaponen con planos referenciales dispares. Pero persisten ambas en un mismo tiempo y espacio. Aunque un modo de vida, el más fuerte y dinámico, suele imponerse por sobre el otro. Lo anterior algunos autores como Wade consideran que ese estado de cosas es signo de contradicción, lucha y división social.

El antropólogo inglés, reconocido académico de los estudios undergaound acerca de la relación de las etnias en América Latina y el Caribe en los procesos conformantes de los estados nacionales, cuyo factor fundante viene a ser el pueblo mestizo, junto a los fenómenos de la cultura, donde aun se habla español y se reza a Jesucristo (Rubén Darío, dixti); en el marco de lo que Savater (1995, en El Valor de Educar) denomina complejos culturales. Que con su lengua, lenguaje y los intercambios simbólicos de la psicología y actitudes colectivas, (con el resto de las raíces étnicas), hacen que a pesar de la diversidad de las regiones y climas haya una cierta unidad.

A pesar también de que han sido las élites liberales de mentalidad etnocéntricas las que han conducido los procesos económicos y políticos; debajo de los cuales subsiste la más variada diversidad étnica y socio-cultural, lucha de clases y hasta racismo; de esto último se ocupa el susodicho académico Wade; quien parece que no tiene más oficio que molestar las buenas conciencias de nuestras élites y sacudir a las capas medias profesionales en sus orgullos banales, poniendo en alerta al campesinado, indígenas y negros. Pues, hace ver con facilidad que, en nuestras flamantes democracias modernas, con ciudades principales y risueñas puede haber prácticas de racismos soterrados. Verdaderamente parece un tipo detestable para el statu quo, ya que pone de bulto nuestras miserias y mejores realizaciones políticas y culturales. Juro que cuando el Dr. Luís Paradas me lo hizo leer noté que era un tipo pesado y malasangre e intenté escribir un ensayo académico refutándolo.

En realidad, esa vez no lo entendí. O sería a mi buen profe Paradas que no entendí y era él quien me caía mal, no lo sé. Pero eso no importa a los efectos presentes, en esta segunda lectura. Efectivamente, junto a los procesos productivos de la economía de plantación, industria y comercio y la correspondiente organización jurídico-política moderna, los aspectos anteriores étnico-culturales, comunican sentido de pertenencia, identidad y actitudes de querencia y voluntad de permanecer en estos espacios territoriales a los habitantes de estas naciones.

Sin embargo, Peter Wade, el señalado antropólogo ingles de Manchester, argumenta que el mestizaje, entendido como la confluencia de diversos factores: tales como elementos biogenéticos o filogenéticos de etnia o "raza" (anacronismo que él usa), que crea un nuevo ser o producto (el pueblo mestizo latinoamericano y caribeño, un nuevo género humano que dijera Simón Bolívar, el Libertador; o la raza cósmica de José Vasconcelos); pero el mestizaje, según Wade, representa una falsa conciencia. Esto es, una imagen deformada o fantasmagórica de nuestra identidad. Un ropaje que oculta las desigualdades de castas, grupos y clases, para decirlo así recordando al maestro Federico Brito Figueroa en sus conferencias y clases a las que tuviéramos oportunidad de asistir de 1993 en adelante, en el Instituto Pedagógico de Barquisimeto; ya desde entonces formando parte de la integración horizontal de la corporación Universidad Pedagógica Experimental Libertador, con sus ocho o más sedes en toda Venezuela, ya cada uno de esos Institutos en su región suele tener otras extensiones en municipios interioranos.

De las anteriores premisas, mayores y menores, como diría mi profesor Heraclio Zaraza en las primeras clases del pregrado en la especialidad en Ciencias Sociales, mención Historia de la UPEL-IPB, 1990-95, cabría concluir que en Latinoamérica y el Caribe no había unidad nacional alguna, por su conformación étnica tan diversa; sino un proceso de balcanización o atomización, ya que hasta el clima es diverso, sus costumbres y modos de vida, de donde se concluiría que: "No hay unidad nacional ni regional posible" y debemos integrarnos a cualquier discurso y práctica política dominante de las naciones y clases dominantes…Ergo, hemos sido territorios neocoloniales porque la civilización occidental se ha universalizado e impuesto como la única posible.

Una verdad que, evidentemente, no nos gusta oír o leer. Aunque nuestra práctica política, más allá de la retórica integracionista, es la que hacemos; ya que el ALBA y otras iniciativas similares que desde los últimos años se impulsó desde Venezuela con el comandante Hugo Chávez, las miramos con desconfianza. Seamos sinceros, pero claro, nos lo dice Wade y nos espeluscamos o "ponemos la peluca", como el gato que para el pelambre cuando ve al perro amenazante.

Pero eso puede hacerse más notorio en el micro-clima social de una ciudad como Barquisimeto, estado Lara, que al decir de una de sus cronistas tendría una sociología pintoresca, hecha de elementos tradicionales y modernos; con indígenas con sus animales de recuas que a principios del siglo xx aún se dejaban ver por la calle del comercio o Av. 20 (don Hermann Garmendia, en "Barquisimeto hasta 1900"), o con sus campesinos mestizos en tareas domésticas en casas de las familias "aristocráticas" o tradicionales "mantuanas", en cuyos principales templos católicos como la iglesia San Francisco, tenían asientos apartados. Y realizaban "sufragios piadosos" para el descanso de sus almas cristianísimas, (según ha revelado en sus estudios sobre Barquisimeto el Dr. Oscar Barragán Abreu, en revista Tierra Firma, n. 101, mar. 2008).

En efecto, el señalado autor señala:

"Los sufragios piadosos y el sentido de la muerte, en la Nueva Segovia de Barquisimeto (1770-1830), en realidad son dos facetas distintas de una misma cara. Ellos se refieren a la actitud del ser humano ante un problema válido para todas las épocas, como lo es, en palabras de Heidegger, la posibilidad de todas las posibilidades, aquella que nos asoma ante nuestra conciencia la posibilidad del no ser. Es decir, la posibilidad de la muerte. Ante dicho problema, cada época sume posturas diversas; e inclusive, dentro de cada una de ellas, cada grupo social debe asumirlas personalmente, de acuerdo con las circunstancias específicas y radicales. Decidimos abordar aquí, de cara a las condiciones fácticas de las castas de indígenas, pardos, negros libertos y esclavos, a las personas que conformaban, en cierto momento, -1770-1830-, a los principales de la ciudad, en un momento que decidió el destino de todos nosotros: el paso de una sociedad tradicional a un nuevo orden precapitalista y liberal, en el cual, sin darnos cuenta se conformarían nada más y nada menos que los patrones y códigos con que nos juzgamos en la problemática central, exponemos en esta primera parte la perspectiva metodológica y las condiciones fácticas de la ciudad, en relación con las prácticas de los sufragios piadosos y en sentido de la muerte", (Los sufragios piadosos y el sentido de la muerte en la Nueva Segovia de Barquisimeto, 1770-1830…).

En cuanto al problema central que nos ocupa, Oscar Barragán Abreu (op cit) acota que "Es por ello que, para comprender a los grupos principales y, a partir de ellos, a la sociedad barquisimetana, durante el período de dominio hispano desde dentro; teniendo como marco referencial a las redes sociales y el problema educativo y generacional inherente a toda época, - aspecto que, por cierto, este último, en que lo sagrado como modelador de códigos axiológicos y teleológicos, es fundamental que pensemos que era necesarios profundizar en el papel de la religión, así como la manera en que su variación determinó el destino de una época", (ídem).

Por eso cierra esta parte de la siguiente manera: "La Nueva Segovia de Barquisimeto era así, una sociedad que, aunque con una forma de ida muy ruralizada, con prejuicios inherentes a la posesión de la tierra, a la ascendencia blanca y, unido a ello, a la limpieza de sangre y al sentirse perteneciente a lo más puro de la religión católica, proselitista y jerarquizada, imponía la diferenciación; no tanto física, pues los mismo blancos preferían vivir en el campo; sino un aspecto vital político-religioso que definía una posición en la ciudad, cercana o lejana al centro, donde se ubicaban las instituciones; y en la iglesia, un espacio que era definido por la cercanía o lejanía con respecto al altar y al sagrario, dividido inclusive por tramos a la hora de la muerte…", (ídem); en las estancias del Convento de San Francisco y la iglesia Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción.

Las interrogantes al respecto pueden ser varias, y, aunque no se vayan a responder necesariamente y de manera definitiva, se dejan aquí formuladas. Pues bien se dice en filosofía que las preguntas son más interesantes que las repuestas mismas; y que, como actitud filosófica, son un instrumento de trabajo intelectual, al modo de un taladro, a objeto de penetrar la realidad. Nos preguntamos entonces, sin ambages, y de forma intempestiva, ¿por qué en ambientes académicos de estudios avanzados poco se discuten estos temas de la conformación étnica de nuestras ciudades? ¿Será que se teme herir susceptibilidades o es que no ha calado lo suficiente en los sectores intelectuales e ilustrados la conciencia acera de la importancia de la historia regional y local, como factor de identidad? En cambio, parece preferirse en nuestros centros académicos no sólo el pincel extranjero, como decía el poeta Andrés Eloy Blanco, sino también las ideas de científicos sociales foráneos, como Peter wade que nos hablan de nuestras fisuras antiguas en la piel social, como discursos disgregadores.

Aunque, claro, reconocer la existencia de tales costuras sociales mal zurcidas es problemático. La tesis, si cabe el término, que se opone es del siguiente tenor. A saber, puede ser un argumento académico que trasluce un posicionamiento político ideológico que pretende, abierta o soterradamente, hacer explosionar las ideas que dan sustento a la existencia de lo que Jorge Abelardo Ramos (en libro de 1973) ha dado en llamar "La nación latinoamericana"; y por tanto, constituye una posición disolvente, que en último análisis apuesta por el neocolonialismo institucional, donde el ciudadano y la ciudadana sean sujetos, precisamente, del neocolonialismo, parafraseando así a Luis Antonio Bigott (1978, en El educador neo colonizado). Aunque no se niega que, siguiendo a Michel Vovelle (1978, en Ideología y mentalidades), lo anterior es "…un cuestionamiento que podría ser ingenuo", (P. 7).

Un corolario provisional podría ser que, deslastrados de nuestra historia romántica, de florilegios montunos, los procesos sociales observados descarnadamente no son para cantar canciones, sino que imponen tareas para construir espacios de tolerancia, como pide ahora todos los sábados en el diario El Universal el teólogo Félix Palazzi.

II

Se considera en este aparte bajo la voz "Lascivia brevis" el adjetivo relativo a "…Vagabundo, de movimiento blando y libre, juguetón, alegre", ya que la primera refutación a la cuestión aquí considerada (Quaestio) dice relación con el adjetivo "Lascivia"; pues, con perdón si alguien se ofende, se toma la tesis de Peter Wade acerca de que el mestizaje constituye una ideología que homogeniza el ser de la nación latinoamericana (ontología o la naturaleza del ser de los entes nacionales, en lo humano, cultural, económico, jurídico-político, entre otros); decimos, pues, ideología esta del mestizaje que oculta la exclusión racista.

Esta idea peregrina parece propia de un vagabundo, juguetón y alegre, con pretensiones de "ablandar" la idea-fuerza de la unidad latinoamericana, ya que según los versos de Lino Gallardo "América toda existe en nación"; y cuyos elementos vendrían a ser la lengua española, el cristianismo y otras expresiones atinentes al sincretismo étnico-religioso, con diversos epifenómenos de mariofonías y religiones afroamericanas, también presentes en la ciudad de Barquisimeto, con La Divina Pastora; que a partir de 1853 en su procesión une a toda la población sin distingo alguno.

Todo ello, sin embargo, en su diversidad son fuente de identidad y pertenencia en lo que Ramos (1973) considera es la conformación de la nación latinoamericana, con un pueblo mestizo que habita en un territorio, con sus riquezas materiales e inmateriales; además se denuncia que la tesis de Wade padece de un vicio lógico. A saber, el deseo irrefrenable y obsceno de atentar contra la patria mestiza. Pues con el cantor Alí Primera en su metáfora sobre Simón Bolívar, Venezuela y Latinoamérica y el Caribe: "…La patria es una mujer/ y él regresó para amarla/ contra los que se desvelan / tan solo por disfrutarla/ y en vez de darle caricias/ lo que hacen es manosearla/ Vámonos pa´allá vamos a su encuentro/… (Sangueo para el regreso, frafgmento; recuperado en www.msusica.com).

Pero algunos académicos foráneos, que a veces se consideran autoridades en ciertas áreas del conocimiento, suelen ser leídos en esa comunidad de indagación como impolutas e ínclitas autoridades, cuando en realidad no son otra cosa que un recurso a la falacia, (Falatia ad baculum). Es decir, un argumento cuya validez deriva de la fuerza del bastón de autoridad; por ejemplo, considerar que como el socorrido Wade sea un investigador británico su tesis, (Argumentum ad consequentiam), es necesariamente verdadera; siendo que en realidad, subrepticiamente, esconde una actitud colonialista y se burla (burla burlando, como quien no quiere la cosa), de los "esencialismos", como la cultura mestiza e híbrida que distingue y da identidad al subcontinente latinoamericano y caribeño. Peter Wade, entonces al escarbar revela cosas desagradables, cae mal, el pobre, es inglés, con poco sentido del humor, pues, o de humor inglés que llaman, que sólo ellos dizque entienden. Con ese cielo siempre oscuro y una lluvia pertinaz, por eso siempre cargan con un paraguas, qué incómodo. Aquí me parece que los que venden paraguas por la 20 no les va muy bien, a menos que haya vaguada en la zona de convergencia intertropical.

No obstante, no se está negando que, por supuesto, y, precisamente, el neocolonialismo de antaño y ogaño nos ha convertido en regiones geo-económicas dependientes de los centros de poder mundial. Y ser, además, naciones-estados con sociedades (pueblos) asimétricos, con marcada división de clases y escenarios de luchas intestinas; ya que volviendo a citar al poeta y cantor venezolano Alí Primera: "…En mi pueblo los hombres/ han tomado partido/ algunos por la vida/ y otros contra ellos mismo/ Pero la tierra agreste/ Va pariendo un camino/ en todos los pasos llevan un solo ritmo/" (Alí Primera. Mi pueblo me hace cantar, fragmento. Recuperado en acordes.la cuerda.net/ali-primera/mi…).

De allí que esta refutación intempestiva ( e ingenua), ya que aunque no seamos pares académicos de figurones ( o figurines) del jet set como Peter Wade ni hablamos inglés (como canta Juan Luís Guerra y su 4-40 en El Niágara en Bicicleta), creímos que, tal vez como parte de una reacción airada o intempestiva, ( se dice en Latín: "Ira furor brevis est"), podíamos expresar este recado breve de un lector ocasional (o lector in fábula) como diría Umberto Eco, para la discusión.

Por su parte, en el lector in fabula viene a ser un estado o situación donde se produce la cooperación de tipo interpretativa entre el texto mismo y el lector, en una hermenéutica de sentido, (Eco, 1979, Apocalípticos e integrados). Con el agregado de que en palabras de Gisela Kozak Rovero (2008, en su obra Venezuela, el país que siempre nace), la nación más allá de la entelequia institucional y jurídica-política, está hecha de memoria y subjetividad, (P. 27).

El corolario de este aparte es que, junto a las estructuras objetivas de la economía y la política, como cosa pragmática o empírica, hay una geografía de la sensibilidad y cuerpos narrativos que exaltan y cantan la nación. A la herencia histórica de variado tenor desde la historia romántica y su cancionero popular, aunque con dolorosas heridas sangrantes hacen parte de un legado que informan o comunican unidad al conjunto societal; de lo contrario seremos, recordando a Don Miguel de Unamuno respecto de la España del 1889, naciones invertebradas. Es lo que Peter Wade da en llamar homogenización nacional que oculta una realidad de exclusión: ciudades sin centro y ni polis céntricas, sin memoria e identidad; dejada a la recreación de ciertas élites. Siendo que en realidad el mestizaje y el sincretismo implican una dimensión ontológica permanente en cuanto a que al ser de estas entidades políticas e históricas están marcadas por la diversidad; pero la vida no pasa en el tiempo y el espacio como un rebaño de pueblos dispersos, semejante a aquel cuento de Antonio Arráiz: "Todos iban desorientados".

Wade describe tal situación siguiendo la metodología de estudios de casos; pero tal vez como investigador que expresa "la mirada del otro" parafraseando así a los historiadores Elías Pino Iturrieta y Pedro E. Calzadilla, no siente que tiene la responsabilidad de proponer también una salida; que viabilice un sistema histórico-pedagógico y que haga visible a los sectores excluidos, en un paisaje donde, no sólo afloren las diferencias. Sino también, y principalmente, afloren las confluencias. Pero no, Wade se conforma con realizar un diagnóstico con neutralidad valorativa, y describe las variables de conjunto que a su parecer están involucradas, como quien se solaza en diseccionar un cuerpo inerme.

III

"La mirada del otro me ofrece una vivencia de mí mismo".

Jean Paul Sartre.

"Repensando el mestizaje" intitula el académico británico su "Papel" o lo vierten así los traductores, versionantes y adláteres, con lo que no sé si hay que dar un margen de duda razonable y no sea ese el título más plausible, en atención al adagio italiano muy citado de "Traduttore, traitore", en inglés el título es: "Rethnking Mestizaje: Ideology and Live". El artículo lo reproduce la Revista Colombiana de Antropología, Volúmern 39, enero-diciembre, 2003; recuperado en www.redalyc.org/comocitar.oa/fid/3...)

Su autor, Peter Wade, es del taxón inglés según decía mi maestro de cuarto grado hacia 1980 en la Escuela Ciudad de Maturín, en el popular barrio San José de Barquisimeto, y propiamente pertenece al Department of Social Antropology , University of Manchester, Reino Unido; institución fundada en 1824 en esa ciudad de Manchester, Inglaterra, que en 2004 se fusiona con el Manchester Institute of Social Science and Technology; en su frontispicio, se lee según una fuente electrónica la siguiente frase latina: "Cognitio, Sapintia, Humanitas". Y se localiza en Oxford Road, Manchester y en la actualidad cuanta con la segunda mayor matrícula del Reino Unido: 29 mil estudiantes, después de la Universidad de Londres, (recuperado en Página Google. Places).

Es desde allí que parte la mirada de este investigador hacia Latinoamérica; Wade es Doctor en Antropología Social, egresado de la Universidad de Cambridge y, como ya se ha reseñado pertenece al claustro de la Universidad de Manchester, siendo su área de interés "…los procesos de discriminación racial, identidad negra y movimiento social negro, incorporando también la sexualidad a sus temas de investigación". Algunos de sus libros son: Raza y etnicidad en América Latina; Música, Raza y Nación; Gente Negra. Nación Mestiza, (recuperada en www.aibr.org/../020301.php).

Así se tiene que las credenciales que adornan al personaje eventualmente pueden deslumbrar a las almas piadosas que tienden a reverenciar y postrarse de hinojos ante el Magister dixit y los PhD del mundo tenido por desarrollado, pero para los (des)formados en la "Escuela de la sospecha" y la Dialéctica negativa, que tienden a adentrarse en lo que está oculto y desvelar, hacer "ver" lo oculto; ciertos investigadores confunden como cualquier hijo de vecino ciencia con ideología y quieren hasta meter gato por liebre, con perdón, y no se ofenda el señor, pues, probablemente haya sido yo quien no lo haya entendido.

IV

Con todo lo señalado caven varias conclusiones y aquí se opta por una apoyada en cierta reflexión de alguien que extiende la mirada en el recorrido histórico de Venezuela, también como estudio de caso y muestra sociológica. Así hemos de destacar que compartimos el criterio del escritor José Balza (en su obra Pensar a Venezuela, Caracas, 2008), cuando afirma que para el caso particular "La rigidez colonial reemplazó el disperso mundo indígena", (P. 6), agregando que:

"Se trata de una forma de unidad social que sostiene el habla hasta la familia, desde la sexualidad y la percepción del paisaje, los engranajes económicos y religiosos hasta el amor y la alimentación. Un magma paralelo a las leyes y los ministerios, a las noticias y las ideologías. Algo que emerge desde las sombras de la más remota tradición indígena, negra o blanca y va reflejándose en todas las instancias de la sociedad para nutrirse de sus voces, costumbres, intimidades e imaginaciones", (P. 7).

E allí pues una respuesta. Nos parece a la tesis de Peter Wade, la diversidad no niega la unidad. Paradojas de Latinoamérica y el Caribe. Igualmente, es plausible lo que José Balza en su prosa ensayística, al Pensar a Venezuela, denomina la integración de sangres a partir de 1492 converge también en el dominio de la cultura, ideas, actitudes y mentalidades. Vendría a ser de acuerdo con Vovelle (op cit) expresión de la "relación dialéctica entre las condiciones objetivas de la vida de los hombres y la manera como la cuentan y aún en la que viven", (P. 19); de allí que decir sin más que el mestizaje es una ideología que encubre las exclusiones y solazarse en ello, al menos es un simplismo abrumador, sobre todo ante el pensamiento complejo de Edgar Morín (en La vía, 2012); además de que considerar el mestizaje como retórica nacionalista constituye un argumento ad homini pues descalifica a un grupo humano que como pueblo tiene como seña de identidad el elemento mestizo.

Aunque hay que reconocer a Peter Wade que ciertamente existen múltiples procesos de mezclas e identidades mixtas en Latinoamérica y el Caribe, que da lugar al sintagma pluri y multiculturalidad. Pero sin renunciar a la unidad nacional. ¿Se da cuenta usted amigo/ga lector/ra que todo el cuestionamiento de la tesis central de Peter Wade al final parece un cuestionamiento ingenuo y que la ira furor brevis est?

Pero lo que no deja de ser interesante es que semejantes disputas también puedan verse reflejadas en la micro historia de una ciudad como Barquisimeto, que no parece que hay uno solo sino varios, según se viva el este, el centro o el oeste, sur o norte, pero lo cierto es que todos somos mestizos tanto en lo físico como en la música y la comida, por decir algo banal.



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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