Limitaciones de la democracia

La democracia es la forma de gobierno para los dioses y los sabios. En el entendido que estos seres no se equivocan y en caso tal, son capaces de rectificar. Es indudable que el sustento de la democracia es el voto y las personas acuden a este, masivamente, para resolver los problemas que los abruma. En el entendido que el sufragio es un arma para colocar a un gobernante, acompañado por un partido, cuyo única finalidad es cumplir con las promesas que anunció durante su campaña electoral.

Desde que tengo derecho al sufragio, y esto ocurrió hace muchos años, en mi época de mozuelo, en muchas oportunidades no voté por no creer en los candidatos que se presentaron en la gesta. Los de mayor opción eran los candidatos de la oligarquía que siempre ganaban con trampas y marramucias. Algo que me sorprende, y no debería, es que la ofertas electorales son las mismas en la mayoría de los países donde se realizan elecciones, es decir, en lo países "democráticos".

Finalizada la Primera Guerra Mundial y más aún al término de la Segunda Guerra Mundial, el modelo imperial se agotó y aquellas colonias, protectorados, dictaduras militares y otros regímenes totalitarios, amparados por el imperialismo, fueron desapareciendo del mapa. De esta consunción política surge las llamadas democracia burguesa, respaldada por el voto secreto, directo y universal en pueblos y países que no conocían los fundamentos ni los beneficio de esta forma de gobierno. Claro está, los imperialistas tenían el armatoste y la maquinaria preparada para que siempre triunfara el candidato que respondiera a los intereses de de las oligarquías criollas y a los de los antiguos imperios, hoy presentados como potencias financieras, industriales y armamentistas.

Si se revisan las ofertas electorales tanto de los candidatos de la derecha como lo pocos de la izquierda notarán que siempre son las mismas: fin de la pobreza; servicios de educación, salud y vivienda para los desposeídos; tierra para los campesinos basada en una reforma agraria justa; fin de la corrupción; alimentación para todos los sectores de la población; salarios justos, construcción de vías de comunicación, modernización del país, entre tantas de las promesas que se repiten en todas las campañas electorales y hasta ahora los problemas se mantienen igual.

Debo recordar que los países que en momento fueron grandes imperios como España, Inglaterra, Holanda, Francia, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Rusia, que en un momento le entraron grandes masas de dinero producto del robo de los recursos naturales de sus colonias ubicadas en América, Asia, África y Australia, nunca le resolvieron las necesidades de los pobres de su país. Contrariamente, a pesar del dinero y de las riquezas que administraban, los pobres se hicieron más pobres y los ricos más ricos. Quienes se han paseado por Europa habrán advertido los grandes palacios, colosales catedrales, ostentosos monumentos, y otras construcciones pomposas, derivadas de los beneficios obtenidos de los ignominiosos saqueos a los pueblos que ellos avasallaron de la manera más cruel. Quiere decir que el capitalismo nunca ha resuelto el problema de la pobreza crítica.

Aquellos potentados se acostumbraron a este modelo de vida y una vez acabado el modelo colonial hubo que inventar otro, con la finalidad de conservar los beneficios y privilegios obtenidos en siglos pasados. De allí surge el invento de la democracia representativa, que evidentemente personifica a la clase dominante. Para tal fin los políticos, en alianza con los grandes capitales, inventaron estrategias y plataformas electorales para que siempre triunfaran los candidatos de la derecha.

En la estrategia trazada por los políticos y los capitalistas no estaba la de educar al pueblo en lo referente a los estudios de la filosofía y de las doctrinas políticas. Su interés único era mantener a la gente, tanto la clase popular como a la clase media, en la más oscura ignorancia, haciéndoles creer que con solo el acto de votación bastaba para sustentar la democracia, a pesar de que, una vez que ganaban los candidatos de la derecha los problemas continuaron. Esto ocurre, no solo en América del Sur, lo mismo sucede en Norteamérica, Europa, África, Asia y Australia. La ignorancia de los votantes los mantiene en poder.

Con el triunfo electoral de nuevos líderes, utilizando las mismas armas del capitalismo, es decir el voto, América del Sur y Centroamérica vio surgir un nuevo modelo de hacer política en países como Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia; Brasil y Argentina. Dirigentes sociales comprometidos con su pueblo, lograron utilizar las riquezas de la nación para solventar algunos de los problemas que los venían acosando desde hace más de 400 años. Y esto no lo permite el capital globalizado.

Actualmente es sorprendente como el imperialismo globalizado utiliza enormes sumas de dinero para desprestigiar aquellos líderes que en alguna oportunidad, cuando gobernaron, lograron indiscutibles beneficios para el pueblo. Hoy, politizando la justicia, algunos de esos hombres están presos o amenazados para llevarlos a prisión y otros desacreditados. Para tal ominoso objetivo utilizan las mass media y las redes sociales. Un arma letal para acabar con los logros de los gobiernos progresistas y colocar en su lugar, nuevamente, candidatos que responden a los intereses del gran capital.

Lo que ocurre en Colombia, Panamá, Argentina, Chille, Ecuador, Honduras, Paraguay y lo más reciente en Brasil, no es una coincidencia, todo es producto de una estrategia del neoliberalismo para que sus candidatos lleguen al poder para así privatizar las empresas y renovar el saqueo que por muchos siglos sufrieron estos países.

Definitivamente, el mejor arma del neoliberalismo para acceder al poder es la ignorancia de los votantes. No hay razón alguna, que no sea el analfabetismo político, para que los pueblos que han sufrido el rigor de un gobierno fascista, concurra estoicamente a las urnas electorales para votar por el candidato de la derecha. Esto tiene una explicación: la gente no piensa por flojera de cavilar. Los votantes, por ignorancia, se dejan manejar y desconocen lo que sucede en el mundo. Las redes sociales y la televisión los mantiene insensibilizados, con el cerebro envenado. Ante una alternativa de cambio prefieren la que le ofrece la derecha, pensando que en alguna oportunidad el elector se va a convertir en una persona adinerada, como el candidato de la oligarquía, que por lo general es un empresario y no un político. Los brasileros tienen el ejemplo de lo que sucede en Argentina, en Chile, en Ecuador, en el mismo EEUU, donde la gente de clase media está muy lejos de vivir tal como rezaba la oferta electoral del candidato derechista, sin embargo llevaron al gobierno al líder fascista que dentro de poco mostrará su verdadero rostro.

Algunos afirman que la voz del pueblo es la voz de Dios, pero en este caso el Todopoderoso se equivocó y el pueblo de Brasil y los de América del Sur cargarán con las consecuencias de unos votantes que por ignorancia se dejaron manipular por la televisión y las redes sociales y no por un acto de reflexión al colocarse frente a una urna lectoral. Esta es una de las limitaciones de la democracia.

Ante hechos como lo que estoy viviendo siempre recurro al general Simón y por fortuna siempre encuentro una frase reconfortante como una frase de la carta dirigida Francisco Carabaño en 1828: "Los hombres de luces y honrados son los que debieran fijar la opinión pública". Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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