Homenaje al alma de Carlitos Bravo

Murió un amigo. Tanta gente que se muere que uno se acostumbra... (pero a lo que uno no se acaba de acostumbrar es… a la idea de la propia muerte, y es ridículo).

Hoy supe que murió Carlos Bravo, y sentí en mi alma una fractura como si mis huesos gemelos se hubiesen partido en dos contra un muro de cualquier plaza de Petare. Nunca me imaginé que la muerte de alguien,  alguien como él, me ocasionara tanto dolor; ¡dolor de alma!, un daño ubicuo, algo que nos desquicia, que nos descalabra, pero nos agarra y nos sostiene, que no nos suelta la consciencia, nos la estruja…, que nos tortura… ¡es un infierno!

He pasado por la experiencia de ver morir mucha gente querida: Collado, Oscar, Mi tío, mi tía, mi mamá… pero nunca había sentido la muerte tan de cerca y tan dolida, con este absurdo de la muerte, frente a mí, en mi memoria m´´as reciente, ¡Carlitos Bravo muerto!... ¡No es posible!

¿Alguien, por allá, sabe que es la envidia?... La mía es la que sentí siempre por querer ser todo lo convencido y obsesivo que fue Carlos, con sus principios, casi que primitivos, principales, primeros,, originarios…  ¡el médico que curaba con el bisturí de la amistad, el compañero infinito!, el solitario (¡como yo!)… ¡Me avergüenza saber que nunca fui, una milésima de lo diligente y amoroso con él y con mis cercanos, que lo que fue Carlos con nosotros! (nosotros los privilegiados de él… No todos los reyes europeos, y de más humanos “verdaderos”,  se pueden jactar, con sumo orgullo, decir ésto: yo fuí amigo de Carlistos Bravo)

Carlitos Bravo, Jacobo Borges, una sobrina, Mariela, Flérida, el cine, el arte , la ciencia… ¡Uf!

Un día Mariela nos invitó a su casa, porque Jacobo tenía una de esas tardes de cine o de arte que él siempre organizó con nosotros. ¡Nosotros!, en esa tarde, Flérida y Héctor, Nataly, de catorce años, Carlitos Bravo, Mariela, quizá otros…. no recuerdo a más gente: Jacobo careando el conocimiento del arte con el conocimiento de la ciencia frente a Carlitos; la pasión del artista que yo más admiro, vivo, nacido en Venezuela, versus a la pasión de Carlos Bravo, el más terco, obstinado médico... ¡Qué espectáculo para el espíritu y el alma, a la vez!... Estebamos casi todos, jumados de vino…,  menos Nataly y Jacobo, que lo tenían prohibido por sus glaucas inocencias… Una, por menor de edad, y el otro por santo.

El espíritu se entusiasma y crece, y el alma se enriquece, ¡cambia de color!  La joven Nataly, entonces sin prejuicios, discutió a su tierna manera, y se admiró de los dos, no dejaba de abrir sus ojos asombrados. Yo choqué mis ideas  contra los dos frentes, como otro contendor, como un buen capitán a mi favor…,  Mariela..., Flérida, ambas auparon a sus parciales…, Fue una noche como ninguna otra en mi vida y en mis recuerdos de Carlos y de Jacobo, mi maestro de pintura (aunque él no lo sepa de esa forma tan personal)! Y mi maestro en amistad, piedad y amor al hombre desvalido de alma (Carlos operaba obesos débiles, repartía piedad,  así como otros operan corazones maltrechos)

Ustedes ¿Podrán creer que no recuerdo los detalles de aquellas batallas? Sin embargo tengo, o cargo fijos en mi memoria,  todos los argumentos…,  Inclusive, recuerdo haberle dicho a Nataly: “ese es Jacobo Borge, el pintor: todas las explicaciones que te está haciendo con rayitas en ese papel, por sí solas,  valen oro”. Afortunadamente Nataly, una hija de su padre pintor, no me paró bolas, su candidez no fue capaz de entender ese comentario tan vulgar y tan absurdo…

Pero ¿Cómo podía envilecer al espíritu del artista verdadero, con ese comentario ante una niña de 13 o catorce años? ¿Pero cómo podía sacarle algún provecho (lo mismo que hice con los argumentos mercantiles del mercader) con la Pasión de Carlitos Bravos, incapaz de vender otra cosa en su vida que no fuera compañía, amor y amistad…: ninguna "rayita sobre un papel", había que verderlo a él?: nadie puede con eso…,

Nadie podía con su pasión…, los argumentos eran arrastrados por ella hasta convertirlos -cada uno, ¡uno por uno!- en verdaderos monolitos de acero…,  así, como la lava hirviente y fúrica, engendra montañas, islas, y continentes...; puertos para el náufrago, para el solitario de esta vida terrenal.

Además Carlos Bravos fue un gran músico. Fue el músico originario. El primer poeta trágico, maestro del ditirambo, el Esquilo  que, sin que nadie se lo pidiera, representó siempre su tragedia (acompañado de mi persona y de la divina Tití…, en sus  sesiones particulares, personales,  de arte del artista).

Sin saberlo, la “divina Tití” y yo formamos parte de esas sesiones…, de esos “seminarios musicales” escritos en el pentagrama interno de la pasión…, por nosotros, por la humanidad…, que fuimos nosotros como representación de ella (Solo faltó haber invitado a Jacobo el imperturbable, para aquellas sesiones musicales de los "independientes", ante toda esa manifestación de conjunciones, como aquellas, hechas por el y nosotros con verdadero  sentido en la vida Humana… muy humana, muy inteligente)

Ese es el Carlos Bravo de mi memoria. Genio de la carne asada y de la carne viva, de la piedad, del amor profundo; el solitario, el jamás satisfecho, el salvador de medio mundo, el atormentado… y el más tierno de alma que haya conocido jamás (¡¿Dramatizo?!  Lo sé.  Puede que conozca a otro igual antes de morir…, pero por él, por su memoria…,¡ hago todo!  ¡Soy capaz de representarlo todo, el sentido de la vida misma,  para que él sea siempre el héroe que fue en impenetrable silencio!)

Fueron unas cuantas lágrimas, pero no las pedí; brotaron y ya, incontenibles… (Cuando eso pasa hay que revisarse el corazón…, y la memoria se encarga del resto).

No hubo tiempo para reflexionar, todo se dio en un solo movimiento: del alma, del corazón, del espíritu (¡Con toda su razón! ¡Con toda su inteligencia!), con su memoria… ¡cargada…,  a tiro!…

Hoy te miro (hace ratico), y me asombro de lo precaria que es la vida… ¡Carlos Bravo muerto!..., ¡Y ahora, ¿quién puede velar por mí, por los míos, por mis amores?! ¡¿Ahora quién va a velar por todos nosotros?!...

…Si necesitas mis oraciones, ¡Mil oraciones tendrás, espíritu de Carlos!..., dame tu señal… Si no (científico errante), defenderé tus argumentos hasta el último minuto de mi vida. Un beso.

HB



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Héctor Baiz

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