Mi palabra

Aporrea, tiene su Amaranta

"Las palabras ofenden más que las acciones,

el tono más que las palabras,

y el aire más que el tono"

Madame Necker

Con toda razón, el destacado médico larense, quien hizo de la profesión –pediatría– un apostolado, nos dejó un pensamiento, el cual guardo en la memoria, como una enseñanza muy valiosa: "Llegar a viejo sin el hábito de la música, y la lectura debe ser muy aburrida" Por mi parte, no dejo de escuchar buena música, y la lectura es una motivación para seguir adelante, y entre los libros, que he convertido en algo parecido a la biblia, como hacen algunos religiosos, se encuentra la novela de Gabriel García Márquez (Cien años de soledad) por el revuelo causado en el mundo literario, y los personajes que hacen vida en la obra, por demás polémicos entre ellos: Amaranta Buendía.

Los lectores, y columnistas de Aporrea, también tienen su Amaranta, pero esta es ROJAS; nada de rojita y por extrañas circunstancias se me antoja, que empieza a tener cierto parecido al famoso personaje de la apasionante obra del "gabo", a pesar de la época, y las actividades donde se desenvuelven; pero lo cierto, es que el viejo refrán: "La lengua, es el castigo del cuerpo" le viene, como anillo al dedo a la Amaranta, quien debe respirar profundo en la soledad de las sabanas del sur del estado Anzoátegui, cuando pernocta en su fundo ¿Por qué digo esto? Por una razón muy sencilla: en su último artículo (Abusados militantes del PSUV en Anzoátegui y el país) la inmarchitable–el verdadero significado del personaje– Amaranta, utiliza la intriga, y la ironía para descalificar a los militantes del PSUV, llegando al extremo de tildarlos de pendejos, y pajuos; metiendo la mano en el caldo, de por sí, bastante morado.

Esta táctica es muy común, en algunos columnistas, e intelectuales a la hora de escribir, y para eludir el bulto, y las críticas, se cobijan en una palabra muy en uso, pero no de fácil interpretación: sarcasmo. La profesora, se dio su gustazo al estilo de Javier Antonio Vivas Santana, quien no pierde el tiempo, ni se anda con rodeos a la hora de elaborar un escrito, tomando, como punto de partida, cualquier pendejada, con tal que sirva para atacar al gobierno, y sus seguidores, que por cierto están demostrando, que el Comandante Hugo Chávez, no aró en el mar.

Aun, cuando no militó en el PSUV, me siento aludido en el artículo de Amaranta, porque creo en el proceso bolivariano, como siento el latir de mi corazón, al ver tantas injusticias, y momentos tan desagradables en la Venezuela, asediada por el imperialismo, y países libertados por la misma espada de nuestro héroe nacional Simón Bolívar. No soy, de los que utilizan palabras subidas de tono, para ofender o descalificar a nuestros semejantes, pero se presentan momentos, en el cual, tenemos que responder los ataques virulentos, con la misma herramienta; a pesar de lo rico de nuestro idioma, como lo demostró García Márquez, en su laureada novela; aunque la palabra pendejo, la puso de moda el conocido intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri, y pajuos, no aparece en DRAE; es una expresión de un folklorista venezolano: el "ñemerito" de Achaguas, quien levanta aplausos en el público, porque llega al sentir del pueblo de manera muy jocosa.

Lo de Amaranta, la de las soleadas tierras de Anzoátegui, y desafiante articulista de esta página web, es prácticamente una copia fiel y exacta de las expresiones utilizadas por algunos dirigentes de la oposición, y todos sabemos, que copiar no es bueno, mas, cuando se utilizan para llamar la atención a la hora de titular sus escritos; una estrategia muy bien pensada, pero muy mal diseñada; la herramienta del lenguaje es para utilizarlo sin caer en la chabacanería, y por la otra parte ¿cómo podemos llamar a los militantes de los grandes partidos de la IV república, quienes se mantuvieron por más de cuarenta años, prácticamente amordazados? Creo, que en medio de esta crisis económica, la profesora, y productora está pendejeando con opiniones rebuscadas, aun, cuando tiene el pleno derecho de opinar, y no es raro, que termine haciendo pipi, fuera de la camaza; de esas, muy bien labradas por los primeros pobladores de las riberas del caris; hermoso balneario muy cerca de mi tierra natal: el tigre.



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Narciso Torrealba


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