Aquí no ha pasado nada: la caída de Maduro y el madurismo

Tengo un amigo que cree que después del 20 de agosto todo se va arreglar, el cree que las medidas de Maduro de la conversión monetaria van hacer que haya efectivo en la calle y que el gobierno va aumentar el sueldo para que podamos comprar todo lo necesario para vivir decentemente, el cree en todo lo que dijo el gobierno. El cree, tiene esperanzas, no acepta malos pronósticos, nos dice ¡ahora sí las cosas van a cambiar, estoy seguro! Yo le respondo: ojalá y así sea, y me le quedo viendo, más que los ojos, el alma presa, dudosa y desesperada.

Ante la situación tan terrible que vivimos entre la hiperinflación y el desgano, los que creemos en la revolución socialista no vemos un futuro inmediato alentador. Al contrario, prendo la televisión y me entero que el PSUV tiene la misma dirección política, la misma que gobierna el país, ¿Qué se puede esperar de ese partido?  Yo diría que lo mismo que esperamos del gobierno, nada, ningún cambio, nada inteligente, solo soberbia, delirio de grandeza, y mucha estupidez.

Pienso en el Coronel Gadafi, cuando era el capitán altanero de su revolución verde, cuando fue un hombre digno, pero bravucón.  Los Estados Unidos colocaron un buque de guerra en el Mediterráneo y desde ahí hicieron un atentado a su propia casa y mataron a su familia, buscando su muerte. Se salvó de chiripa, pero quedó amedrentado. Esa muestra de fuerza y poder del enemigo fue el comienzo de su caída, su caída moral. Pienso en Noriega dándole planazos a un escritorio con su macheta de coronel o sargento, y más tarde capturado, preso y humillado en su propio país, por megalómano pendejo. A Hussein vuelto un trapo, después que fue tan digno. En Uribe, manipulado como un títere. Siento pena ajena por Maduro y que sufra un destino similar al de estos hombres que en algún momento perdieron el sentido de la realidad.

Mi amigo C., el de la gran esperanza,  es un negador. No acepta la muerte de la revolución en manos de Maduro y su equipo, ni la va aceptar, hasta que sienta el pinchazo del engañado en el corazón. Maduro corre la arruga de la esperanza, juega con la esperanza de gente humilde y buena como C., ese es el método Maduro, prometer lo mismo saltando de improvisación a improvisación.

Yo creo que no sería tan reiterativo si no estuviera apoyado de alguna manera por los camaradas del norte; algo le deben haber prometido para seguir sosteniendo el engaño.

Es obvio que el país –no nada más quienes nos oponemos a él- no cree en el show de PSUV, aclamando a Maduro y a Diosdado, como una señal de fuerza política, de unidad política de seis millones de venezolanos. Menos cree en el valor de los debates y autocriticas de sus delegados. La situación se ve mal para el gobierno, Maduro pareciera estar en tránsito a un final trágico, y no es envidiable.

Si después del 20 de agosto todo sigue igual, en el mejor escenario, el PSUV y la coalición del Polo Patriótico van a perder las elecciones de alcaldes; eso parecería casi que imposible frente a la opción política de la derecha que es lastimosa y vergonzosa, pero la van a perder de cualquier manera, nadie va a votar. En el peor escenario todos los C. estallarán en crisis, habrá una conmoción social y habrá muchos pescadores pescando en río revuelto y de muertos. Se repetirá la historia, pero con un detalle distinto, los venezolanos sentiremos el abandono, solos y conscientes del abandono de los líderes mentirosos, los cuales, incapaces de volver con la misma mentira repetida tantas veces se plantarán  en el poder por la fuerza, sin más mentiras y disimulos, puros chantajes y amenazas (como las del carnet de la patria y la gasolina, por ejemplo)

Ninguna consideración acerca de los planes de recuperación, no vale saliva ni taqueteos a la computadora, lo importante ahora es prever este hecho de crisis emocional, desengaño, rabia y en un acto de valor nacional, en una acción de contundencia nacional, contrarrestar las mentiras del gobierno, las PROMESAS VANAS del gobierno, el chantaje de la invasión (la cual nunca será necesaria, mientras los intereses norteamericanos se puedan garantizar por métodos menos escandalosos y costosos). Maduro ha estado dispuesto a hacer por el camarada Trump el favor de pacificar el país, ya lo está haciendo.

Aun así el imperio de ser necesario estaría dispuesto a capturarlo y amedrentarlo como lo ha hecho con otros, dejar un precedente claro, clavar su cabeza en la entrada de Caracas. Y es que nuestro desdichado presidente no cuenta con ventajas sobre humanas, ni siquiera ha cultivado el carácter para la lucha, tampoco ha sido fiel a principios magnánimos y de fuerza moral, solo cuenta con una colección de frases hechas y palabras.

Los hechos, las acciones definen la felonía del madurismo, no las palabras. Las palabras contradicen los hechos y las acciones. Al imperialismo le da lo mismo que sea Maduro o Ramos Allup quien entregue la Faja del Orinoco, el Arco minero: todo el territorio nacional, pero igual no perdonará a Maduro, por más pusilánime que se muestre (tampoco y sobre todo a Ramírez que es mucho más peligroso, inteligente y más comprometido que Maduro con una revolución, ya eso se sabe), por más pacífico y democrático que se muestre, por más melindroso. La etapa que viene es para el juego de la reacción imperial y la derecha dura, no para Maduro y el madurismo.  El madurismo es puro discurso mientras la lava del imperio socaba poco a poco la voluntad de los venezolanos, en especial, de los socialistas y chavistas.

Antes de que todo se repita, hay que hacer algo que despierte a la gente en la calle, que en el fundo no cree en nada ni nadie en este momento. Reúnanse los líderes, técnicos, ex ministros chavistas socialistas y conformen otro gobierno fuera del país, una asamblea de hombres y mujeres pero chavistas, previendo el estallido social que reventará de rabia cuando la gente caiga en cuenta que aquí no ha pasado nada.



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Marcos Luna


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