El capitalismo, y Venezuela

El capitalismo de la crisis humanitaria ha traído el hambre dentro de unas inmensas maletas, rotas como los vientos de la inmensidad del cielo.

Un capitalismo especial que no produce bienes ni servicios; dedicado a promover la inflación, la especulación, el robo, la usura, la estafa, ha destruido las bases de una incipiente producción industrial, y se dedica a pasearse por las calles del país, personificado en una innúmera población de buitres carroñeros que devoran a los insepultos niños, ancianos, mujeres y hombres que no encuentran otra opción que la muerte flácida.

El administrador de los negocios de la burguesía, nuestro presidente constitucional Nicolás Maduro Moros, está muy ocupado en sacar a los mercados el nuevo cono monetario; los billetes saldrán con 3 ceros menos, es decir que el de 20.000 bolívares es en realidad de 20 millones, y como ha venido sucediendo, dentro de poco tiempo servirá para tomarse un café en una panadería de mala muerte.

El antiguo, y el mismo modo de producción capitalista, con una nueva acumulación del capital se ha instalado en Venezuela, con intensiones de quedarse por el tiempo que quiera, hasta que la mayoría del Pueblo trabajador decida. Un capitalismo especial que no produce, y se fundamenta en la economía de puerto, que se engulle las divisas de PDVSA, menguada cada día más en su producción petrolera.

El color rojo, el nombre de Bolívar, y de Chávez, y muy especialmente el socialismo, han sido calumniados en Venezuela por un capitalismo carroñero que se ha arropado con el manto de la condición revolucionaria, mientras se roba las urnas de los muertos para alquilárselas a otros muertos que esperan en una cola interminable.

El presidente Maduro sigue luchando en la batalla de los bonos del carnet de la Patria, que ya no alcanzan para comprar una caja de fósforos.

El pueblo trabajador arrinconado, está siendo obligado por el capitalismo especial a seguir migrando a los países vecinos, donde funcionan y gobiernan otras formas de capitalismo, un poquito menos carroñeras, donde por los menos el salario alcanza para comer. Pareciera que todavía, no estuviésemos decididos a luchar por nuestra independencia.

El imperialismo está desesperado porque todavía no ha podido decretar y concretar su perniciosa crisis humanitaria en Venezuela; ha ensayado nuestro poderoso enemigo todos los males para quebrar nuestra resistencia: no ha le sido suficiente el descontrol de cambio, el papá de las páginas virtuales que establecen un astronómico y caprichoso precio del dólar para nuestra insuficiencia en bolívares, lo que hace inalcanzable la compra o la reparación de cualquier artefacto que se dañe para el funcionamiento de la casa, o para la indispensable compra de la comida.

Tampoco le ha sido suficiente al imperialismo para agredir a Venezuela, la resolución número 8 del banco de la República de Colombia que establece un cambio paralelo bolívar-peso en la frontera colombo venezolana, para devaluar constantemente nuestro signo monetario frente al peso, empobreciendo nuestro producto interno bruto, mientras engorda el de la hermana Colombia.

Nosotros estamos ayudando al imperialismo, cuando no quitamos el descontrol de cambio, en sus planes de robarse a Venezuela; cuando no ponemos en vigencia la CRBV, para ejercer la soberanía popular, mediante el protagonismo de su poder originario para impedir que siga el capitalismo ultraliberal en Venezuela, en sus macabros planes de construir su crisis humanitaria en el suelo patrio.



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Eduardo Mármol


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