El bachaquero de los Clap y el combatiente clandestino. ¿Quién es menos pendejo?

El combatiente clandestino no puede descuidar el menor detalle. Quienes se descuidan suelen ser detectados y fácilmente detenidos. Por ejemplo, esos combatientes de la MUD que cometen actos que pudieran estar al margen de la legalidad, planifican y los comentan por teléfono, son muy malos en el arte. Por eso les descubren aunque no les detengan por no estar en el interés del gobierno, el cual se conforma con exponerlos ante los medios y mantenerlos bajo control.

El combatiente clandestino, bajo régimen rígidamente represivo que corre el riesgo de ser detenido, torturado y hasta asesinado, comporta una responsabilidad mucho mayor. Esta es la existencia, seguridad de la organización en la cual milita y de los compañeros que forman parte de la misma y pudieran "caer", para decirlo en el argot pertinente, por culpa de una imprudencia suya.

Por eso el avezado clandestino cuando se reúne con quienes deba hacerlo para los fines comunes, lo primero a tratar son las "normas de seguridad", como los próximos sitios de encuentro que deben ser los más seguros y ajenos a toda sospecha policial, hasta cambiar, si fuese necesario de seudónimos mediante los cuales cada uno se identifica, porque podría haber alguno ya quemado; los santos y señas relativos a las horas, sitios de encuentro. En caso de usar el teléfono, esto sólo debe servir para acordar hora de encuentro y el sitio, de acuerdo a una señal antes convenida, como "allá donde el sol pega de frente"; pues lo que habrá de hablarse será cara a cara. Es más, nadie toma nota escrita de nada. Para eso se usa la memoria.

Por ese extremo cuidado el combatiente clandestino experimentado, cuidadoso, suele ser difícil de detectar. Generalmente eso sucede precisamente por violar alguna norma o la delación de un compañero por diferentes causas; violación que puede cometer alguien en la cadena. Pero esto puede suceder y sucede. Pese todos los cuidados, alguna vez las policías, aun las menos experimentadas, pueden hallar alguna pista y llegar donde se halla lo que o a quién buscan y hasta a quién no buscaban.

De hecho, el bachaquero es un trabajador ilegal. Pero también lo es quien en fin de cuentas hace lo mismo al por mayor, que no es otra cosa sino especular. Pero lo son doble o infinitamente más quienes sustraen las mercancías de los Clap para llevarlas al bachaqueo. El bachaquero primero y el de los Clap, no trabajan de manera clandestina. Esto "intentan" – pongo esta palabra entre comillas por lo que luego diré"- hacer quienes se roban los productos destinados al programa oficial desde los depósitos mismos, pero lo hacen muy mal, tanto que quien se proponga de verdad llegar a la cabeza de la hidra, no le resultará nada difícil la tarea. Salvo que le amenacen de muerte, a él y su familia, o se tema que al seguir la cabuya y llegar a la punta se encuentren con el propio demonio.

Los bachaqueros están en la calle, en cualquier esquina. Es más, forman filas largas alrededor de determinadas calles. Los mercados públicos están llenos de ellos y lo que más venden son productos de los Clap porque son justamente a esos a quienes se les saca más ventaja o ganancia. Ni siquiera son como aquellos "buhoneros o trabajadores informales" de la IV República que colocaban sus mercancías sobre una sábana y a la señal que anunciaba la llegada de policía aquellas envolvían y desaparecían rápidamente. No. El bachaquero está allí, como rodilla en tierra y una institución legal y como buena servidora; pues hasta protegido está. No importa que el discurso oficial diga lo contrario y hasta le condene. Él, el bachaquero y del Clap, seguirá allí, pese todas sus imprudencias, porque nadie le busca. Bien se sabe que el delito grande no está en él sino más arriba y quienes allá lo cometen por ahora no serán buscados.

Meses atrás, el presidente y hasta Bernal, denunciaron se habían robado unos cuantos camiones de cajas de Clap, se trató de una cifra mayúscula y eso ya está olvidado. De quienes ese delito cometieron no se supo y, por lo visto, nunca se sabrán los nombres. Pero gente del gobierno y a éste vinculada, insiste en "denunciar", no sé qué significa en ese caso la palabra, si se trata hasta de funcionarios ligados al programa, se siguen robando los productos del mismo. Y uno cree que es verdad, pues ellos son para repartirlos a la gente en su barrio, Comuna o como se llame y no para venderlos en las calles y a precios como si los comprasen con "dólar to day" repotenciado.

Pero volviendo al asunto del operador clandestino y quien pese toda la rigurosidad como opera, al menor desliz lo atrapan, a uno le llama la atención como quienes se roban los Clap al por mayor van dejando pistas esparramadas por toda la calle y en el gobierno aparentan no saben quienes están en eso. Hacen la denuncia porque no les queda otra cosa que admitir un hecho que es tan claro como el sol o "la luna llena", pero no capturan a unos delincuentes de cuello, no sé si decir blanco o rojo, que son los verdaderos responsables de tamaño delito y menos pone fin a la fechoría.

No. No debe tratarse de echarle la culpa al más pendejo y agarrar a alguien con 10 kilos de azúcar, seis u ocho de arroz, harina de maíz y 10 litros de aceite que eso vende en una esquina y tratar el asunto como que allí murió el delito. Lo que se trata es, si fuese necesario, partir de él hasta llegar donde comienza la cadena y encadenar a quien allí se encuentre, no importa de quien se trate, a ese que si "intenta" seguir cometiendo fechorías al amparo de la impunidad. ¡Y pensar que es tan fácil de descubrir! Más complicado que interferir una llamada de un clandestino de la política a otro. Si se descubre o captura a alguien cuyo nombre es sonoro, hasta mejor, de esa manera se envía un contundente mensaje contra la corrupción, los corruptos y magnifica señal a quienes ansiosos están que eso suceda.



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Armando Lafragua


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