El programa Clap es estrella en el mercado público. ¿Lo bachaquean “los peces gordos”?

“¿Qué sería de nosotros si no fuese por los Clap?

Así, como el slogan de una vieja propaganda comercial, suele preguntar y preguntarse el presidente Maduro, cada vez que toca el asunto de la especulación. Y cada vez que eso escucho me lleno de dudas e interrogantes.

¿Es cierto que ese programa alcanza a una buena cantidad de familias? No lo sé. Si los resultados electorales demuestran una muy importante y dura votación del gobierno, es pertinente pensar que, entre tantas cosas, así debe ser, como también sucede con los planes relacionados con el “Carnet de la Patria” de cuyas cifras no dudo. Lo que puedo decir es que nunca he visto una caja de Clap “en vivo y en directo”, aunque sí bastante en la televisión y en fotografías. De las tantas personas que conozco y trato habitualmente en distintos espacios son muy pocas quienes confiesan haber recibido el Clap y un buen número, desde que comenzó el programa, ha sido beneficiado una o dos veces. Pero debe ser verdad lo que el gobierno dice sobre ese programa. Como es también verdad que entre quienes lo manejan cunde la corrupción. Uno no entiende cómo algo tan público y que el gobierno mismo viene denunciando se repite aquí y allá sin cesar.

Anoche escuché a Mario Silva denunciando como en las calles venden los productos del Clap y según él, tan ligado al gobierno, esos provienen de hechos de corrupción, de bandidos que los desvían a esas cadenas informales y les ponen precios hasta cien veces superior. Pero uno también sabe, por algo hemos vivido y oteado en distintos espacios, no sólo que esos productos los extraen personas ligadas al programa y al gobierno, de gente que se ufana de decir en público que son chavistas, hasta pudieran andar para arriba y para abajo con camisa roja, aunque se la cambien, para fingir de pulcros, sino que forman una cadena larga, protegida y con poder. Por supuesto, seguro estoy que de lo chavistas es un cuento y hasta esas personas pudieran, no es extraño, porque los burros se buscan para rascarse, con gente definida de manera pública contra, no sólo los intereses populares, sino también el gobierno.

Casualmente, buena parte del día de ayer la pasé en un mercado público de la ciudad donde vivo y pude observar la enorme cantidad de vendedores informales que allí se concentran. No es exagerado decir que hay tantos ofertantes como compradores. Y casi todos esos, como en las calles de la ciudad, se dedican sólo a vender productos provenientes del Clap. Y no es que venden lo poco que pudo haberle llegado en su caja; no, porque ella no contiene cuarenta o cincuenta kilos de azúcar, aceite o harina, por sólo nombrar tres. Son vendedores en el último tramo de una cadena. Y es un negocio nada clandestino, simulado o escaso. Se presenta como una forma, un proceder fácil, para que las autoridades puedan determinar con prontitud desde donde arranca esa ilegalidad y hasta crueldad para con los venezolanos y los intereses del gobierno mismo. Si de verdad hubiese voluntad, esa que el presidente reclamó en su último discurso en la ANC, entre quienes tienen la responsabilidad en el Clap y los cuerpos que administran la justicia, no les llevaría mucho esfuerzo y tiempo llegar a quienes están cometiendo tamaña infamia.

Tampoco se trata de detener al primero que se agarre en la calle cumpliendo esa actividad, decomisarle lo que vende para darle un fin tampoco claro, sino partir de ese para ascender en la cadena y llegar hasta los responsables que están cerca de la alta jerarquía. Menos que cada quien que, alguna responsabilidad tiene, desde el presidente para abajo, pasando por Freddy Bernal, se limite a denunciar algo que todo el mundo sabe y el asunto no pase de esos límites. El pueblo, no es tan tonto o iluso. Su expresión electoral tiene mucho que ver con lo que está en juego en Venezuela. Tienen esos electores que votaron por Maduro o contra el imperialismo, suficiente claridad de lo que aquí sucede y siendo así, no es fácil engañarlos. Por esa claridad muchos dudan de qué lado están los enemigos.

No basta con denunciar desde el gobierno y su entorno lo que acontece, porque todo el mundo ve lo que sucede y porque a quienes primero denunciaron, antes que el mal hiciese metástasis, les marginaron y se cansaron de llamarles desleales, sino que ahora se trata de actuar sin dilaciones. ¿Cómo el jefe de Mercal, creo que es Bernal, para más cuentas alto comisario policial, no haya podido detectar a los primeros responsables de un delito tan abundante, masivo y cometido en la propia cara de la gente? Eso habla muy mal de él y conste que estoy entre quienes le cree una persona honesta y entregada. ¿Pero será que “los peces son demasiados gordos?”


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Armando Lafragua


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