Lo de querer irse es maña vieja. ¿Quién tira la primera piedra?

El asunto de la gente, cuyo número es bastante grande, en correspondencia con la crisis y como decía uno en la escuela, "directamente proporcional" con ella, obsesionada por irse del país, por motivos fácilmente comprensibles, se ha puesto de moda entre quienes escriben. Cada quien lo aborda según mira la vida, lo que acontece, que pudiera ser, como decíamos en Cumaná, con unos lentes prestados. Es decir, porque eso tiene algo de poesía y sentido filosófico, con el interés que cada tanda o banda política le pone a las cosas. Porque el mundo es como es y otro como cada quien le mira. Entre quienes quieren irse, pienso yo, hay gente desesperada por la situación económica. No hayan en lo inmediato como resolverse la vida y tampoco ven, por las razones que sean, espacios para acomodarse en esta incomodidad en la cual vivimos. Eso significa que pudiera haber y los hay quienes optan por irse, teniendo aquí como vivir cómodamente si pensasen con sensatez, como eso de no dejarse llevar por un entusiasmo que tiene mucho de infantil, una moda o imposición del grupo y hasta motivos que no cuentan. Hay evidentes casos de quienes se marchan formando parte de familia que maneja buenos negocios y su contribución hace falta, pero siguen la corriente, como aquellos afiebrados buscadores de oro hacia el oeste norteamericano. Salvando que la mayoría de estos, no todos, si eran unos buscadores de la vida como les pareciese más fácil. Es probable que la gana de irse proceda de un desacomodo familiar.

Pero los hay, como buenos obreros y hasta médicos, cuyos salarios aquí no alcanzan para comer dos días. Y este estado, le provoca a cualquiera irse. Por eso, al abordar ese asunto, hay que ser generoso, abierto y comprensivo. No es bueno alentar a todo el mundo se vaya, menos crear falsos espejismos, como el relacionado con algunos países cercanos, donde sus nacionales están locos de salir, y lo han hecho en oleadas por años, por las carencias y otros tantos viven de las remesas que llegan de Estados Unidos, antes también de Venezuela; pero también es malo, mediocre y cruel, mofarse de quienes se van, porque de hecho, las dificultades que padecemos a eso incita y además hay que ser respetuosos de la condición humana.

Tampoco es nada generoso y sensato condenar a quien decida irse, sobrando razones para eso. Pero para ser justo y poner en su sitio a tanto impertinente y mal hablado, sería bueno averiguar, quiénes y cuántos de estos, en el pasado, se fueron por la dádiva de una beca para estudiar, pudiéndolo hacer aquí. Sobre todo, aprovechándose de gobierno y Estado que decían aborrecer. Porque las universidades públicas, sin hablar del "plan Mariscal de Ayacucho, dependían como ahora de los recursos del Estado y del gobierno de turno. O en otros casos, valiéndose de sus vínculos políticos, en lugar de quedarse a luchar por cambiar al país, y "asaltar al cielo", no dudaban de hacer uso de las becas de los países llamados "socialistas". Porque Dr. de la Sorbona, Harvard, alguna universidad moscovita o de Praga y de gratis no era nada piche ni menos como para despreciarlo. Y de paso, hasta hacerse pana del embajador y asistir a sus fiestas. Sólo ellos, siempre ellos, deben ser los primeros y únicos. Decía Betancouert, esto lo he dicho varias, no habóa cosa aue gustase más a un intelectual, de derecha o izquierda, que una visa, un pasaporte, pasaje y un manojo de dólares.

Llegado hasta aquí, esta fue la intención, repongo un artículo de 1994, publicado en la prensa regional de Anzoátegui, ya se habían producido "El Caracazo" y "4 de febrero", el alzamiento de Chávez, abundaban los balseros cubanos y las grandes oleadas de Centro América dirigiéndose a EEUU, como esta de ahora que desafía las amenazas de Trump Aunque el mundo es cambiante y cambia incesantemente, uno halla siempre, en tiempo y espacio, analogías. Como dato curioso, diré que la mayoría de quienes así hablaban, eran hijos de la gente que gobernaba o a ella estaba ligada de alguna manera. Tan extraño era todo, que los gobernantes mismos para justificar enviar sus hijos afuera, decían que "este es un pobre país".

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¡Quién no es balsero no está en nada!

Barcelona, 06-09-94

- "¡Esta situación se alarga demasiado!"

Habló uno de mediana edad, haciendo un alto en su empeñoso estudiar "La Gaceta Hípica".

-"¡En verdad, esto es demasiado!"

Intervino otro del grupo que habitualmente se reunía en aquella esquina a apostar a los caballos.

El más joven de todos, alzando su voz por encima del grupo, expresó su opinión de manera casi dramática.

-"¡Yo no me voy a seguir calando ésta y a finales de año agarro mi "cachachá" y me voy para Miami!"

Y agregó en tono de desafío:

-"¡Yo no entiendo como ustedes siguen aquí esperando un milagro!"

Antonio, el último en hablar, tiene tres años con un título universitario y cinco intentando levantar una micro empresa, poniendo en ello toda su tenacidad y talento. La peladera colectiva, los vaivenes de la economía y el temor que hacia el exterior irradia Venezuela, le han hecho estrellarse en cada arremetida. Su angustia está justificada y frustrada su condición de venezolano creativo y trabajador.

- "¡Antonio, tu estas equivocado en tu apreciación!"

Habló otro del grupo. Pensó un rato, sabía que iba a decir algo trascendente y continuó:

- "Nuestro relativo bienestar del pasado, una suerte de espejismo, que incitaba a emprender algo, hizo del venezolano el menos inclinado a salir al exterior a buscar la vida."

Hizo una pausa, miro a su alrededor de manera indefinida, como buscando las palabras y las ideas, se pasó con lentitud la mano derecha por la frente y continúo, como asentándose los cabellos hasta llegar al cogote, de manera muy pausada, como para que sus palabras taladrasen el entendimiento de sus compañeros:

-"Al contrario, a nuestro territorio arribaron y aún siguen llegando, oleadas de balseros. ¿Acaso no han sido balseros los miles y miles de colombianos, ecuatorianos, peruanos, etc., etc., que " navegaron" por los caminos verdes y remontaron sierras y atravesaron montañas como si fuesen olas inmensas, para llegar a esta tierra de esperanzas que, por obra y gracia de la banca nacional e internacional, de los malos políticos y gerentes corruptos, es hoy un amontonamiento de balseros que esperan alguna ráfaga afortunada y un tiempo claro para continuar viajando o emprender por vez primera la aventura?

- ¡"Aquí casi todo el mundo es potencialmente balsero!" "Somos como almas en el camino, en el andén de un tren, una brizna de paja que espera por el viento".

Quien de esta manera habló, gesticulando con firmeza, afirmó que no eran balseros potenciales solamente los viejos que ya acomodaron su vida a la pereza, cansancio o mediocridad y los poetas que sueñan la felicidad escondida para todos en un inusitado rincón.

Calló un instante, quizás daba tiempo a sus amigos que acomodaran las ideas y siguió hablando:

-"Pero los demás somos balseros; incluso quienes por una razón u otra, llegaron entre los primeros a participar del festín y hoy están inconformes porque ha disminuido el volumen de beneficios. También porque han llegado a tener tanto, que sienten un miedo incomprensible por los que nada tienen. Un temor injustificado y egoísta a perderlo todo"

Otro del grupo, que se había manifestado callado, intervino e hizo el siguiente comentario:

-"¡Aquí, Antonio, quien no es balsero no está en nada!"

Habló de nuevo el de la "Gaceta Hípica" y remató diciendo, y "para que lo sepas, esta jugadera de caballos, animalitos y el KINO, no es otra cosa que las esperanzas infundadas de un balserío gigantesco".

-"En efecto, si siguen soplando estos vientos, nosotros todos abordaremos una balsa y nos iremos pa....San Mateo."



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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