Esferas vacías de espiritualidad

Siempre se ha de tener y se tendrá el respeto de no confundir la ética ejemplar, una fuerza de conciencia, con su tentativa desesperada, con sus crisis ideológicas, con angustia por trastocar la economía política; siempre hemos de distinguir los impulsos grandiosamente morales que nacieron de la vida heroica.

No creamos que la continencia "decide una vida"; no creamos que tengamos que hacer una sangría en nuestras venas para sacar de ellas todas nuestras pasiones y que nos tengamos que cargar solamente de deberes; desconfiamos que no sea más que un "empobrecedor" de nuestros sentidos y de algo más y más santo todavía: del Socialismo. Nosotros no queremos entregar nada de nuestras conquistas o técnicas. Si hemos ganado algo en profundidad de sensibilidad, si sentimos más decisión en reconocer los problemas del pueblo, si sentimos más trágicamente, más severamente, más implacablemente su presencia ante nosotros, a su inquietud fecunda en busca de una nueva verdad. El pensamiento es fermentación del espíritu, fuerza expansiva, explosiva más bien; pero nunca es claridad de espíritu como son Spinoza, Montaigne; es utilísimo para la expansión espiritual.

El pueblo, burlándose con el mismo ardor fanático de lo que está predicando sus adversarios, místicamente, anárquico, como la oposición es místicamente servil, tildando al Comandante de asesino y al Estado de ladrones, maldiciendo al socialismo, pero sosteniendo en sus manos el Evangelio, y teniendo el nombre de Dios en los labios; ambos, pero, igualmente empujando el país hacia atrás, la sumisión, hacia el embotamiento por terror a su propia alma sacudida por el socialismo. Debe haber habido en ellos un soplo profético que les hace revelar al pueblo, a voz en grito, su angustia apocalíptica; un pensamiento que les hace presentir el fin del mundo y el Juicio Final, una revelación instintiva de que el país está preñada de un monstruoso sacudimiento. Si no fuera eso, ¿qué es lo que podría dar lugar a esa misión que siente en sí la oposición y que le hace presentir el fuego que se aproxima y el trueno que amenaza en el firmamento? ¿Qué es lo que le hace, si no, crisparse y atormentarse en los dolores de un renacer? Llamando a la penitencia, como profetas coléricos y frenéticos de amor, aparecen trágicamente iluminados en el umbral de un país que se va a hundir, tratando de impedir eso tan monstruoso que ventean ya en el aire; ambos destacándose como del antiguo testamento, las más grandes que ha conocido este siglo XXI.

Pero sí a ambos les es dado presentir lo que viene, a ninguno de ellos les es permitido cambiar el curso del destino. Pero, eso sólo lo pueden decir las clases pudientes y bien saciadas. El pueblo, desde la niñez y durante toda su vida, pasan hambre y languidecen bajo el yugo del capitalismo. El pueblo luchará y se esforzarán para libertarse.

MUD su cristianismo se presenta con fanfarria, su humildad se pavonean y quien tenga los oídos finos percibe, en lo exagerado de su humillación, algo de aquel orgullo del antiguo puntofijismo que ahora se ha convertido en orgullo de su humildad. ¿No demuestran, precisamente eso la carencia de una humildad justa, y no hay en ello una vanidad de lo contrario? ¿No será ese nuevo el mismo de antes, pero a la inversa: que aspira como el mayor bien "a la gloria ante el pueblo"?

—"Piensan", "creen" sus figuras, sus obras, perduran en el país, pero sus doctrinas se deshacen al primer soplo del viento.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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