Bloqueo económico y guerra cifrada del comercio informal

El mundo político globalizado se ha equivocado con el presidente bolivariano, Nicolás Maduro Moros, quién viene participando de las lides dirigenciales desde muy pequeño o joven, en aquella Liga Socialista del sarampión. La incógnita, no sería él, sino, el propio Hugo Chávez Frías. Mi pregunta, porque los viejos generales de nuestras FANB, en la época del Pacto de Punto Fijo, lo dejaron recrearse entre la vieja izquierda y su carrera militar. De eso, no se ha hablado, hasta hoy.

La empresa privada, se ha empecinado ha derrotar a Nicolás, a pesar de todos los dólares dados para la económica interna y producir alimentos, pero, allí están las estadísticas y los informes internos e internacionales. Aquí, la Guerra Económica se encuentra cifrada en bloqueos y ataques financieros de los sistemas integrados de una banca internacional. La creación de empresas es trascendental para lograr prioridades del Gobierno de Nicolás Maduro Moro, que es la lucha contra el paro de transporte, agrícola, bursátil, puesto que el empleo se crea fundamentalmente desde allí, por el sector privado -empresas, emprendedores y autónomos- y no por el sector público, como pretenden equivocadamente los partidos de izquierda. Que se conformaron en clubes junto al militarismo que desea más poder en el control del Estado Civil.

Hay que crear grupos de inversión. Me explico en pequeñas cuantías y olvidarnos de los Consejos Comunales. Hay que asociarse y evolucionar para superar los niveles de nuestra pequeña economía, porque, todo, es a base de importación.

Venezuela, se ha venido abajo en la creación de empresas y muchas han cerrado sus puertas y las panaderías comunales-un ejemplo- vende el mendrugo de pan a un precio superior a lo establecido, a pesar del precio-costo que le es entregado por el gobierno, ni hablar de las privadas, ejemplo, La Magallanes, ubicada en el Centro Comercial La Isabelica ,cuyos precios son ostentosos, aparte que a la entrada permanecen un grupo de menores de edad, entre tres a doce años pidiendo comestibles y pan, la institución que los controla queda a tres cuadras del lugar mencionado. Me refiero al Instituto del menor o LOPNA.

Las cifras están encima de la mesa y demuestran que el dinamismo de nuestras empresas y las políticas económicas del Partido Psuv en Caracas son diferenciales con el resto de Latinoamérica y contribuyen a la plena consolidación de la recuperación económica de nuestro país y a una mayor creación de empleo. Pero, el gran problema es el buhonerismo, bachaquero y especulación abierta. No se fiscaliza, ni hay personal adecuado para ello.

El éxito de las ferias en Venezuela, es un buen indicador de la situación económica en general y del atractivo que tiene Caracas, como comunidad propicia para acoger personas, negocios e inversiones. Además, pone de manifiesto la buena gestión que se desarrolla en esas instituciones feriales, que tiene más mérito si se tiene presente que no recibe subvenciones de las instituciones públicas y que no ha acudido al endeudamiento para financiar su actividad.

Los buenos datos sobre creación de sociedades mercantiles, los resultados feriales de productos y todos los demás que vamos conociendo en el país me preocupa como venezolano, por un motivo: son demasiados buenos los precios ofertados, pero, las mafias económicas internas ya capsulan el mercado y lo regatean al consumidor. Un tercer ejemplo, el gobierno le coloca a los mercados un aceite de comer a un precio de doce (12) bolívares fuertes para venderlo a dieciocho, (18), pero, el mercado informal lo vende a ciento ochenta, (180), bolívares fuertes.

La izquierda, en el mundo se ha equivocado en algunos lineamientos y, se viene uniendo, lamentablemente, al sector militar, quien al final lo ingluye y, los reprueba cuando se acercan al mercado financiero, agrícola o inmobilario .No se dan cuenta que hay un doble proyecto, el militar y el de izquierda,

En Europa, Los partidos conservadores y liberales dominan el mapa político europeo frente a una socialdemocracia en crisis por el auge de los populismos tanto de derechas (Alternativa para Alemania, Frente Nacional, UKIP) como de izquierdas (Syriza o Podemos).

El viaje al centro emprendido desde los años noventa por el SPD alemán, el PD italiano o los laboristas británicos no ha sido entendido por una parte considerable de sus bases y electores, que han terminado dándoles la espalda al percibir que aplican en el poder la misma política que la derecha. Como resultado, los partidos se ven inmersos en batallas fratricidas entre corrientes izquierdistas y reformistas.

Como consecuencia, en apenas veinte años, se puede apreciar un giro de 180 grados. En 1998, entre los quince países que integraban entonces la Unión Europea, sólo España e Irlanda contaban con primeros ministros de centro derecha frente a un continente dominado por los socialdemócratas Gerhard Schröder, Tony Blair, Lionel Jospin o Massimo D’Alema. Dos décadas después, en cambio, sólo siete de los veintiocho jefes de Gobierno de la UE proceden de la izquierda (Portugal, Italia, Suecia, Rumanía, Eslovaquia, Malta y Chipre).

Francia protagonizó el pasado año un auténtico terremoto político que trastocó el tradicional bipartidismo de la V República. La irrupción de Emmanuel Macron, un joven ex banquero de inversiones y ex ministro de Economía del socialista François Hollande, se erigió como el candidato providencial para batir a la ultraderechista Marine Le Pen en las presidenciales. Con su equidistancia de la izquierda y la derecha y su programa reformista ha atraído a una parte considerable de los dirigentes y el electorado de Los Republicanos y el Partido Socialista. Si bien el más perjudicado ha sido el PS que por primera vez desde 1974 no contó con un candidato en la segunda vuelta de las presidenciales tras cosechar apenas un 6% de votos en la primera. A consecuencia de su posterior debacle en las legislativas, cuando apenas sumó 40 diputados, el partido fundado por François Mitterrand en 1972 se ha visto obligado a poner incluso en venta su sede en la calle Solferino de París.

El Partido Socialdemócrata alemán (SPD) afronta sus momentos más amargos de su centenaria historia tras cosechar en las elecciones del pasado 24 de septiembre su peor resultado desde la II Guerra Mundial. En apenas veinte años, ha pasado del 40% al 20,5% de votos y las recientes encuestas le sitúan incluso en el 16.5%, a escasa distancia de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). A punto de iniciar una tercera Gran Coalición con Merkel (si no lo frustran sus militantes en la consulta interna), el SPD apenas es capaz de mostrar un discurso propio en un panorama político donde la mayoría de formaciones han virado al centro. De ahí que muchas de sus bases, sobre todos las Juventudes Socialistas (JUSOS) aboguen por pasar a la oposición para renovar el partido y emprender un giro a la izquierda.

Tras una legislatura en el poder en la que se han sucedido tres primeros ministros que no han pasado por las urnas (Enrico Letta, Matteo Renzi y Paolo Gentiloni), la izquierda italiana corre el peligro de pasar a la oposición ante las divisiones y escisiones interminables que sufre el Partido Democrático (PD). La batalla entre los reformistas encabezados por Renzi y los viejos líderes del partido ha cansado a un electorado que, según las encuestas, parece más inclinado a dar la enésima oportunidad al ex primer ministro Silvio Berlusconi y sus aliados. El PD, que llegó a tocar el cielo en las europeas de 2014 con un 40% de votos, apenas alcanzaría el 26%, por detrás de la coalición de centro derecha y del populista Movimiento 5 Estrellas (M5E). Lejos del 34% con el que se presentó por primera vez a las urnas en 2008 en un intento de de unir a la siempre fragmentada izquierda italiana.

Probablemente es el único de los grandes países europeos donde la izquierda cuenta con posibilidades de regresar al poder. Tras abandonar el viaje al centro emprendido por Tony Blair en los años noventa, el Partido Laborista ha virado a la izquierda de la mano de Jeremy Corbyn, un viejo dirigente del que abjuraban gran parte de sus compañeros por sus ideas radicales y su escasa entusiasmo por Europa. Sin embargo, el desgaste de los "tories" por su incapacidad para manejar la salida de Reino Unido de la UE ha dado bríos nuevos a los laboristas que, según las últimas encuestas, están empatados con los conservadores con el 40% de votos. Ya las elecciones anticipadas de junio colocaron al izquierdista Corbynk a apenas dos puntos de la debilitada "premier" Theresa May.

La izquierda holandesa fue la gran derrotada de las elecciones de hace un año. El Partido Socialdemócrata (PvdA) pagó cara su participación en la coalición con los liberales de Mark Rutte y bajó de 38 a 9 escaños. El partido pasó de segunda a séptima fuerza en el Parlamento de La Haya. El peor resultado electoral desde el nacimiento del partido en 1946. Según Ipsos, diez de esos escaños fueron a parar a Los Verdes (GroenLinks) y al antieuropeo Partido Socialista (SP). El resto fue absorbido por la heterogénea oferta política holandesa. En términos absolutos, el electorado giró a la derecha de forma evidente. Los socialdemócratas en solitario contaban con 38 de los 150 escaños de la Cámara Baja en 2012. En cambio, hoy el PvdA, GroenLinks y SP sólo suman 37. El votante tradicional socialdemócrata se ha visto decepcionado por una gestión de Gobierno que traicionó sus promesas electorales de 2012. Entonces, el PvdA hizo campaña por el crecimiento, mientras que en la última legislatura ha adoptado una política de austeridad que ha perjudicado a las rentas más bajas.

La crisis de la socialdemocracia europea también se ha hecho sentir en sus tradicionales feudos del norte de Europa, cuna del Estado del Bienestar. La irrupción de nuevos partidos a su izquierda y el crecimiento de la derecha populista han acabado con su hegemonía. Entre los cinco países nórdicos, la izquierda sólo gobierna en Suecia y con una débil coalición rojiverde en minoría. Si bien permanece como principal partido, el 27% que le otorgan los sondeos de cara a las elecciones de septiembre queda muy lejos del 45,6% obtenido por el mítico Olof Palme en 1982. En Noruega, la socialdemocracia logró en las legislativas del 11 de septiembre su peor resultado desde los años treinta, mientras que en Islandia o Finlandia ha caído por debajo del 20%. Sólo en Dinamarca cuenta con opciones de volver al poder, aunque para ello dependa de otros pequeños partidos de centro izquierda.

La deriva autoritaria que se observa en algunos de los nuevos socios de la UE es resultado de la puesta en solfa del sistema democrático. El enfrentamiento izquierda-derecha se ha transformado en otro más peligroso entre la derecha ultranacionlista y euroescéptica contra la extrema derecha en la Hungría de Viktor Orban. En Polonia, en cambio, la derecha democrática de Plataforma Cívica, el partido de Donald Tusk, se ve incapaz de hacer frente al Gobierno derechista pilotado desde la sombra por Lech Kaczynski. En ambos países y en República Checa, donde las recientes elecciones dieron la victoria a un empresario y a los euroescépticos, los socialdemócratas se han convertido en una fuerza marginal en el Parlamento. Sólo el eslovaco Robert Fico permanece como primer ministro de un Gobierno que, como sus vecinos, recela de la llegada de refugiados.

Españolito que vienes / al mundo te guarde Dios / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón". Los versos de Machado retumban siempre con la música de Serrat que, hacia 1968, no pudo ir a Eurovisión porque se empeñaba en cantar en catalán el La La La del Dúo Dinámico, el que finalmente interpretó Massiel en Londres para ganar.

Veinte años después de aquello, la democracia se instauró en España cuando nos preguntaron, con una pistola en la sien, si preferíamos más caudillos o una monarquía constitucional. Contestamos que mejor libertad con rey que dictadura con palos, y acertamos: medio siglo después, aquel mismo Serrat recuerda que en España podemos cantar hasta en ruso si se nos antoja y que excluir lo español es tan repugnante como prohibir el catalán, aquello que en el 68 hacían los fascistas por la fuerza y ahora pretende el secesionismo irracional.

Pero Serrat nos une porque es un amante de la libertad más que un patriota. Marta Sánchez vuelve a ser patriota 28 años después de aquella Nochebuena de 1990 en Abu Dabi, cuando con su body negro cantó a Narcís Serra y a los soldados del amor. Este fin de semana Marta ha cambiado la cubierta de la fragata Numancia por el teatro de la Zarzuela, donde abrazó el himno nacional y le puso letra.

En su Twitter, Albert Rivera y Mariano Rajoy hacen suyo con gran regocijo un gesto tan propagandístico como legítimo. Tanto, como mi libertad de recordar aquí, no la frase de Kirk Douglas en 'Senderos de gloria', pero sí la de Gila: "El patriotismo es un invento de las clases poderosas para que las clases inferiores defiendan los intereses de los poderosos". Patriotismo puede ser también marketing para vender discos o votos. Puesto a comprar himnos y letras, me quedo con Serrat, Machado o Miguel Hernández. Para la libertad.



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Emiro Vera Suárez


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