Un diálogo público y televisado y un acuerdo que incluya al resto de la sociedad y no solo a los lagartos

Lo cierto es que el diálogo, "la mesa de diálogo", "la diplomacia de paz" o el "pacto de convivencia", como le gusta decir al gobierno, es decir el "acuerdo secreto" al cual desean llegar el gobierno y la "oposición" no incluye al resto del país. La mayoría del país solo sirve de "base" social para sus apuestas, para poder "entrar en el juego", el chantaje, el "poder de fuego", una de las armas con las cuales cuenta cada parte para "negociar".

Además de gobierno, empresarios y políticos oportunistas (incluidos los ex presidentes), en esos acuerdos no participa más nadie, ni se discuten los intereses colectivos, nacionales o de toda la sociedad; se negocia el país con el mismo país, se reparten el control del país y el poder "en paz", es decir, sin tener que usar sus "armas", o sea sin "poner en juego" la vida, el descontento, el odio y las frustraciones de los pendejos que formamos esta "sociedad rota", para ponernos a luchar unos contra otros a favor de sus propios intereses (los pobres y los que sueñan en ser ricos, peleando como falsos enemigos)

Somos una sociedad, en principio, rota y enajenada, por las dos derechas en pugnas. Y digo las dos derechas, porque en socialismo todo este "diálogo", estas "ofertas", este juego de negociaciones se haría público, como un debate público y nacional, sin secretos; además las decisiones que de él "reboten" serían ley.

No me canso de recodarles a los soberbios "inéditos" de la política (Maduro, Jaua, Adán y los demás), que lo primero que hizo la revolución soviética al tomar el poder político fue hacer público los acuerdos y negociaciones diplomáticas sostenidos con el enemigo, los imperios capitalistas ingleses, franceses y alemanes. El debate público es la base del socialismo, las asambleas públicas, que son el equivalente a los soviets. Esa la base de la democracia socialista. La otra democracia, por la que todos los "lagartos" se abren el pecho con un pico de botella, es una pantomima que esconde toda clase de negocios oscuros y secretos, donde yacen las claves de prestidigitador que ilusiona al pueblo incauto.

La primera es la revolución viva, "haciéndose", el entusiasmo colectivo por cambiar la sociedad de los borregos por la sociedad de los héroes protagonistas de su destino. La segunda su verdugo; cuando las elecciones burguesas cogen aliento es porque la revolución ha muerto (o está invernando, porque ella nunca muere), es la antesala al despotismo y el fascismo.

En la calle los venezolanos, colombianos, españoles, y todos los otros, que no se han ido y que no se van a ir del país, quisieran participar en un debate público para decirles a estos "lagartos" que coloquen en sus temas lo que no es nada secreto, lo que es francamente público, el hambre, la mengua de la salud y las enfermedades, que discutan qué va a pasar con la educación de nuestros hijos, con el valor de nuestros trabajos; qué va a pasar con la calidad moral de la sociedad, que todos hemos devenidos en mendigos; por qué se habla sin pudor de "secretos", que nos respondan por qué las mentiras ahora son el pan de cada día de todos y el modelo moral de estos "lagartos" del mismo caño… ¡qué hay de nuestra dignidad! ¡Queremos participar de sus acuerdos! Porque lo más importante en cualquier pacto que se haga en este país es el bienestar material y espiritual de nuestra sociedad, no la reputación oprobiosa de las dos derechas y su TONTA Y MANIPULADA PAZ. Si ustedes viven en el oprobio, la sociedad no tiene por qué.

¡No queremos diálogo entre mafiosos ni elecciones entre iguales!



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Marcos Luna


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