La hora de las remesas colombianas

Con toda la sangre que ha corrido en Colombia desde el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, ese espacio geográfico hubiera podido disponer el equivalente a otro caudaloso (pero terrorífico) Rio Magdalena. Desde ese 9 de Abril de 1948, la población colombiana temerosa, asediada por la oligarquía que disponía de las armas de la República y unos cuantos matones, se acercó en masa a la frontera venezolana, pasó la línea en cantidades muy importantes para la época y poco a poco, en un éxodo que se prolongó por más de sesenta años, se asentó a convivir con nosotros en un proyecto de largo plazo; porque esa violencia que la hermana República de Colombia ha vivido fue vaticinada por Gaitán. Venezuela aceptó la migración desde ese crimen hasta la presente, con las puertas abiertas, salvo algunas escaramuzas, más bien nacidas después de la aparición de las Autodefensas Uribistas. Hoy día, se estima que cerca de 5 millones de colombianos están asentados en nuestra Patria; pero al inicio del proyecto revolucionario socialista no se disponía de datos confiables. Fue Chávez quien ordenó regularizar permanencia de nuestros hermanos colombianos en el país. Muchos optaron por nacionalizarse venezolanos. No obstante el propósito regularizador de Chávez, fue atacado por de algunos enemigos de la presencia colombiana, pocos pero con poder mediático y financiero; criticaron la colombianización de nuestro país, atribuyendo la violencia nacional a la importación de métodos crueles aplicados allá por los militares, las fuerzas contratadas para la limpieza política, los movimientos guerrilleros y las autodefensas.

Aún en ese ambiente colombiano de guerra no declarada primero y aceptada después, durante este proceso revolucionario se dieron las garantías para que la vida de nuestros hermanos colombianos en este suelo venezolano fuese sin ninguna restricción. Los niños recibieron educación, los adultos tuvieron trabajos dignos y todos utilizaron los servicios públicos de salud. La capacidad de emprendimiento de los colombianos ayudó al país a establecer un conjunto de pequeñas unidades de producción de diverso tipo. Disfrutaron el envío de remesas en dólares, sin controles mayores y en algunos casos, para sufragar estudios de hijos en ciudades colombianas. Creo que la regularización vista por Chávez se convirtió a posteriori en un relajo. Los grupos del otro lado de la frontera, con poder económico y político organizaron el saqueo de nuestra Venezuela, motivando la extracción de bienes de primera necesidad. Se llegó a estimar que cerca del 30 % de los bienes de alta prioridad para la canasta básica fueron movilizados. Y en este movimiento, se incluye luego la moneda nacional. Incautos o con premeditación muchos colombianos asentados en el país actuaron contra la tierra que los acogió; sin embargo, los discursos de Chávez siempre clamaron por la comprensión y el amor al Pueblo colombiano, no a su gobierno.

Esto lo cuento, porque en esta crisis económica inducida, cerca de diez (10) mil venezolanos han cruzado la frontera en sentido contrario, ahora hacia Colombia, con intereses de trabajar. Allí migran también hijos de colombianos, y algunos colombianos que quieren probar suerte en su patria de origen. Eso ha sido suficiente para que el gobierno de Colombia genere alertas mundiales, de algo que es irrisorio frente a la cantidad de colombianos que hemos recibido en el país. Es menos del 0.2 % de los colombianos asentados en Venezuela. Santos, en vez de denunciar esta migración, debiera alojarlos en hoteles de lujo y aún así todavía tendría que reconocer una gran deuda con nuestro país. Incluso puede alimentarlos con los inventarios en anaqueles de productos venezolanos. Si ese éxodo fuese concentrado y total, se formaría una cola de personas que tendría una longitud mínima de 5000 Km, es decir casi el doble de la línea limítrofe entre ambos países. Eso no está pasando, es un movimiento de personas ajustado a las realidades de frontera, con sentido de retribución, es recomendable que el Pueblo colombiano entienda que le venefobia de los Uribe y Santos no tiene sentido histórico de reciprocidad.

Me han contado historias de venezolanos en Colombia, han trabajado duro y compran allá nuestros productos y sus análogos. Viven estrechos, con un ligero excedente que tratan de ahorrar para cubrir asuntos que en Venezuela lo hacen con las políticas oficiales. Los servicios son muy costosos, los alquileres también. La solidaridad con los inmigrantes dura pocos días, trabajas duro o entras en hambre inmediata. Es el mismo riesgo que para otros países y de todos los migrantes del mundo. La migración venezolana hay que verla también en positivo. Es una escuela para aprender que la vida exige mayores esfuerzos; y que aquí en la cuna del Libertador hay un proyecto para la vida digna que será muy útil cuando se logre controlar todo lo que ha afectado nuestro desempeño económico como país. Entre tanto, los migrantes venezolanos en el mundo pueden aportar al país unos 1000 millones de dólares por año, cifra que equivale a las compas totales de trigo importado.

Hemos errado en esa política de asentamiento de extranjeros en nuestro suelo. No hemos trabajado los valores de la venezolanidad y de alguna manera, se han formado conglomerados cerrados que no dejan permear nuestra identidad. Esto es igual para chinos, árabes, españoles, portugueses y pare de contar. En la frontera con Colombia hemos olvidado el tema de la identidad local, regional y nacional. Los programas de estudio para las fronteras son iguales a aquellos que se dictan en el centro de Caracas. Es posible que ningún niño colombiano en el Táchira sepa el denodado esfuerzo que hizo la Patria de Bolívar para lograr los avances que hoy se tienen con relación a los procesos de paz en Colombia. Venezuela ayudó a sembrar la paz en Colombia, esa es la realidad. Entre tanto, el bombardeo verbal desde el otro lado de la frontera se cuela en la mente de nuestros hermanos colombianos, y hoy, una gran parte es adversario a la revolución bolivariana y socialista.

En lo económico, es la hora de las remesas de retorno de nuestros connacionales llegados a Colombia. Pero antes, nuestro gobierno debe preparase para un ataque desde Colombia a lo que sería la nueva moneda virtual, el Petro-Bolívar.



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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