El debate desde las ideas

“Infantilismo de la izquierda” es confundir la democracia burguesa con socialismo

Las elecciones a alcaldes no nos interesa para nada. El tema de los principios sigue estando al fondo de la crítica política. Hay algunos conceptos marxistas que se expresan fundamentalmente desde los principios que mueven la revolución socialista. Por ejemplo: clase obrera, la clase obrera como clase revolucionaria debe ser consciente de su papel histórico como clase social antagónica. La conciencia en este caso define el concepto y lo vincula a los actores, a la gente concreta, a los principios. La práctica política y de vida de este sujeto está condicionada por sus principios, con ellos lucha a lo interno en contra de todo lo que entiende debe ser cambiado, y con ellos lucha en la calle.

La claridad de estas herramientas conceptuales es útil en la acción revolucionaria, para avanzar siempre; tener convicciones morales y los principios éticos que las fijan es lo que nos hace avanzar hacia el socialismo, una idea de justicia social suprema que se da fundamentalmente en el espíritu. El socialismo es la conquista del poder pero en el hombre nuevo que vence al viejo.

La palabra revolución no solo denota, en este caso, ruptura violenta, también cambio. Una revolución socialista es una revolución que amerita un cambio constante. Es de lo que hablaba en cierto modo Trotsky con su concepto de revolución permanente. El "etapismo", eso quemar etapas, desarrollar las fuerzas productivas para facilitar la organización del trabajo social y los cambios revolucionarios, es un pensamiento no nada más dogmático sino que también está fuera del hecho histórico visto desde el punto de vista marxista dialéctico. Los pueblo están sometidos a constantes cambios y crisis, los marxistas, los comunistas les toca ver en ellos la oportunidad de conquistar el poder desde sus principios y sostenerlo en el tiempo.

Plantearse la revolución socialista como "etapas de transición", estratégicas intermedias pero desvinculadas del objetivo final, es decir, sin que hierva el cambio y lo nuevo dentro; que hay que ir cumpliendo sin una acción revolucionaria constante y consciente, un impulso sostenido hacia el objetivo final, la toma del poder por la clase de los desposeídos consciente, revolucionaria y socialista, siempre lista y dispuesta a demoler en cualquier terreno a la sociedad burguesa y sus valores. Esa interpretación marxista de las etapas de transición (la transición que no trasciende) se parece mucho al mundo "parmediano" (de Parménides, el filósofo pre socrático) donde no existe el movimiento. Demostraba Zenón de Elea con un ejemplo ingenioso, uno de sus discípulos, que si se lanza una flecha y mides su trayectoria, y luego la mitad de su trayectoria y despues la mitad de la mitad y la mitad de esa mitad, y así sucesivamente podemos deducir entonces que la flecha nunca salió del arco, mostrando que el movimiento es solo una ilusión.

Es una metáfora traída de los pelos, quizás, pero para mí muy ilustrativa de lo que es drama moderno de los conceptos, tomados como verdades absolutas, tan amenazantes como una casa flotando en el aire a punto de caernos sobre la cabeza. Pero también una aplicación práctica del pensamiento parmediano a la realidad que yace fija en nuestras mentes, entendida por estos marxistas anti marxistas, una realidad detenida en la facultad de percibir y en la misma "vida", por "conceptos esclavos" y "vidas esclavas" impuestos por los señores burgueses a fuerza de ablandar la carne, que es débil… Percepciones sometidas a la voluntad del mismo poder que mantiene a muchos "líderes" dormidos y los hace caminar agachados.

¡Parménides, aplicado a la mente de estos verdaderos "izquierdistas infantiles"!, que creen y justifican la democracia burguesa, porque es una "etapa" que hay que "quemar". Entonces, quemando ésta, habrá una anterior a ella, que también hay que consumar, pero primero está otra que habría que cumplir, hasta que, sin darnos cuenta, la revolución que teníamos pensada con urgencia, como una necesidad vital, se quedó en el "aparato", coagulada en al discurso, en el calificativo del partido, y lo que es peor, en la comodidad y la rutina mecánica de sus "líderes", pendeja (…"¡Aquí, quemando la etapa de transición! ¿Y tú?" ¿Qué estás haciendo?... –"Estoy comprando una casa en España, antes que se forme el gran peo"), y en el mal hábito de la glosomanía, eso de hacer discursos hueros, repetir como loros brutos, frasecitas gastadas, impensadas, estúpidas y estupidizantes, como eso de decir ¡Chávez Vive! Y que el otro conteste mecánicamente ¡La lucha Sigue! …Pero mataron su espíritu, y hace rato que dejaron de luchar en la dirección correcta, ¡convenida!

Con Chávez murieron las consignas y su sentido revolucionario (Allá lejos quedó el Plan de la Patria). Las consignas resumen la oportunidad revolucionaria, la acción política justa, para poder avanzar de forma sostenida hacia nuestra meta final: la conquista del poder socialista y destruir la vieja sociedad, fundamentalmente en el espíritu. Se cambia la economía, se cambian las instituciones, se reordena la sociedad, ¡solamente para que el hombre cambie!, para que el espíritu de la humanidad sea verdaderamente humano y humanista. Esto es doctrina ante una sociedad que nos lleva al abismo, al fin de la humanidad y parte de la vida que la fundamenta en el planeta.

Por más que se trabaje, yendo en la dirección equivocada, todo será tiempo (vidas, recursos, saliva…) perdido ¡Inútil? Hay que saber hacia dónde dirigimos nuestros esfuerzos y con qué fin usamos los recursos; por encima de todas las tácticas, talleres, reuniones, marchas, asambleas, "cadenas" de tv del mundo. De resto todo es girar sobre una noria, con la mecánica de un perro que quiere morderse la cola.

De nada sirve la teoría revolucionaria si no comprobamos su validez ¡nosotros mismo! desde la experiencia, desde la práctica revolucionaria. Teoría y práctica revolucionaria van de la mano, la teoría es una herramienta personal, un producto personal, para nuestra acción revolucionaria socialista, no un insumo para la habladera de pendejadas, para la pedantería de borrachos, "teóricos de cafetín" que llamaban antes, y que ahora hay como arroz, ¡para tirar pal techo!, en los municipios socialistas bolivarianos y sus conexas "esquinas calientes".

 17/11/2017

 

 



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Marcos Luna


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