Tribus, fracciones y tendencias en el chavismo

Es inevitable que un movimiento político o ideológico contenga en su seno, concepciones, opiniones, agrupamientos diferentes, incluso opuestas, y hasta antagónicas. Eso es señal de que se mantiene con vida, que refleja parte de la complejidad de la sociedad donde vive. Por el contrario, la afirmación ritual de una supuesta "unidad monolítica", es manifestación de las peores cosas: desconexión con la realidad, esterilidad de pensamiento, muerte política causada por un criminal despotismo que elimina sistemáticamente las diferencias, afirmación de una "unidad" artificial más propia de la complicidad de delincuentes que de auténtico compañerismo. Ya ese monolitismo, señal de muerte, lo ha mostrado la izquierda mundial en repetidas ocasiones, siempre evidenciando un terrible estancamiento, que muchas veces ha ocasionado derrotas significativas. Por otra parte, los períodos de división y fragmentación, también los ha vivido la izquierda como causa de derrota o consecuencia de fracaso. Por eso se cree, en un gesto de simple defensa, que hay que afirmar la unidad a cualquier costo, sobre todo frente al "enemigo principal". En todo caso, habría que contextualizar las diferencias y los enfrentamientos internos para poder interpretar apropiadamente su significancia.

Por ejemplo, el marxismo como tradición de pensamiento y corriente política mundial, siempre se ha caracterizado por su pluralidad y sus activas discusiones internas. Y éstas no son inútiles o perjudiciales. Al contrario. Dado que estamos en los días del centenario de la Revolución bolchevique, no nos remontamos al debate entre el anarquismo y el marxismo en la Primera Internacional; sino que debiéramos arrancar por mencionar las diferencias que arrancan, en el seno de la Internacional, a partir del inicio de la Primer Guerra Mundial, cuando se deslindan claramente dos o tres tendencias: una, que es consecuente con las resoluciones de la Internacional de dos años antes de la guerra (1912) en el sentido de rechazar la guerra como confrontación entre las burguesías imperialistas europeas y llamar entonces a la revolución mundial; la otra tendencia, se plegó al nacionalismo espontáneo de las propias masas populares (y proletarias en particular) de cada país, para justificar el apoyo de cada burguesía en la preparación y participación en la sangrienta guerra interimperialista.

Posteriormente, en abril de 1917, Lenin va contra el resto de la dirección del propio Partido Bolchevique, rompiendo incluso con sus propias concepciones anteriores, para proponer que se asuma la línea insurreccional y de toma inmediata del poder, incluso contra las tendencias de izquierda que contribuyeron a derrocar el zarismo ese mismo año. Fue la coincidencia entre Lenin y Trotsky, que hasta entonces militaban en organizaciones distintas, pero que, en aquel momento, se integran en la dirección del proceso, uno de los hechos decisivos para la toma del poder por el bolchevismo, tras la recordada consigna de "Todo el Poder para los Soviets".

Pero las divergencias no cesaron allí. Siempre hubo fogosas discusiones entre los dirigentes bolcheviques. Los deslindes continuaron a propósito de varios problemas que se presentaban en el proceso inédito y extremadamente difícil de la primera revolución socialista en el mundo (después de la derrotada "Comuna de París"): acerca del papel de los sindicatos, sobre el ritmo de la construcción del socialismo una vez superado el "comunismo de guerra" de la Guerra Civil (Bujarin y Stalin, contra Trotsky), sobre la necesidad de la colectivización e industrialización forzada (Stalin contra Bujarin), y así sucesivamente. Pero la muerte de Lenin marcó también una degeneración de la discusión. Durante la vida del gran líder revolucionario, las discusiones se hacían en las publicaciones del Partido. Eran debates fuertes, nada complacientes, llenos de irreverencias e ironías inclusive; muy ricos en referencias teóricas, de mucha profundidad, eso sí. Pero, al mismo tiempo que Stalin concentraba el poder, eliminando las sucesivas oposiciones (no sin apropiarse paradójicamente de sus tesis y opiniones sobre la controversia del momento), se fue imponiendo el estilo burocrático-administrativo de resolver los debates, hasta convertirse en problemas policiales y represivos. No se resolvían discusiones, sino que se perseguía al contrario, hasta, literalmente, eliminarlo, aniquilarlo físicamente, como ocurrió con Trotsky, Zinoviev, Kamenev, Bujaron y pare usted de contar, porque fueron millones.

Está por hacerse la historia crítica del chavismo como período de la historia contemporánea de Venezuela y como movimiento político nacional. En esa tarea, por supuesto que habría que registrarse y analizarse los deslindes, debates y controversias en el seno de esa gran postura política que ha dominado nuestra historia nacional durante las dos últimas décadas. Por ejemplo, la confrontación entre la vía electoral y la insurreccional en los años siguientes de 1992. Por supuesto que en el seno del chavismo ha habido y sigue habiendo grandes choques entre posturas diversas. Una de las evidencias de ello, es el cambio del elenco del equipo dirigente, en el gabinete ejecutivo y en las sucesivas direcciones políticas, que no corresponden exactamente al cuerpo dirigente que estipula los estatutos del PSUV. Ha habido desplazamientos, exclusiones, ascensos y descensos, "enroques" e incluso "micropurgas". Por supuesto, el chavismo no llega a las atrocidades del stalinismo clásico, aunque tenga algunos rastros suyos, sobre todo en varios discursos y justificaciones de ciertas decisiones.

Cuando algún historiador crítico escriba ese relato del chavismo "realmente existente", tendría que contar los sucesivos, deslindes, desprendimientos, exclusiones, etc., desde la divergencia de los otros comandantes del MBR-200, pasando por la disidencia (o traición, como se quiera ver) de Miquilena, la exclusión de Baduel, la "micropurgas" de algunos asesores de Maduro, la separación de Giordani y demás exministros, los sucesivos "enroques", las difíciles relaciones entre el factor militar y el civil, resuelto por la reserva del sector económico para generales y coroneles, desde bancos y fabricas hasta la distribución de alimentos, acuerdos en la cúpula cívico-militar facilitados por la transformación de las Fuerzas Armadas en una corporación cuasi-monopólica que controla varias ramas clave de la economía e incluso holdings que actúan hoy en día como parte de las empresas mixtas que harán negocios con las transnacionales en la explotación de la Faja Petrolífera del Orinoco, el Arco Minero y demás negocios extractivistas.

Como cualquiera puede observar, se trata de acuerdos y enfrentamientos entre grupos y tribus de poder, especialmente los civiles y los militares. Muy rara vez se trata de posturas políticas diferentes, respaldadas por posturas teóricas: son repartos del poder y el control de las riquezas del estado. Sólo algunos incidentes pudieran indicar momentos de álgida discusión. Por ejemplo, la explicación acerca del "hiperliderazgo" que dio Chávez en 2008, discutiendo las críticas a la concentración de poder y el surgimiento de una "boliburguesía" hecha por un puñado de intelectuales nacionales y extranjeros. También la vibrante autocrítica titulada "Golpe de Timón", formulada por el propio Chávez a meses de su defunción. En el mismo sentido, de expresión disimulada de diferencias, puede interpretarse esa consulta fallida con los economistas gubernamentales en el comienzo del período de Maduro, que resultó en la negación de ciertas medidas que fueron recomendadas desde 2013 (unificación cambiaria, aumento de la gasolina, privatización de algunas empresas expropiadas en los años anteriores, revisión de algunos precios regulados, renegociación de la deuda externa, etc.); pero también en la salida de figuras, tan importantes años atrás, como Rafael Ramírez que, de presidente de PDVSA, pasó a ser simple embajador. Tal vez (esto es sólo una conjetura posible) esos "movimientos de mata" tienen relación con el "descubrimiento" de distintos negocios corruptos en PDVSA por el nuevo fiscal Tarek W. Saab, así como el silencio (posiblemente, también, concertado) que la anterior fiscal tuvo con esos casos. También tienen un olor de "micropurga" la salida del hermano de Ameliach, el exgobernador de Carabobo, de la dirección de Pequiven, una empresa con tantos proyectos como de extraños fracasos. Demás está decir que también tiene un aroma de enfrentamiento de tribus de poder, el reciente incidente con la empresa de alimentos de los CLAP y la "Sala situacional" por una acción represiva del SEBIN, aplaudida por una parte de la base chavista en las redes sociales, y repudiada por el gobernador Lacava, en quien todavía mucha base tiene depositadas sus esperanzas.

Se han publicado algunos desacuerdos en relación a las definiciones económicas. En realidad, los registros del debate en la comisión económica de la ANC lo que evidencian es una escasez de conocimientos económicos en los integrantes y la necesidad de una asesoría masiva, lo cual no puede resolverse sino con la aprobación automática, monolítica, de las leyes presentadas por el Presidente. Luís Britto García y algunos economistas oficialistas han propuesto algunas cosas concretas. Por ejemplo, el autor de "Rajatabla" rechazó la Ley de Protección de la Inversión Extranjera, así como algunos artículos de la actual constitución (vigente hasta nuevo aviso) en cuanto a la sumisión del país a organismos del capital transnacional. Gavazut, por su parte, ha planteado la aprobación de la "propiedad social". Pero todo indica que esas ideas no serán consideradas, porque la prioridad es otra: facilitar los contratos para la explotación de la Franja Petrolífera y el Arco Minero. La reciente Ley sobre el consorcio agroindustrial, no hace más que concentrar el poder en esa área que, seguramente, controlará un militar.

El silenciamiento de la discusión interna, a nombre de una prefabricada "unidad monolítica", en estas circunstancias de crisis, es señal de peligro y de agotamiento del proyecto chavista como tal. Síntoma suficiente es la relevancia de declaraciones stalinistas o simplemente autoritarias como las del inefable Carreño, que incluso ponen en peligro la paciencia de una base chavista que se creyó que con la "Constituyente" el problema económico iba a ser resuelto. Efectivamente, aquí hay una gran ingenuidad, complementada por una bravata autoritaria, que amenaza con castigar cualquier señal de crítica de unas masas que ya no aguantan estar pagando la crisis del modelo rentista, sin salida a la vista.



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Jesús Puerta


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