Salir de la OEA puede ser un error político

"El costo de la salida va a ser mayor que

el costo de dar la pelea adentro".

Samuel Moncada, 04/04/2017

Almagro consagró la OEA al servicio pleno del capital transnacional, el Departamento de Estado y su plan desestabilizador de la región. El ataque brutal y la conjura contra Venezuela no es una obsesión del Secretario General de la OEA, es parte de un plan dirigido a aislar nuestro país del contexto latinoamericano y caribeño, frenar el proceso de integración y destruir la Revolución Bolivariana como referente inédito de cambio político y transformación social. En este momento, salir de la OEA puede ser un error político que facilite este nefasto objetivo.

La Carta de la OEA, que el próximo domingo cumplirá 69 años, fue concebida como instrumento jurídico para construir una arquitectura institucional para la dominación de los pueblos de América Latina y El Caribe. Nació y ha permanecido al servicio de las pretensiones hegemónicas de EEUU luego de la segunda guerra mundial. Este tratado internacional contempla, en su capítulo XXI, de manera sucinta los pasos a seguir para el retiro voluntario de cualquier país miembro de la organización sin que pueda renunciar de inmediato a los controles impuestos por la OEA.

El artículo 143 de la Carta de la OEA contempla que:

I.- La Carta puede ser denunciada por cualquier país miembro.

II.- Dos años después de la denuncia cesan los efectos de la Carta sobre el país.

III- Sólo después de esos dos años el país queda desligado de la OEA.

En Derecho internacional público, la denuncia se concibe como la declaración unilateral mediante la cual un Estado Soberano decide retirar su adhesión a un tratado internacional, renunciando a las obligaciones que derivan de esa relación. Pero, en este caso el tratado establece que sólo después de 2 años se consuma el retiro por efectos de la denuncia. La presión de la OEA y la conjura del plan desestabilizador van a continuar por un mínimo de 2 años.

Venezuela puede presentar, formalmente, la denuncia del Tratado Internacional ante la Secretaria General y retirar su personal de todos los organismos de la OEA y el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y la conjura va a continuar con más libertad y fuerza para lograr su objetivo desestabilizador. Almagro y sus aliados van a encontrar el camino más despejado y empezarán a calibrar y alimentar las consecuencias inmediatas de esta decisión unilateral de Venezuela. Queda en manos de un equipo jurídico descifrar si Venezuela está obligada a una retirada inmediata o si puede permanecer (después de la denuncia) dando la batalla interna durante los 2 años que contempla la norma para legitimar la salida.

Más allá de la formalidad diplomática, es necesario evaluar profundamente las consecuencias políticas de esta decisión en el contexto internacional y el ámbito interno. Estamos obligados a colocar sobre la mesa todas las variables y considerar que:

A.- Se cierra un espacio de comunicación (encuentro y confrontación) con un grupo de países con los cuales mantenemos relaciones bilaterales y que, en su mayoría, forman parte de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños –CELAC- donde puede verse afectada la correlación de fuerzas y frenar el proceso de consolidación administrativa, organizativa y política de este importante organismo de integración concebido bajo la visión y orientación del Presidente Chávez.

B.- Las corporaciones mediáticas proyectaran una distorsionada imagen internacional para presentar a Nicolás Maduro como jefe de un gobierno que no tiene voluntad política para atender la crisis. Recordemos que la realidad venezolana es registrada, diariamente, por todas las misiones diplomáticas acreditadas en Caracas e informada a sus países regularmente con el sesgo que le imponen los medios de comunicación. Esa proyección, en este momento, afectará variables macroeconómicas como el "riesgo país" que repercute en nuestro acceso a fuentes de financiamiento internacional. Se aceleran elementos para que la OEA declare la Emergencia Humanitaria y abra las compuertas para la llamada Injerencia Humanitaria contemplada en el derecho internacional público y ha sido utilizada para intervenciones y destrucción de países.

C.- La estrategia del Departamento de Estado buscará presionar algunos países miembros de la OEA para que retiren sus embajadores y hasta provocar la ruptura de relaciones diplomáticas y profundizar el aislamiento internacional. Todo eso puede ocurrir rápidamente porque está contemplado en los parámetros del "golpe blando".

D.- La presión internacional va a crecer progresiva y rápidamente. La conjura contra Venezuela desatará la voracidad del capital transnacional para colocar sus garras sobre nuestras reservas petroleras y mineras. Recordemos que la Revolución Bolivariana enfrenta una contraofensiva de dimensión internacional.

Por todas estas razones consideramos que, en este momento, salir de la OEA puede convertirse en un error político aunque lo entendemos como una necesidad que debemos resolver en otro momento y otro contexto político. Cuando las condiciones nos permitan ejecutar esta decisión como parte de una ofensiva política y no porque nos pretendan colocar a la defensiva.

Por otro lado, es prudente recordar que una de las fortalezas de la elite política que conforma la oposición venezolana es el apoyo externo con el objetivo esencial de aislar nuestro país del contexto internacional. A eso debemos responder con mucha serenidad política y mucha audacia diplomática.



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Darío Morandy


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