¿Diosdado, generoso?

Resulta complicado para un opinador, como yo, comprometido con un proceso revolucionario, abordar un tema como la generosidad, partiendo de un líder como lo es Diosdado Cabello Rondón. No es fácil, para mí, esta tarea. Voy a recibir lo mío de parte y parte, dependiendo a quién le guste o le disguste mi opinión. Pero me debo a mí mismo, en primer lugar. No puedo limitarme a mí mismo. Tengo mi frontera, pero de igual manera, tengo un compromiso con quienes me leen, sean revolucionarios o no. Estén en el país o en el exterior. Da igual. Muchos de mis lectores son de oposición, pero algunos me respetan como periodista, pero más como persona. Son respetuosos en sus críticas. Otros son inaguantables, por la poca tolerancia que tienen. Pero yo los comprendo, y se debo responderles, lo hago con altura. Pero es el precio que tenemos que pagar quienes tratamos de decir lo que creemos que es verdad. "Atacarás lo que no te satisfaga, y así, no te darás cuenta de que fuiste tú mismo quien lo inventó. Tu batalla es siempre con las ilusiones. Pues la verdad que yace tras ellas es tan hermosa y tan serena… La verdad jamás puede ser atacada… La verdad y la pequeñez se niegan mutuamente porque la grandeza es verdad. La verdad no cambia; siempre es verdad…". (Un curso de milagros).

Pero, acaso, ¿sabemos qué es la verdad? Pienso que cada quien tiene su idea acerca de la verdad. Sin embargo, se me ocurre refrescar la memoria: la verdad se basa en la conformidad entre lo que una persona manifiesta y lo que experimentado, piense o siente… Es decir, lo que es correspondiente entre lo que pensamos o sabemos con la realidad. La verdad, es lo cierto, lo certero, lo irrebatible. Pero también existen las verdades absolutas. Son aquellas ideas o preposiciones que son ciertas para todas las culturas y en todos los tiempos. O son absolutamente ciertas o absolutamente falsas. No hay medias tintas. "Por la verdad murió Cristo", o "la verdad nos hará libre". Son frases lapidarias. En mi caso, yo pienso que estoy en mi verdad. Pero no estoy absolutamente seguro. No es una preposición absoluta, por lo tanto podría estar también en una absoluta falsedad. Pero me la juego.

Pienso que Diosdado Cabello es una persona generosa. A pesar de su cara dura, o mejor dicho, de su máscara dura. En el mundo político se le tiene como el "niño malo de la película". Reitero es pura apariencia. Tal vez la vida, y los azares políticos lo han hecho endurecer su rostro, y sus palabras salen buscando la confrontación. Pero hasta allí. Eso es lo que pienso. Voy a contarles algo que podría no gustarle al propio Diosdado, o a sus enemigos políticos, pero uno tiene que soltar lo que tiene metido entre ceja y ceja, y no archivar lo que después ha de lamentar. Se trata de una pequeña historia.

Una vez escribí un artículo en Aporrea dirigido a Diosdado. El título lo denunciaba todo: "Diosdado: El Porteñazo existió". En el contenido le decía que conforme había habido un 7 de noviembre, un 27 de noviembre y un 4 de febrero, igualmente habían existidos: El Carupanazo y El Porteñazo. Y él nunca llegaba, en sus comentarios, hasta nosotros. Tal vez por olvido. A él le llegó, de alguna manera, mi "reclamo". Y me envió un correo, donde aceptaba el error involuntario, pero que él se encargaría de enmendar la cuestión. Y así lo hizo. En su siguiente programa "Con el mazo dando", se refirió a mi planteamiento, y habló de los dos movimientos acaecidos el 4 de mayo y el 2 de junio de 1962. Esa acción del primer vicepresidente del PUSV, cayó muy bien entre los sobrevivientes de ambos hechos históricos. Cumplió y fue más allá de lo que nosotros esperábamos.

La historia sigue. En un próximo correo me pidió mi teléfono. Hasta ese momento yo desconocía que estaba tratando con el mismo Diosdado. Pensé que era alguien de su equipo. Envié mi teléfono, y cuál no sería mi sorpresa cuando repicó mi celular y al otro lado sonó una voz: "Es Diosdado". Yo no lo podía creer. Me dijo que me cuidara y que me llevaría un frasco de remedio a Ciudad Bolívar, donde haría su programa. Es decir, sabía que yo padecía de cáncer. Dicho y hecho. Me volvió a llamar y me dijo: "El gobernador te hará llegar el remedio", y me explicó cómo debía tomarlo. Dos días después tenía en mis manos el frasco. Había sido trasladado en una cava plástica, pues, el remedio debía mantenerse refrigerado.

¿Cómo se puede llamar esa acción de Diosdado Cabello? No se me ocurre otra que calificarla como un acto generoso. Si es un acto generoso, es porque él es una persona generosa. Eso lo pienso yo. No tiene nada que ver con usted. Vale, entonces, respetarnos y tolerarnos. Y buscar la verdad. ¿Qué es ser generoso? Sin buscar en internet. Generoso es aquella persona que comparte con el otro. Que siente el padecer del otro. Es aquella persona que, como mi amigo Gabriel Garrido, de Barquisimeto, quien con tan sólo conocerme por Aporrea, a través de leer mis artículos, me envía el Mantra de Buda de la curación, con el objeto de que me ayude en mi enfermedad. Fue eso lo que también hizo Diosdado, al enviarme un remedio, sin habérselo pedido, y sin conocernos personalmente. Ser generoso es ayudar a los demás, sin esperar nada de ellos. La generosidad es un acto de fe. Pues, a través de ella se afianza la creencia en Dios. La generosidad permite acercar a la gente, a sentirla y amarla. La generosidad une, así medie la distancia, los mares y los ríos; y así estén por medio diferencias ideológicas o partidistas. La generosidad brota del corazón. Y más nada.

Teófilo Santaella: periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la isla del Burro, en la década de los 60.

teofilo_santaella@yahoo.com



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

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